lunes, 8 de agosto de 2011

César y El origen del Planeta de los Simios:

Como si de una vuelta hacia atrás en el tiempo, lo mismo que, en su día, provocó  la película originaria, El Planeta de los Simios, la precuela recién estrenada tiene algunos elementos que se pueden comentar.
Algunos elementos de la película:
- el mito de Urano, Cronos y Zeus: de nuevo volvemos a encontrarnos con uno de los temas míticos por excelencia, el de la lucha por la sucesión en el poder. En la sucesión mítica griega esta lucha se va produciendo recién nacidos los hijos y casi sin período de crianza. Quizás así podríamos entender la primera exterminación de los primeros simios en el laboratorio. En un segundo momento, y como en  todas las sagas míticas, desde Zeus y Edipo hasta  Rómulo y Remo (aquí se da lo contrario, unos humanos crían a un animal) y otros, en la película un simio recién nacido es también salvado en el último momento de las garras del poder y criado a escondidas.
- la profecía: Siempre tenemos la advertencia de ese oráculo según el cual "el hijo arrebatará el poder al padre", pero en la película esta profecía ya la sabenmos casi todos los que la vamos a ver y conocemosla historia. Sin embargo, a pesar de esto, la atmósfera creciente de que esa sucesión va a pasar de un momento a otro va creando la tensión suficiente en el espectador, que asiste, como en una buena tragedia, a un desenlace  conocido pero angustioso y dramático.
- Prometeo: otra vez nos encontramos al nuevo Prometeo, al ser humano jugando a modelar o crear otras nuevas criaturas a su imagen y semejanza. Como el titán Prometeo, que roba el fuego para dárselo a la humanidad en precario, aquí el científico (como en el doctor Frankestein) entrega ese rayo de luz y energía a los simios en forma de fármaco. El fármaco potenciará la inteligencia el simio y lo hará superior al propio ser humano que lo creó.
 Por otro lado, dejando estos temas que se repiten en los mitos, a poco de comenzar la película vemos la ceremonia clásica romana de reconocimiento de un recién nacido en la familia por parte del pater familias. Así, el rito de recoger al recién nacido y cogerlo en brazos (tollere) se ve al poco de llegar el simio recién nacido al hogar del científico Will Rodman (James Franco).(Quizás no sea más que un gesto normal, sin esa referencia, pero lo mencionamos de todas formas).
Y por último, para añadir un toque más clásico y romano a estas referencias clásicas, al pequeño chimpancé lo bautizan con el nombre de César.

martes, 2 de agosto de 2011

"Cuartos cerrados", tablillas y arqueología en Agatha Christie: Asesinato en Mesopotamia

La famosa escritora de novelas policíacas Agatha Christie utilizó este recurso, el del "cuarto cerrado", muy propio de la novela de intriga, en esta novela titulada Asesinato en Mesopotamia.
No diremos, está claro, quién fue el asesino. Lo que sí señalamos es el recurso del "cuarto cerrado" que aparece en la novela. Se ha cometido un crimen en una habitación y el problema está en averiguar cómo se pudo entrar en ella, estando los accesos a la misma vigilados y no pudiendo acceder porningún sitio sin ser visto, aparentemente.
Éste es un recurso clásico y casi patentado por la novela de intriga y misterio (cf, El misterio del cuarto amarillo), aunque también puede tener algún antecedente clásico (cf. el Tesoro de Rampsinito, en las Historias de Herodoto)
La arqueología como tema literario: De todas formas, interesa en la novela otra cosa, el ambiente de una excavación arqueológica en Irak. La acción se sitúa en Hassanieh, en el Tell Yarimjah, cerca de Mosul, nada menos que en lla excavación del palacio de Nínive. La arqueología aparece como elemento literario y, además, de intriga policíaca.
Tampoco es de extrañar, pues ya desde los comienzos de esta disciplina, sus descubrimientos han estado casi siempre rodeados de cierto romanticismo, cuando no se han producido acontecimientos de lo más novelescos e intrigantes (la tumba de Tutankhamon, Troya o Machu-Pichu).
La arqueología desde el punto de vista de una simple aficionada: lo curioso de la novela es el enfoque que le da a la excavación y al mundo de la arqueología la narradora y protagonista principal de la novela, una enfermera llamada Amy Leatheran. En muchos aspectos, coincide con la primera impresión que nos producen la visión de los restos arqueológicos, en estado ruinoso, fragmentados, reducidos los antiguos edificios a poco más que escombros. Sin embargo, la escritora hace contrastar la visión decepcionada de la enfermera con la más o menos apasionada de los arqueólogos, que la van guiando por sus trabajos una vez se presenta  ella en la excavación.
Las tablillas: especial atención tienen las tablillas. Hay que recordar que la fuente principal del griego micénico está en tablillas de barro. En la obra se trata de tablillas supuestamente encontradas en los archivos del palacio de Nínive, como se señala al inicio de la obra. Sin embargo, nada se dice de forma directa. De hecho, uno de los personajes, el filólogo, se aburre porque no tiene trabajo que hacer ni textos que descifrar.
Esto último contrasta con la realidad arqueológica. Uno de los hallazgos arqueológicos más importantes en Nínive es la biblioteca de Assurbanipal, con muchísimas tablillas en sumerio y acadio sobre leyes, astrología y otras materias. El Poema de Gilgamesh también fue encontrado aquí.
Los primeros ejercicios escolares: En la novela la propia enfermera tiene en sus manos estas tablillas, muy antiguas, probablemente los primeros testimonios de la escritura (cuneiforme, como señala más adelante) en esa zona y en la cultura de la humanidad.
Llama la atención el detalle de unas tablillas que le presentan a la enfermera Son unas tablillas, de las primeras en la humanidad, que reflejan simple y llanamente ejercicios escolares de alumnos para aprender la práctica de la escritura. (Quizá algunas como éstas desaparecieron tras el saqueo del Museo de Bagdad en la guuera de Irak)

En fin, la sra. Christie conocía muy bien el ambiente de las excavaciones, pues es sabido que su segundo marido fue arqueólogo, y ella lo acompañó en multitud de ocasiones, aunque, sgún dice, para trabajos de ayuda e intendencia. Sin embargo, es curioso ver como detalla en esta novelita aspectos interesantes de las excavaciones, el contraste entre la visión decepcionada de una aficionada y el austero ambiente científico, y, especialmente, el detalle que hace al presentarnos a estas tablillas de barro de ejercicios escolares, primeras actividades colegiales, allá en los principios de la humanidad y vinculada al nuevo mundo de la escritura.

Captatio benevolentiae: como en muchísimas obras antiguas y modernas, la novela utiliza el recurso de captar la atención del lector al inicio de la novela. Así, un personaje, el doctor Reilly,  le pide a otro, la enfermera protagonista, que cuente la historia porque estuvo presente en los acontecimientos y confía en su capacidad. De esta forma se consigue atraer la atención al principio de la obra emplendo un recurso literario conocido.

Enlaces: aquí se puede leer la novela, aunque no de forma seguida.
En cine se puede ver esta versión de la novela, sacada de en una serie de películas sobre las novelas de A. Christie.


jueves, 28 de julio de 2011

Polifemo, una versión del mito clásico según A. Palacio Valdés

En el reciente XIII Congreso de la Sociedad de estudios Clásicos, celebrado en Logroño la semana pasada, hubo un auténtico aluvión, un tsunami diríamos, de charlas, comunicaciones, ponencias, intervenciones varias, aclaraciones, debates, en fin, una verdadera orgía de exposiciones sobre los distintos campos que abarca, y cada vez abarca más, la Filología Clásica y el mundo de la antigüedad.
Una de las secciones más animadas por sus temas y comunicaciones, era la de Tradición Clásica. Allí se podía encontrar exposiciones que iban de la novela fantástica anglosajona (El Señor de los Anillos) hasta la novela policíaca española de F. García Pavón, todo, claro está, relacionado con el mundo clásico y sus referentes.
Una de las exposiciones estuvo dedicada a los cuentos de A. Palacio Valdés, especialmente a uno de ellos, Polifemo, del que aquí dejamos una versión Es un breve relato que enfrenta a un personaje temible y severo, apodado Polifemo, con el mundo inocente y temeroso de los niños vecinos.
Puede tener también relación con otro famoso relato de Oscar Wilde y, llevando las cosas al cine y estirando la relación, con la película Matar a un ruiseñor, basada en la novela del mismo título de Harper Lee.
De momento dejamos aquí el breve relato de Palacio Valdés.

Polifemo



El coronel Toledano, por mal nombre Polifemo, era un hombre feroz, que gastaba levita larga, pantalón de cuadros y sombrero de copa de alas anchurosas, reviradas; de estatura gigantesca, paso rígido, imponente; enormes bigotes blancos, voz de trueno y corazón de bronce. Pero aun más que esto, infundía pavor y grima la mirada torva, sedienta de sangre, de su ojo único. El coronel era tuerto. En la guerra de África había dado muerte a muchísimos moros, y se había gozado en arrancarles las entrañas aún palpitantes. Esto creíamos al menos ciegamente todos los chicos que al salir de la escuela íbamos a jugar al parque de San Francisco, en la muy noble y heroica ciudad de Oviedo.

Por allí paseaba también metódicamente los días claros, de doce a dos de la tarde, el implacable guerrero. Desde muy lejos columbrábamos entre los árboles su arrogante figura que infundía espanto en nuestros infantiles corazones; y cuando no, escuchábamos su voz fragorosa, resonando entre el follaje como un torrente que se despeña.

El coronel era sordo también, y no podía hablar sino a gritos.

_Voy a comunicarle a usted un secreto _decía a cualquiera que le acompañase en el paseo_. Mi sobrina Jacinta no quiere casarse con el chico de Navarrete.

Y de este secreto se enteraban cuantos se hallasen a doscientos pasos en redondo.

Paseaba generalmente solo; pero cuando algún amigo se acercaba, hallábalo propicio. Quizás aceptase de buen grado la compañía por tener ocasión de abrir el odre donde guardaba aprisionada su voz potente. Lo cierto es que cuando tenía interlocutor, el parque de San Francisco se estremecía. No era ya un paseo público; entraba en los dominios exclusivos del coronel. El gorjeo de los pájaros, el susurro del viento y el dulce murmurar de las fuentes, todo callaba. No se oía más que el grito imperativo, autoritario, severo, del guerrero de África. De tal modo, que el clérigo que lo acompañaba a tal hora, sólo algunos clérigos acostumbraban a pasear por el parque, parecía estar allí únicamente para abrir, ahora uno, después otro, todos los registros que la voz del coronel poseía. ¡Cuántas veces, oyendo aquellos gritos terribles, fragorosos; viendo su ademán airado y su ojo encendido, pensamos que iba a arrojarse sobre el desgraciado sacerdote que había tenido la imprevisión de acercarse a él!

Este hombre pavoroso tenía un sobrino de ocho o diez años, como nosotros. ¡Desdichado! No podíamos verle en el paseo sin sentir hacia él compasión infinita. Andando el tiempo he visto a un domador de fieras introducir un cordero en la jaula del león. Tal impresión me produjo, como la de Gasparito Toledano paseando con su tío. No entendíamos cómo aquel infeliz muchacho podía conservar el apetito y desempeñar regularmente sus funciones vitales, cómo no enfermaba del corazón o moría consumido por una fiebre lenta. Si transcurrían algunos días sin que apareciese por el parque, la misma duda agitaba nuestros corazones. “¿Se lo habrá merendado ya?” Y cuando al cabo lo hallábamos sano y salvo en cualquier sitio, experimentábamos a la par sorpresa y consuelo. Pero estábamos seguros de que un día u otro concluiría por ser víctima de algún capricho sanguinario de Polifemo.

Lo raro del caso era que Gasparito no ofrecía en su rostro vivaracho aquellos signos de terror y abatimiento, que debían ser los únicos en él impresos. Al contrario, brillaba constantemente en sus ojos una alegría cordial que nos dejaba estupefactos. Cuando iba con su tío, marchaba con la mayor soltura, sonriente, feliz, brincando unas veces, otras compasadamente, llegando su audacia o su inocencia hasta hacernos muecas a espaldas de él. Nos causaba el mismo efecto angustioso que si le viésemos bailar sobre la flecha de la torre de la catedral. “¡Gaspaar!” El aire vibraba y transmitía aquel bramido a los confines del paseo. A nadie de los que allí estábamos nos quedaba el color entero. Sólo Gasparito atendía como si le llamase una sirena. “¿Qué quiere usted, tío?” Y venía hacia él ejecutando algún paso de baile.

Además de este sobrino, el monstruo era poseedor de un perro que debía de vivir en la misma infelicidad, aunque tampoco lo parecía. Era un hermoso danés, de color azulado, grande, suelto, vigoroso, que respondía por el nombre de “Muley”, en recuerdo sin duda de algún moro infeliz sacrificado por su amo. El “Muley”, como Gasparito, vivía en poder de Polifemo lo mismo que en el regazo de una odalisca. Gracioso, juguetón, campechano, incapaz de falsía, era, sin ofender a nadie, el perro menos espantadizo y más tratable de cuantos he conocido en mi vida.

Con estas partes no es milagro que todos los chicos estuviésemos prendados de él. Siempre que era posible hacerlo, sin peligro de que el coronel lo advirtiese, nos disputábamos el honor de regalarle con pan, bizcocho, queso y otras golosinas que nuestras mamas nos daban para merendar. El “Muley” lo aceptaba todo con fingido regocijo, y nos daba muestras inequívocas de simpatía y reconocimiento. Mas a fin de que se vea hasta qué punto eran nobles y desinteresados los sentimientos de este memorable can, y para que sirva de ejemplo perdurable a perros y hombres, diré que no mostraba más afecto a quien más le regalaba. Solía jugar con nosotros algunas veces (en provincias, y en aquel tiempo, entre los niños no existían clases sociales) un pobrecito hospiciano llamado Andrés, que nada podía darle, porque nada tenía. Pues bien, las preferencias de “.Muley” estaban por él. Los rabotazos más vivos, las carocas más subidas y vehementes a él se consagraban, en menoscabo de los demás. ¡Qué ejemplo para cualquier diputado de la mayoría!

¿Adivinaba el “Muley” que aquel niño desvalido, siempre silencioso y triste, necesitaba más de su cariño que nosotros? Lo ignoro; pero así parecería serlo.

Por su parte, Andresito había llegado a concebir una verdadera pasión por este animal. Cuando nos hallábamos jugando en lo más alto del parque al marro o a las chapas, y se presentaba por allí de improviso el “Muley”, ya se sabía, llamaba aparte a Andresito, y se entretenía con él largo rato, como si tuviera que comunicarle algún secreto. La silueta colosal de Polifemo se columbraba allá entre los árboles.

Pero estas entrevistas rápidas y llenas de zozobra fueron sabiéndole a poco al hospiciano. Como un verdadero enamorado, ansiaba disfrutar de la presencia de su ídolo largo rato y a solas.

Por eso una tarde, con osadía increíble, se llevó en presencia nuestra el perro hasta el Hospicio, como en Oviedo se denomina la Inclusa, y no volvió hasta el cabo de una hora. Venía radiante de dicha. El “Muley” parecía también satisfechísimo. Por fortuna, el coronel aún no se había ido del paseo ni advirtió la deserción de su perro.

Repitiéronse una tarde y otra tales escapatorias. La amistad de Andresito y “Muley” se iba consolidando. Andresito no hubiera vacilado en dar su vida por el “Muley”. Si la ocasión se presentase, seguro estoy de que éste no sería menos.

Pero aún no estaba contento el hospiciano. En su mente germinó la idea de llevarse el “Muley” a dormir con él a la Inclusa. Como ayudante que era del cocinero, dormía en uno de los corredores, al lado del cuarto de éste, en un jergón fementido de hoja de maíz. Una tarde condujo el perro al Hospicio y no volvió. ¡Qué noche deliciosa para el desgraciado! No había sentido en su vida otras caricias que las del “Muley”. Los maestros primero, el cocinero después, le habían hablado siempre con el látigo en la mano. Durmieron abrazados como dos novios. Allá al amanecer, el niño sintió el escozor de un palo que el cocinero le había dado en la espalda la tarde anterior. Se despojó de la camisa:

_Mira, “Muley” _dijo en voz baja mostrándole el cardenal.

El perro, más compasivo que el hombre, lamió su carne amoratada.

Luego que abrieron las puertas lo soltó. El “Muley” corrió a casa de su dueño; pero a la tarde ya estaba en el parque dispuesto a seguir a Andresito. Volvieron a dormir juntos aquella noche, y la siguiente, y la otra también. Pero la dicha es breve en este mundo. Andresito era feliz al borde de una sima.



Una tarde, hallándonos todos en apretado grupo jugando a los botones, oímos detrás algo como dos formidables estampidos:

_¡Alto! ¡Alto!

Todas las cabezas se volvieron como movidas por un resorte. Frente a nosotros se alzaba la talla ciclópea del coronel Toledano.

_¿Quién de vosotros es el pilluelo que secuestra mi perro todas las noches, vamos a ver?

Silencio sepulcral en la asamblea, i El terror nos tiene clavados, rígidos, 'como si fuéramos de palo.

Otra vez sonó la trompeta del juicio final.

_¿Quién es el secuestrador? ¿Quién es el bandido? ¿Quién es el miserable ladrón... ?

El ojo ardiente de Polifemo nos devoraba a uno en pos de otro. El “Muley, que le acompañaba, nos miraba también con los suyos, leales, inocentes, y movía el rabo vertiginosamente en señal de gran inquietud.

Entonces Andresito, más pálido que la cera, adelantó un paso, y dijo:

_No culpe a nadie, señor. Yo he sido.

_¿Cómo?

_Que he sido yo _repitió el chico en voz más alta.

_¡Hola! ¡Has sido tú! _dijo el coronel sonriendo ferozmente_. ¿Y tú no sabes a quién pertenece este perro?

Andresito permaneció mudo.

_¿No sabes de quién es? _volvió a preguntar a grandes gritos. _Sí, señor. _¿Cómo... ? Habla más alto.

Y se ponía la mano en la oreja para reforzar su pabellón.

_Que sí, señor.

_¿De quién es, vamos a ver?

_Del señor Polifemo.

Cerré los ojos. Creo que mis compañeros debieron hacer otro tanto.

Cuando los abrí, pensé que Andresito estaría ya borrado del libro de los vivos. No fue así, por fortuna. El coronel lo miraba fijamente, con más curiosidad que cólera.

_¿Y por qué te lo llevas?

_Porque es mi amigo y me quiere _dijo el niño con voz firme.

El coronel volvió a mirarlo fijamente.

_Está bien _dijo al cabo_. ¡Pues cuidado con que otra vez te lo lleves! Si lo haces, ten por seguro que te arranco las orejas.

Y giró majestuosamente sobre los talones. Pero antes de dar un paso se llevó la mano al chaleco, sacó una moneda de medio duro, y dijo volviéndose hacia él:

_Toma, guárdatelo para dulces. ¡Pero cuidado con que vuelvas a secuestrar al perro! ¡Cuidado!

Y se alejó. A los cuatro o cinco pasos ocurriósele volver la cabeza.

Andresito había dejado caer la moneda al suelo, y sollozaba, tapándose la cara con las manos. El coronel se volvió rápidamente.

_¿Estás llorando? ¿Por qué? No llores, hijo mío.

_Porque lo quiero mucho... Porque es el único que me quiere en el mundo _gimió Andrés.

_¿Pues de quién eres hijo? _preguntó el coronel sorprendido.

_Soy de la Inclusa.

_¿Cómo? _gritó Polifemo.

_Soy hospiciano.

Entonces vimos al coronel demudarse. Abalanzóse al niño, le separó las manos de la cara, le enjugó las lágrimas con su pañuelo, lo abrazó. y lo besó, repitiendo con agitación:

_¡Perdona, hijo mío, perdona! No hagas caso de lo que te he dicho... Yo no lo sabía...Llévate el perro cuando se te antoje... Tenlo contigo el tiempo que quieras, ¿sabes...? Todo el tiempo que quieras...

Y después que lo hubo serenado con estas y otras razones, proferidas con un registro de voz que nosotros no sospechábamos en él, se fue de nuevo al paseo, volviéndose repetidas veces para gritarle:

_Puedes llevártelo cuando quieras, sabes, ¿hijo mío...? Cuando quieras. .. ¿lo oyes?

Dios me perdone, pero juraría haber visto una lágrima en el ojo sangriento de Polifemo.

(Tomado de http://www.jesusfelipe.es/palaciovaldes.htm)
Aquí también hay unas actividades: http://asensio-estrellasfugaces-asensio.blogspot.com/2011/02/2-e-eso-el-cuento-de-la-semana-polifemo.html

jueves, 14 de julio de 2011

miércoles, 13 de julio de 2011

Teseo y el Minotauro

Del blog Hellenika, siempre agradecido, aquí dejamos estos vídeos.
De Teseo y el Minotauro.

Age of Heroes : Theseus and the Minotaur from Firestep Films on Vimeo.

Otro del mismo tema:

Vida d'Asterió, anomenat Minotaure from pepon meneses on Vimeo.

Sobre Ícaro:

ICARUS from Mayki on Vimeo.

Troya en versión televisiva

Tomado de la página de culturaclasica.com, aquí dejamos los dos vídeos de Troya, serie televisiva inspirada en la famosa guerra. Aunque le falta algo de ritmo, tiene la ventaja de ser más fiel que otras versiones a la historia troyana.



Y la segunda parte.

miércoles, 22 de junio de 2011

Rampsinito y el enigma del cuarto cerrado

Sobre el tema del enigma (o misterio, crimen) del cuarto cerrado se han construido numerosas obras literarias. Casi todas pertenecen al género de intriga y misterio. Suele afirmarse que los primeros que emplean este recurso son E. A. Poe y G. Lerroux, en sus obras Los crímenes de la calle de la Morgue y El misterio del cuarto amarillo.
Abusando algo de la imaginación, nos vino a la mente la historia del tesoro de Rampsinito, del historiador Herodoto, en el s.V aC. Es un relato con fines de entretenimiento, surgido del cuento popular. Sin embargo, por buscar un antecedente a este tema del "cuarto cerrado" propio de la novela de intriga, quizás podíamos encontrarlo en esta pequeña y amena narración del historiador, insertada en el amplio marco de su libro dedicado a Egipto.
Dejamos una versión de la historia extraída de aquí, donde está la obra completa. El autor de la traducción, Bartolomé Pou, vivió en el siglo XVIII y la versión responde a los usos de esa época.

HISTORIA DE RAMPSINITO (HERODOTO, LOS NUEVE LIBROS DE LA HISTORIA)
CXXI. A Protéo, según los sacerdotes, sucedió Rampsinito[92], quien dejó como monumentos de su reinado los propileos que se ven en el templo de Vulcano a la parte de Poniente, y dos estatuas delante de ellos erigidas, de 25 codos de altura, de las cuales la que mira al Mediodía la llaman los egipcios el Invierno, y la que mira al Norte el Verano, adorando y venerando a ésta con mucho respecto, al contrario de lo que hacen con la primera. Cuéntase de este rey un caso singular[93]. Poseyendo tantos tesoros en plata, cuales ninguno de los reyes que le sucedieron llegó a reunirlos, no digo mayores, pero ni aun iguales, y queriendo poner en seguro tanta riqueza, mandó fabricar de piedra un erario, de cuyas paredes exteriores una daba afuera de palacio. En esta el artífice de la fábrica, con dañada intención, dispuso una oculta trampa, colocando una de las piedras en tal disposición, que quedase fácilmente levadiza con la fuerza de dos hombres o con la de uno solo. Acabada la fábrica, atesoró en ella el rey sus inmensas riquezas. Corriendo el tiempo, y viéndose ya el arquitecto al fin de sus días, llamó a sus hijos, que eran dos, y les declaró que, deseoso de su felicidad, tenía concertadas de antemano sus medidas para que les sobrara el dinero y pudieran vivir en grande opulencia, pues, con esta mira había preparado un artificio en la casa del tesoro que para el rey edificó: dioles en seguida razón puntual del modo como se podría remover la piedra levadiza, con la medida de la misma, añadiendo que si se aprovechaban del aviso serían ellos los tesoreros del erario y los dueños de las riquezas del rey. Muerto el arquitecto, no vieron sus hijos la hora de empezar: venida la noche, van a palacio, hallan en el edificio aquella piedra filosofal, la retiran de su lugar como con un juego de manos, y entrando en el erario, vuelven a su casa bien provistos de dinero. Quiso la negra suerte que por entonces al rey le viniese el deseo de visitar su erario, abierto el cual, al ver sus arcas menguadas, quedó pasmado y confuso sin saber contra quién volver sus sospechas, pues al entrar, había hallado enteros los sellos en la puerta y ésta bien cerrada. Segunda y tercera vez tornó a abrir y registrar su erario, y otras tantas veces fue echando menos su dinero; pues a fe no eran los ladrones tan desinteresados que supieran irse a la mano en repetir sus tientos al tesoro. Entonces el rey urdió, dicen, una trampa, mandando hacer unos lazos y armárselos allí mismo junto a las arcas donde estaba el dinero. Vuelven a la presa los ladrones como las moscas a la miel, y apenas entra uno y se acerca a las arcas, cuando queda cogido en la trampa. No bien se sintió caído en el lazo, conociendo el trance en que se había metido, llama luego a su hermano, dícele su estado, y pídele que entre al momento y que de un golpe le corte la cabeza; no sea, añadía, que pierdas la tuya si quedando aquí la mía, soy por ella descubierto y conocido. Al otro parecióle bien el aviso; y así entró e hizo puntualmente lo que se le decía, y vuelta la piedra movediza a su lugar, fuese a casa con la cabeza de su hermano. Apenas amanece entra de nuevo el rey en su erario, ve en su lazo al ladrón con la cabeza cortada, el edificio entero y en todo él rastro ninguno de entrada ni de salida, y quédase mucho más confuso y como fuera de sí. Para salir de suspensión, añaden que tomó el expediente de mandar colgar del muro el cuerpo decapitado del ladrón, y poner centinelas con orden de prender y presentarle cualquier persona que vieran llorar o mostrar compasión a vista del cadáver. En tanto que éste pendía, la madre del ladrón, que moría de pena y dolor, hablando al hijo que le quedaba, le mandó que procurase por todos medios hallar modo como descolgar el cuerpo de su hermano y llevárselo a su casa; y que cuidara bien del éxito, y entendiera que en otro caso ella misma se presentaría al rey y sabría revelarle que él era y no otro el que metía mano en sus tesoros. El hijo, en vista de las importunaciones de su madre, quien no le dejara respirar con sus instancias ni se persuadía de las razones que aquél alegaba, arbitró, según dicen, un medio ingenioso: busca luego y adereza unos juramentos, llena de vino sus odres, y cargando con ellos la recua, sale tras de ella de su casa. Al llegar cerca de los que guardaban el cadáver colgado, él mismo quita las ataduras de dos o tres pezoncillos que tenían los odres, y al punto empieza el vino a correr y él a levantar las manos, a golpearse la frente, a gritar como desesperado y aturdido sin saber a qué pellejo acudir primero. A la vista de tanto vino, los guardas del muerto corren luego al camino armados con sus vasijas, aplicándose a porfía a recoger el caldo que se iba derramando, y no queriendo perder el buen lance que les ofrecía la suerte. Al principio fingióse irritado el arriero, llenando de improperios a los guardas; pero poco a poco pareció calmarse con sus razones y volver en sí de su cólera y enojo, terminando, en fin, por sacar los jumentos del camino y ponerse a componer y ajustar sus pellejos. En esto íbase alargando entre ellos la plática; y uno de los guardas, no sé con qué donaire, hizo que el arriero riera de tan buena gana que recibió por regalo uno de sus pellejos. Al verse ellos con un odre delante, tendidos a la redonda, piensan luego en darse un buen rato, y convidan a su bienhechor para que se quede con ellos y les haga compañía. No se hizo mucho de rogar el arriero, el cual, habiéndose llevado los brindis y los aplausos de todos en la borrachera, dióles poco después con generosidad un segundo pellejo. Con esto, los guardas, empinando a discreción, convertidos en toneles y vencidos luego del sueño, quedaron tendidas a la larga donde la borrachera les cogió. Bien entrada ya la noche, no contento el ladrón con descolgar el cuerpo de su hermano, púsose muy despacio a rasurar por mofa y escarnio a los guardas, rapándoles la mejilla derecha, y cargando después el cadáver en uno de sus jumentos, y cumplidas las órdenes de su madre, se retiró. Muchos fueron los extremos de sentimiento que el rey hizo al dársele parte do que había sido robado el cadáver del ladrón; pero empeñado más que nunca en averiguar quién hubiese sido el que así se burlaba de él, tomó a lo que cuentan una resolución que en verdad no se me hace creíble, cual es la de mandar a una hija suya que se prostituyera en el lupanar público, presta a cuantos la brindasen, pero que antes obligara a cada galán a darle parte de la mayor astucia y del atentado, mayor que en sus días hubiese cometido; con orden de que si alguno le refiriese el del ladrón decapitado y descolgado, lo detuvieran al instante sin dejarla escapar ni salir afuera. Empezó la hija a poner por obra el mandato de su padre, y entendiendo el ladrón el misterio y la mira con que todo se hacía, y queriendo dar una nueva muestra de cuánto excedía al rey en astuto y taimado, imaginé una traza bien singular, pues cortando el brazo entero a un hombre recién muerto, fuese con él bien cubierto bajo sus vestidos, y de este modo entró a visitar a la princesa cortesana, hácelo ésta la misma pregunta que solía a los denlas, y él contesta abiertamente la verdad: que la más atroz de sus maldades había sido la de cortar la cabeza a su mismo hermano, cogido en el lazo real dentro del erario, y el más astuto de los ardides haber embriagado a los guardias con el vino, logrando así descolgar el cadáver de su hermano. Al oír esto, agarra luego la princesa al ladrón; mas éste, aprovechándose de la oscuridad, le alargaba el brazo amputado que traía oculto, el cual ella aprieta fuertemente creyendo tener cogido al ladrón por la mano, mientras éste, dejando el brazo muerto sale por la puerta volando. Informado del caso y de la nunca vista sagacidad y audacia de aquel hombre, queda de nuevo el rey confuso y pasmado. Finalmente, envía un bando a todas las ciudades de sus dominios mandando que en ellas se publicase, por el cual no sólo perdonaba al ladrón ofreciéndole impunidad, sino que le prometía grandes premios, con tal que se le presentara y descubriese. Con este salvo conducto, llevado de la esperanza del galardón, presentóse el ladrón al rey Rampsinito, quien dice quedó tan maravillado y aun prendado de su astucia, que como al hombre más despierto y entendido del universo le dio su misma hija por esposa, viendo que entre los egipcios, los más ladinos de los hombres, era el más astuto de todos.
NOTA: en esta dirección también se puede consultar y ampliar la información sobre la novela de intriga y sus antecedentes.

martes, 21 de junio de 2011

Baudolino

Sería imposible hablar y comentar cualquier cosa de las que aparecen en Baudolino, la novela de Umberto Eco. Como gran especialista de la Edad Media que es, su libro es un compendio general de esta época de la cultura europea, en gran parte olvidada y difícil de seguir por lo fragmentado de la situación política de entonces. Sin embargo, podemos ir comentando pequeñas cosas que nos han aparecido a lo largo de su lectura.

Hipatia: la tristemente célebre Hipatia de Alejandría tiene una transformación en la obra de Eco. De ser un personaje singular y muy conocido, entre otras cosas, por las circunstancias de su muerte y el símbolo que supuso su desaparición, Eco la ha convertido en un ser semidivino, bello, puro, hermoso, casi eterno. A través de ella, el inquieto y engañoso Baudolino alcanzará algo parecido a la felicidad en su grado pleno.
Aquí dejamos una pequeña muestra de lo que pudo haber sido esta nueva Hipatia creada por U. Eco.(La imagen está tomada de http://sticknballoon.wordpress.com/2008/09/10/hypatia/)





El crimen ( o  misterio, enigma) del cuarto cerrado: en claro homenaje a la literatura de intriga, un misterio alberga la novela, el asesinato de un importante personaje, ocurrido en unas circunstancias especiales: su muerte ocurre en un cuarto cerrado al que no se puede acceder por ningún lado.
El tema del crimen del cuarto cerrado aparece en la literatura de intriga desde E. A. Poe (Los crímenes de la calle de la Morgue) o G. Lerroux (El misterio del cuarto amarillo). Es un recurso que aparece en muchísimas obras, más de cien, casi todas del género de misterio e intriga.  Incluso hay alguna publicación, de la que no sabemos su referencia concreta, que trata sobre este tema en la literatura. En las Jornadas sobre Literatura Negra de Arona de este año se mencionó en alguna ocasión, y se nos vino a la cabeza su aparición en la obra de Baudolino. Un claro homenaje a la literatura de intriga, como gusta de hacer al autor en otras obras suyas (cf. El nombre de la rosa y Guillermo de Baskerville).


OBSERVACIÓN: aunque nos salgamos de la novela de Baudolino, pero ya que tocamos este tema del enigma del cuarto cerrado, quizá podríamos englobar dentro de este recurso una reciente película, Código fuente: En este caso, dentro de una trama futurista e irreal, el cuarto cerrado se convierte en el vagón de un tren en el que se comete un asesinato. La película, inspirada en los relatos de Ph. S. Dyck, juega con las coordenadas espacio-temporales, la física cuántica y los universos paralelos, dando a este tema clásico una dimensión más amplia y atractiva.

Riña de gatos y la mitología clásica

Riña de gatos. Madrid 1936 es la última novela de Eduardo Mendoza. Ganó el premio Planeta del año 2010 y su lectura es muy interesante. Trata de un tema de constante presencia en estos últimos años en España, la Guerra Civil y todo lo que hay alrededor suyo. Según nuestro conocimiento, es la primera obra en la que el autor se sale de su marco de referencia natural, Barcelona,ciudad que ha sido el lugar de acción y personaje propio ya desde su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, pasando por Sin noticias de Gurb, hasta una de sus última obras, Mauricio o las elecciones primarias ( ¿A qué me sonará este título ahora?).
De Riña de gatos se podrían hacer multitud de comentarios y estudios, ya sea por su estilo, su trama, el ambiente histórico, la caracterización del Madrid a pocos meses de la declaración del golpe de Estado, la importancia de la Falange, la figura de José Antonio, los generales golpistas, o el papel de la aristocracia en aquellos momentos. Junto a este fondo histórico, surge el mundo de la pintura de Velázquez de la mano de su protagonista principal, un importante estudioso inglés de dicho pintor. Las reflexiones sobre la pintura, las descripciones (écfrasis, técnica literaria ya procedente del mundo clásico, que están muy presentes en la novela) de cuadros, el papel de Velázquez, , en fin, un sin fin de temas y personajes aparecen por la obra y que dan a pie a muchos comentarios sobre ellos y su integración en la novela.
En este plano, y muy metido en la trama que elabora la novela, aparece una pintua de tema mitológico, La muerte de Acteón. Aunque no juega un papel importante en la obra, sirve como momentos de reflexión y espera en la trama que desarrolla la novela. Como se ha dicho, se hace una écfrasis de este cuadro en una primera visión del mismo. A medida que avanza la novela, la visión del cuadro se repetirá en unas cuantas ocasiones, tantas como las que tiene que visitar el protagonista la casa del aristócrata español que lo ha contratado.
Quizás es demasiado suponer, pero poco a poco, la propia acción de la novela va envolviendo al protagonista en una serie de situaciones que pueden parecerse a la que se narra en el cuadro. Hay que recordar que el mito cuenta la historia de Acteón, un famoso cazador, que sorprende en el profundo del bosque a la diosa Artemis-Diana junto a su séquito de ninfas. En castigo, el cazador será transformado en uno de esos ciervos a los que antes perseguía.
En gran medida, la situación del protagonista a lo largo de la novela lega a derivar en ese estado de "cazador cazado". Por múltiples razones, una de ellas la de su indefinida historia de amor con la hija del aristócrata.
En fin, habría que releer algunas partes de la novela y consultar otras informaciones para saber las conexiones entre el asunto mitológico de Acteón y la trama de la novela. Es  una de las muchas referencias que se pueden hacer en esta novela, y que la enriquecen de alguna manera.
Este cuadro de Tiziano, "Diana y Acteón", representa el momento en que Acteón sorprende en su baño íntimo a la diosa Ártemis-Diana. Inconscientemente, pensamos en esta obra cuando leíamos la novela, quizá porque era más conocida para nosotros.
Sin embargo, el cuadro del que se habla en la novela es el que relata el episodio siguiente, el de su transformación en ciervo y su muerte final a manos de sus propios perros. Se titula  "La muerte de Acteón", el cuadro que aparece dentro de Riña de gatos. Madrid 1936.

Aquí dejamos el fragmento, la écfrasis, donde se describe el cuadro la primera vez que lo ve el protagonista:

Al quedarse solo Anthony pasó revista a los cuadros que colgaban de las paredes. La mayoría eran escenas de caza, entre las que una llamó poderosamente su atención. La muerte de Acteón pasa por ser una de las más importantes obras de madurez de Tiziano. El cuadro que ahora contemplaba era una hermosa copia del original, que Anthony nunca había tenido ocasión de contemplar, aunque había visto muchas láminas y había leído lo suficiente como para reconocer la obra de inmediato. El asunto provenía de varias fuentes, aunque la más conocida era Las Metamorfosis de Ovidio. Yendo de caza con unos amigos, Acteón se extravía y vagando por el bosque sorprende a Diana cuando ésta se ha despojado de su ropa para bañarse en un estanque. Irritada, la diosa transforma a Acteón en ciervo y es despedazado por sus propios perros. Sin que parezca relevante, Ovidio da el nombre de todos los perros que integraban la jauría de Acteón, y en varios casos el de sus progenitores, indica su procedencia y enumera sus cualidades. La acumulación de detalles acaba por hacer más angustiosa una matanza en la que todos los participantes se conocen, pero no se reconocen ni se pueden comunicar. Cuenta Ovidio que los primeros en dar alcance a su amo convertido en ciervo son dos perros que iban a la zaga pero habían tomado un atajo. De este suceso luctuoso, dice el poeta, no se debe culpar a nadie, porque no es un crimen haber equivocado el camino. Otras versiones dicen que Acteón había querido seducir a la diosa, de palabra o por la fuerza. Otras minimizan la causa: nadie puede avistar una divinidad, con o sin ropa, y salir indemne. Tiziano representa la escena de un modo incoherente: Diana todavía conserva su ropa y en vez de maldecir a Acteón parece como si se dispusiera a lanzarle una flecha o se la hubiera lanzado ya; la transformación del desdichado cazador no ha hecho más que empezar: todavía conserva su cuerpo de hombre, pero le ha salido una cabeza de ciervo desproporcionadamente pequeña; esto no impide que los perros ya le ataquen con la ferocidad que habrían puesto en una pieza de caza ordinaria, aunque en rigor deberían haber reconocido el olor de su amo. A primera vista, estos fallos podrían atribuirse a la precipitación o la desgana del artista ante una obra de encargo. Tiziano, sin embargo, la pintó al final de su vida y en su ejecución invirtió más de diez años. A su muerte, el cuadro todavía estaba en poder del pintor. Pasó por varias manos y recorrió varios países hasta acabar en una colección privada en Inglaterra. La copia que ahora examinaba Anthony tenía un tamaño algo menor que el original y había sido hecha, según pudo colegir, a finales del siglo XIX, por un copista competente. Cómo había llegado hasta el vestíbulo de aquel palacete madrileño era una incógnita que trataba de resolver cuando le interrumpió una voz a sus espaldas.


AAl terminar la novela, el lector puede encontrar bastantes parecidos en la historia del cuadro y lo que le ocurre al protagonista durante su estancia en el Madrid previo ala inicio de la Guerra Civil.

NOTA. en esta dirección hay una buena reseña sobre el libro. También se comenta el papel del cuadro de Tiziano en la obra, refiriendo la comparación que algunos autores han hecho entre Azaña y la República (como Acteón), devorada por sus propios perros (los políticos y los partidos de entonces).

viernes, 3 de junio de 2011

Esparta, la ἀγωγή, la κρυπτεῖα, la mujer, la rival de Atenas.

Una de las instituciones más terribles de la sociedad espartana era la krypteia. En este fragmento de documental, hacia el minuto cinco, encontramos una breve explicación de la misma.Pertenece a la institución de la ἀγογή, la severa educación espartana, que empezaba prácticamente con el nacimiento (eugenesia) y seguía con una educación militar desde la infancia.


Al contrario que la democracia ateniense, en Esparta no se desarrolló la oratoria ni el debate público. Las votaciones se hacían por aclamación ( a diferencia de Atenas, donde había recuento de votos), según dicen algunos. La opción que parecía más ruidosa era la que salía ganadora. De ahí las secuencias famosas de 300 con el grito característico de los espartanos.Ampliar algo más aquí.


Un buen documental es el siguiente:


miércoles, 25 de mayo de 2011

Los mitos clásicos se renuevan: Alesana canta a la mitología.



Aquí les dejo el vídeo del grupo de rock Alesana dedicado a Troya. Forma parte de un álbum compuesto por canciones cuyo tema es la mitología clásica. En estos días un buen alumno de primer curso de Griego, Alain M., habló de él en clase y luego nos envió el enlace para poder escucharlo. Merece la pena oírlo y tener presente que los mitos ... nunca mueren.
Otro tema, esta vez dedicado a mito de Ícaro, es el siguiente. (Hay que agradecer al que ha preparado estos vídeos con subtítulos, aunque de vez en cuando se le escape algún fallito).

viernes, 20 de mayo de 2011

el ágora de Sol

(Foto tomada de el periódico El País)
La democracia griega o, mejor, la ateniense, lleva ya más de dos mil quinientos años de vida. A lo largo de estos extensos siglos, ha sido una fuente de inspiración para toda la sociedad, especialmente la occidental. En cambio, su realización concreta no ha tenido un éxito paralelo. Es más, allí donde se ha establecido de manera más o menos duradera, dicho régimen político ha tenido siempre tantas imperfecciones y ha estado sometido a tantas presiones que parece que nunca llegará a realizarse de forma total.
Los últimos acontecimientos de España, con las principales ciudades españolas, Madrid y la Puerta del Sol a la cabeza, llamando a la reunión y a la manifestación por un cambo en la sociedad, han vuelto a reivindicar esos viejos valores de la época clásica. Las voces que hablan de "democracia real", de la falta de conexión entre los políticos y el pueblo, ponen de nuevo de actualidad aquel no tan lejano mundo de la polis. En ese entonces, en la polis ateniense, todo ciudadano (ya sabemos que no incluían a mujeres, esclavos, extranjeros y otros muchos defectos), todo ciudadano, en esencia, tenía la oportunidad de ser gobernante y gobernado a lo largo de su vida. Esta condición, entre otras, es la que vuelve a reivindicarse, con otras palabras, otras circunstancias, en un ágora no tan limitado como el de la polis clásica, sino en un ágora globalizado con una repercusión nacional e internacional completa.
La idea de bautizar a dichas manifestaciones con la palabra "ágora" no deja de ser un pequeño homenaje a todo ese mundo grecorromano de donde procede buena parte de nuestra civilización.
Aquí hay un artículo de El País con más información.

ROMPETECHOS EN LA ΜΝΗΣΤΗΡΟΦΟΝΙΑ (C. XXII)

(nota:  a pesar de algunos comentarios, hay que agradecer a NolanHomero y su NolanOdisea el que mucha gente, como nos, se haya interesado po...