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domingo, 10 de mayo de 2026

DE LAS FORTUNATAE INSULAE A LAS ISLAS DE LOS CANES: VALIENTE EN LAS ISLAS CANARIAS.

DE LAS FORTUNATAE INSULAE A LAS ISLAS DE LOS CANES: VALIENTE “REDESCUBRE” LAS ISLAS CANARIAS.


Hace unas semanas encontramos una colección de las aventuras del Príncipe Valiente, del exitoso dibujante y guionista canadiense Hal Foster (1892 -1982). Autor de muchos cómics y de diferentes personajes, se hizo mundialmente famoso con las aventuras de El Príncipe Valiente, unas historietas que publicó durante muchos años a lo largo del s. XX. Su protagonista es un joven noble, Valiente, que pronto entra en el mundo caballeroso de Camelot , el rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda. 

Con una mezcla de anacronismos perfectamente encajados, la acción se sitúa en la Antigüedad Tardía, pero mezcla elementos históricos de otras épocas, como la presencia de vikingos, ropajes y conductas de tiempos medievales y hasta del Renacimiento.

En su conjunto, ofrece una incesante sucesión de aventuras, donde se empieza con elementos legendarios y fabulosos, para luego seguir de modo más realista y verosímil.


En cuanto al fragmento y las viñetas a las que nos vamos a referir, se encuentran en el tomo que corresponde a los años 1940-1944. El Príncipe Valiente se encuentra por el Mediterráneo, en Grecia, y se embarca con un grupo de vikingos rumbo a Inglaterra, hacia Camelot. Pero el destino, como siempre, lo desviará de su rumbo por un tiempo. Pues cuando llegan al Estrecho de Gibraltar, las Columnas de Hércules de la Antigüedad, encuentran una nave errabunda.



En su interior, su capitán, fatigado, les revela la existencia de un yacimiento de oro, pero deben virar hacia el sur y dejar de momento la ruta del norte.

Los vikingos no lo dudan, y se ve arrastrado por ellos rumbo al Atlántico sur.



Una vez navegando hacia allí, tras una tempestad que los coge en el primer momento, son arrojados a una extraña isla con una gran montaña nevada que se divisa en la lejanía.




   


Una vez arriban a la isla, descubren que está infestada de perros agresivos y hostiles que los atacan cuando desembarcan.



Es el momento en que el relato del cómic indica que los vikingos han “redescubierto” las conocidas y llamadas “islas de los canes”. La viñeta nos avisa a continuación que son las actuales islas Canarias.

Tras una breve estancia, acosados por estos fatídicos perros, tienen que abandonar la isla.



Los vikingos siguen rumbo sur, caboteando el litoral africano. Remontan por un río, se encuentran con tribus indígenas, tienen luchas con gorilas, … Finalmente, acaban la aventura, y retoman el rumbo norte, con destino a Inglaterra.


Hasta aquí, en breves palabras, el breve relato de esta historia, relato dentro del relato, como cajas chinas, que es una de las técnicas que utiliza H. Foster para llevarnos de aquí para allá con sus aventuras.

Lo primero que llama la atención es la referencia a las islas Canarias en un cómic de los años cuarenta, en el sentido de lo poco conocidas que debían ser estas minúsculas y casi anónimas islas entonces, en aquellos tiempos, no como ahora, que por los azares del destino, ya son un destino turístico conocido.

Lo segundo, a partir de esto, es el detalle etimológico que tiene el nombre de Canarias. Aunque Foster no iba a mencionar a Plinio o a los autores clásicos en sus historias, evidentemente, se da por supuesto que estas islas, las luego llamadas Canarias, se ubicaban por estos lares nebulosos y eran conocidas precisamente por eso, por la abundancia de canes. Además, de esto precisamente le venía el nombre.


Ahora bien, a lo que renuncia completamente Foster en su historieta, al menos en este caso, razones tendría, muchas y bien justificadas, a lo que renuncia el dibujate en este breve relato de estas pocas viñetas, con el Estrecho de Gibraltar y las islas Canarias, es a todo el bagaje culto, erudito y también popular (recordemos la leyenda de san Brandán, divulgada en la Navigatio Sancti Brendani, hacia el s. IX), de las leyendas y mitos de la antigüedad grecolatina sobre viajes por los lugares extremos del mundo conocido de la época, y sobre la existencia de unas islas míticas allende el mundo conocido, las Fortunatae Insulae, a donde iban a morar dioses, héroes de la guerra de Troya o las almas piadosas.

Así pues, y por hacer un breve repaso de algunas leyendas del mundo clásico que se ubican en estos parajes por los que fugazmente pasa Valiente, pero de los que no se hace alusión en ningún momento, salvo para indicar el dato, más o menos cierto, de la existencia de los canes, (aunque se reconoce el carácter paradisíaco de las islas), vamos a hacer un breve repaso.

  • El estrecho de Gibraltar, que en la época en que se desarrollan las aventuras de Valiente, la Antigüedad Tardía, aún mantienen el nombre de Columnas de Heracles o Hércules. Son sobre todo el límite físico y simbólico del extremo occidental, el punto que delimita el mundo habitable, la oikoumene, y lo desconocido, el mar Océano. Nada de esto se hace alusión cuando pasan por allí.


  • Los mitos relacionados con las islas como lugares del más allá tienen varias denominaciones. Campos Elíseos, Makaron Nesoi o islas de los Felices o Bienaventurados, que luego pasan al latín como Fortunatorum o Fortunatae Insulae. La historieta no va a dar ninguna referencia a estas denominaciones de las míticas islas.

  • Uno de los trabajos de Heracles o Hércules, la búsqueda de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, se ubicaba también en estas islas ignotas de más allá del extremo occidental. Heracles ni ninguna referencia a este uno de los Doce Trabajo figura tampoco en ninguna viñeta.

  • La gran montaña del Atlas, (identificada muchas veces con el pico Teide), no la real, sino la mítica, la del gigante Atlas que sostenía el cielo, no aparece como tal leyenda tampoco. Sí que se divisa y es reconocible, una gran montaña nevada, cuando son cogidos por la tempestad en el mar, y hacia ella dirigen la nave. Pero no hay ninguna alusión legendaria.

  • el nombre de Canarias al parecer, luego se ha visto que no, procedía del texto de Plinio en el que habla por primera vez de las sillas. Realmente, a las islas se las conocía en la Antigüedad  como Fortunatarum o Fortunatae Insulae, traducción de las míticas makaron nesoi de los griegos, las islas de los Dioses. Y luego, durante muchos siglos, en la Edad Media y Renacimiento, se combinaba este nombre con el de Canarias. Pero, como antes, Foster no habla en ningún momento, salvo para indicar lo paradisíacas que eran, no habla de estas Fortunatae Insulae donde los héroes y dioses y otros personajes llevaban una existencia idílica.

  • La única referencia que tenemos al mundo clásico suponemos que es la de Plinio, en su Historia Natural. Allí se indica que el nombre de la isla de Canaria, la actual Gran Canaria, lo debe a la presencia de unos perros de gran tamaño que allí encontró una expedición enviada por Juba II en tiempos del emperador Augusto. Foster, efectivamente, destaca que la isla está poblada por abundantes jaurías de perros, sin ningún ser humano, y explica con eso el origen de su nombre, como ya refirió Plinio en la antigüedad.


Es, pues, digamos, la única cita, supuesta, y sin decir la fuente ni nada, es la única referencia al mundo clásico que encontramos en este brevísimo relatito, incluido en el regreso de Valiente a Inglaterra y Camelot, de ese pequeño periplo por la costa norteafricana del joven caballero en su regreso a casa y al mundo de lal rey Arturo. 

Así, lo que se ve es que Foster no quiso desviarse ni perderse en este nutrido grupo de leyendas grecolatinas que forman parte del legado cultural tradicional. Con el anacronismo de los vikingos y cierta desubicación histórica, parece que nos encontramos en la denominada época vikinga, entre el s. VIII y XI, cuando estos guerreros irrumpen en Europa y el Mediterráneo. Para entonces sí que el estrecho era llamado de Gibraltar y esa zona era navegada por marinos del Mediterráneo, genoveses, mallorquines o árabes.

Pero, aunque esto fuera así, en la literatura erudita, y la popular también, en los mapas, todavía , y así hasta el descubrimiento de América, todavía, decimos, un halo de misterio y peligro rodeaba siempre ese lugares ubicados en el extremo del mundo occidental, en islas y con altas montañas, más allá del cual se avisaba de que no había tierras conocidas.

viernes, 10 de abril de 2026

EL CABALLO DE TROYA EN LA ISLA DE LA MUJER DORMIDA, DE A. PÉREZ REVERTE

EL CABALLO, TRES MIL AÑOS DESPUÉS: NAVÍO EN LUGAR DE CABALLO.


Loncar, el ambiguo espía republicano en Estambul, lleva tiempo dándole vueltas a cómo remediar la sangría de los barcos saboteados en el cruce del Egeo. Sentado al borde del mar, queda ensimismado, y su mente, como siempre, hace extrañas conexiones.


Sin moverse del banco, Loncar contempló el lento paso de la embarcación hasta que se alejó canal abajo. Aquel barco, pensó, le recordaba otro que había visto semanas atrás en el Cinema Alkázar, frente al pasaje Çiçek: una película americana titulada Mar de fondo, que narraba las andanzas de un velero en el Atlántico durante la Gran Guerra. Era la historia de un barco trampa a la caza de un submarino alemán, con un argumento general bastante ingenuo …


Y en ese estado disipado en que se encontraban, es cuando le sobreviene la idea que hacía tiempo, aunque no de modo consciente, le venía rondando la cabeza.

Sin embargo, en ese preciso momento, la idea que desde un tiempo atrás rondaba la cabeza de Loncar tomó forma y circunstancia concretas. Su mente de ajedrecista, …, lo vio todo de pronto con tan diáfana claridad, detalle sobre detalle, que se asombró de no haber caído antes en ello.


En la leyenda troyana, la idea del caballo surge tras una visión de Calcante, el omnipresente vate troyano de los aqueos Según ésta, Troya no podría ser tomada por la fuerza, sino merced a un engaño.

Se le ocurre entonces al ingenioso Odiseo, quién si no, la idea del caballo. Unos dicen que fue por instigación de su protectora Atenea, otro que fue cierto Prilis, de Lesbos, del linaje de Hermes. (wikipedia).

El constructor, en esto sí coinciden las fuentes, fue Epeo el más hábil carpintero entre los aqueos.


Estúpido de mí, pensó. Se habría dado un par de bofetadas a sí mismo… Y ahora, de forma inesperada, llegaba la revelación súbita de algo que siempre había estado ahí, en su cabeza. Se puso en pie con brusquedad, excitado, y dio unos pasos nerviosos hasta la orilla del agua ... Naturalmente, concluyó casi feroz. Ahora sabía qué jugada hacer. La idea era tan vieja como la historia bélica de la humanidad, pero los treinta siglos transcurridos no le restaban validez ni eficacia, sino que las acreditaban: ofrecer a los fascistas un caballo de Troya situado en el mar.


 

El caballo en el film Troya, y la torpedera pirata del Egeo de la novela.


Pero a Loncar no le bastará con haber tenido la idea. Por celos e insidias, es obligado precisamente a embarcar en la nave trampa con la que quiere capturar a la torpedera, aún a su pesar. Y para más inri, en el buque lo confunden con un insidioso comisario político. Ante esa acusación, al espía no le queda otro remedio que revelar que él ha sido el que ideó la estratagema.


Pestañeó Loncar, que no esperaba aquello.

—Disculpe, capitán… Me parece que hay un malentendido. Ni soy comisario político ni embarco en condición de tal.

Lo miró el otro con sorpresa.

—Ah, ¿no?

—En absoluto.

—¿Y qué es, entonces?

—Soy observador en Estambul.

—¿Observador?

—¿Observador?

—Puede llamarlo así, y con ese título estoy a bordo. Esta operación fue idea mía, al menos en principio: el barco trampa… Por eso me ordenan asistir a ella.

            Todos, incluso los rusos, lo miraban ahora de forma distinta. Con renovada curiosidad.

—Yo no lo pedí —zanjó.

Aún arrugaba Sáez el entrecejo, pero su acritud parecía haberse suavizado. Miró a sus oficiales y volvió a fijarse en Loncar, estudiándolo de los pies a la cabeza como si lo viese por primera vez.

—Se le ocurrió a usted, dice.

—Más o menos.


Ya una vez zarpan de Estambul en el buque trampa, destino a la misión, la cuestión vuelve a retomarse. Aquí PR juega con la intertextualidad y el conocimiento compartido con los lectores, en relación al caballo de hace tres mil años y el navío trampa que ahora en esos momentos surca las aguas de los Dardanelos.


Apoyado en el alerón de estribor del puente, Salvador Loncar contemplaba la costa turca, cada vez más lejana. El Kronstadt había dejado atrás la parte angosta de los Dardanelos y navegaba ya por la desembocadura del estrecho, donde este se confundía con las aguas del Egeo.


El segundo de a bordo, Urzái vuelve a retomar la conversación que quedó a medias sobre el papel de Loncar en la misión, y le habla de Troya, pues el navío se encuentra cerca de allí, y del caballo.


Troya —dijo Urzáiz, el segundo oficial, que había venido a acodarse junto a Loncar mientras fumaba un cigarrillo.

—¿Perdón?

Señalaba el marino la orilla sur del canal que dejaban a popa.

—Está ahí cerca. Supongo que lo sabe.

—Ah, sí —cabeceó Loncar—. Claro.

Sonreía el otro, medio cómplice.


Estrecho de los Dardanelos, con Troya al comienzo del mismo.


—En cierto modo somos una especie de imitadores, diría yo. De herederos… Me refiero al caballo.

Permanecieron callados, observando a los artilleros rusos que se ejercitaban …

Urzáiz miraba al pasajero con curiosidad.

—¿Es verdad que la idea de este barco se le ocurrió a usted? —inquirió al fin.

—No, la idea es vieja —Loncar indicó la costa—. Yo me limité a sugerirla para este caso en particular.

domingo, 9 de noviembre de 2025

POETICAE TEMPESTATES: SEIS DÍAS, SIETE NOCHES (1998).

Los lugares comunes de la isla desierta, el, o los náufragos robinsonianos, (aunque, en este caso, son viajeros en avión, dos, no uno, que aterrizan en una isla desconocida), la tormenta que lleva a un otro mundo, estos y algunos temas más, se reúnen en esta entretenida película de hace unos años, y que tuvo cierto éxito en los años noventa.

El título, Seis día y Siete noches hace alusión a los días que andan perdidos, en una isla deshabitada y desconocida. 

Anne Heche, la protagonista, y su novio, David S., se prometían unos idílicos días en una de las isls de los Mares del Sur, del Pacífico, la ficticia Makatea. Pero una llamada imprevista interrumpe el inicio de estos días de felicidad. Tiene que coger una avioneta de forma urgente para regresar a Nueva York en una visita relámpago de trabajo.

Las cosas no saldrán como se pensaba. La destartalada avioneta que la lleva, pilotada por un brusco Quinn-Ford, debe regresar a mitad del vuelo, en vista de unas peligrosas tormentas que se arremolinan en el trayecto.

 


La tempestad supone el paso del espacio "normal", al otro mundo, ficción de la ficción, donde todopuede suceder.
Según giran para regresar, se ven rodeados por otra tormenta más, por lo que Quinn, desesperado, busca un lugar donde aterrizar. Milagrosamente, entre el manto de nubes, descubre la playa de una isla en medio de la oscuridad. Hacia allí y sin pensárselo dirige el achacoso biplano. Cuando enfila a oscuras la playa de cocoteros de la sala, el tren de aterrizaje se rompe por un pedrusco.


De tal manera que sin poder volver a despegar, con la radio rota y sin poderse comunicar, van a tener que esperar mucho tiempo, no se sabe hasta cuándo, para salir de aquella paradisíaca y al mismo tiempo terrible y solitaria isla.

Es, por tanto, a merced de la tormenta, cuando se produce, como en otros casos, un giro físico espacial y un cambio de lugar simbólico.

Por decir lo de casi siempre, como referente clásico a estas extraordinarias tormentas metafóricas, tenemos una buena colección de ellas, y que marcan, si lo vemos así, el ritmo de la obra, en la misma Odisea de los inicios de nuestra literatura.
Nos encontramos, aunque el escenario de la película sean a su vez islas, las paradisíacas y también idealizadas islas del Pacífico, nos encontramos ahora en un nueva isla, otra, pero totalmente diferente a las de la ficción principal.

Esta isla no tiene nombre, es pequeña, muy boscosa, con una idílica playa. Y allí, como en otras historias similares, se cambia de lugar simbólico y ficticio. Estamos en la ficción dentro de la ficción, en Otra isla, en el Otro Mundo, el de la ficción..

Las características de esta isla y de sus protagonistas, como hemos comentado antes, son ya conocidas por otras historias similares. 

Nos encontramos con el tema del robinsonismo, para empezar. Aunque aquí tenemos una chocante y simpática versión. El Robinsón ahora son dos personajes, un piloto hosco que vive a su modo en las islas, y una urbanita y elegante editora de revistas de Nueva York. Los choques entre uno y otro, con momentos tensos y de ironía, añaden unos matices divertidos a esta situación robinsoniana.


Para lo que a nostros nos trae más a cuento, vemos otra vez como se utiliza el recurso de la tormenta, esto que se ha llamado POETICAE TEMPESTATES, para cambiar de escenario, y escenario no sólo físico, sino simbólico. La tempestad marca un paréntesis en el relato, y en la historia personal de los personajes. Es lo que permite a la película, sin darnos cuenta, hacernos pasar de un escenario a un otro mundo, el mundo de la ficción (sobre la ficción en que ya estamos). Es el otro mundo, aquel donde puede pasar de todo, y todo se subvierte.

Y más, también, por la condición de sus protagonistas, que tienen que sufrir el contraste de sus modos de vida habituales y acomodados, con el enfrentamiento radical al nuevo lugar y sus ásperas condiciones. Una isla solitaria, con escasos recursos, donde ellos han de solucionar la vida lejos de las facilidades del mundo habitual.

Es decir, la tormenta es el elemento del relato que permite este cambio de escenario, y que hace dar un giro a la historia lineal que hasta ahora se está contando. 

Entramos, de golpe y de forma totalmente abrupta, en el otro mundo, ajeno y contrapartida del mundo habitual y normal en el que, hasta entonces, habían pululado y transitado su rutinaria vida estos dos personajes de esta agradable comedia.


lunes, 20 de enero de 2025

"La isla del viento" - Tráiler Oficial



Anoche, de refilón, pasadas las once, andaba por ahí pululando en la cocina-comedor de la casa. El televisor, encendido de fondo, proyectaba la película basada en la estancia y exilio de Unamuno en la isla de Fuerteventura. La isla del viento, se titula, de 2015, dirigida por Manuel Menchón y protagonizada por José Luis Gómez en el papel del ilustre pensador español. Nunca la he visto completa, solamente a trozos, cuando, de vez en cuando, la cogía de improviso en alguna cadena que la proyectaba.

La película, aún sin haberla visto, tienen un ambiente nostálgico y hasta melancólico, centrado, claro, en la figura estilizado del personaje, don Miguel. Pero también en ese ambiente entrañable, humilde y en algunos momentos de esa sabiduría popular que está presente en la visa del día a día.

De lo poco que alcanzamos a ver en esta ocasión, recogemos un par de escenas, hacia el final de la película, que nos llamaron la atención. 

REMEDIOS PARA LA TRISTEZA. 

La película está salpicada de citas y referencia locales y populares que el pensador recogió de los del lugar. Entre ellas, una que sirve de remedio para la tristeza o melancolía, que era la situación en la que se encontraba en ese tiempo don Miguel. El sencillo pescador le repite una frase que le decía su abuela, empleando una expresión sonora y muy indicativa, el verbo “atarear”.

 
D. Miguel y el pescador conversando en la mañana.
- Buenos días, dice el pescador, cargando los artilugios de pesca en el bote.
- Buenos días, responde don Miguel. 

¿Cómo era eso que decía su abuela? ... Para los muchos pesares ... y melancolías - y hace un gesto como de no recordar bien aquellas palabras.

- Para las muchas melancolías y penas - le dice prontamente el sencillo pescador-, atarearse a manos llenas.

  


PIES, ZAPATOS E IDENTIDAD (POLÍTICA).

             En una escena de la película, hay un encuentro breve pero

- ¿Sabe cómo se conoce a un político bueno de uno malo?

- ... El interpelado no contesta,

- Por el polvo de sus zapatos.

Y, a continuación, la cámara enfoca los lustrosos e impolutos zapatos del personaje. 

La moraleja es clara, quien tienen tan limpios y brillantes los zapatos, significa que no ha andado, no ha caminado ni se ha movido, atareado, para solucionar lo que fuera necesario. Y, a través de estos zapatos, se muestra una personalidad aparente y poco dada al trabajo real.

Y, en el caso de los políticos, la moraleja está aún más indicada, pues se supone que la labor pública exige un mayor grado de laboriosidad aún que la del desempeño de cualquier labor profesional de otro tipo.

Y con mayor motivo, para una personalidad tan crítica e incómoda para cualquiera que ostente el poder, como el ilustre pensador vasco.


PIES, ALPARGATAS, ARENA Y VÍNCULO AL LUGAR.

  

...

ROMPETECHOS EN LA ΜΝΗΣΤΗΡΟΦΟΝΙΑ (C. XXII)

(nota:  a pesar de algunos comentarios, hay que agradecer a NolanHomero y su NolanOdisea el que mucha gente, como nos, se haya interesado po...