DE LAS FORTUNATAE INSULAE A LAS ISLAS DE LOS CANES: VALIENTE “REDESCUBRE” LAS ISLAS CANARIAS.
Hace unas semanas encontramos una colección de las aventuras del Príncipe Valiente, del exitoso dibujante y guionista canadiense Hal Foster (1892 -1982). Autor de muchos cómics y de diferentes personajes, se hizo mundialmente famoso con las aventuras de El Príncipe Valiente, unas historietas que publicó durante muchos años a lo largo del s. XX. Su protagonista es un joven noble, Valiente, que pronto entra en el mundo caballeroso de Camelot , el rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda.
Con una mezcla de anacronismos perfectamente encajados, la acción se sitúa en la Antigüedad Tardía, pero mezcla elementos históricos de otras épocas, como la presencia de vikingos, ropajes y conductas de tiempos medievales y hasta del Renacimiento.
En su conjunto, ofrece una incesante sucesión de aventuras, donde se empieza con elementos legendarios y fabulosos, para luego seguir de modo más realista y verosímil.
En cuanto al fragmento y las viñetas a las que nos vamos a referir, se encuentran en el tomo que corresponde a los años 1940-1944. El Príncipe Valiente se encuentra por el Mediterráneo, en Grecia, y se embarca con un grupo de vikingos rumbo a Inglaterra, hacia Camelot. Pero el destino, como siempre, lo desviará de su rumbo por un tiempo. Pues cuando llegan al Estrecho de Gibraltar, las Columnas de Hércules de la Antigüedad, encuentran una nave errabunda.
En su interior, su capitán, fatigado, les revela la existencia de un yacimiento de oro, pero deben virar hacia el sur y dejar de momento la ruta del norte.
Los vikingos no lo dudan, y se ve arrastrado por ellos rumbo al Atlántico sur.
Una vez navegando hacia allí, tras una tempestad que los coge en el primer momento, son arrojados a una extraña isla con una gran montaña nevada que se divisa en la lejanía.
Una vez arriban a la isla, descubren que está infestada de perros agresivos y hostiles que los atacan cuando desembarcan.
Es el momento en que el relato del cómic indica que los vikingos han “redescubierto” las conocidas y llamadas “islas de los canes”. La viñeta nos avisa a continuación que son las actuales islas Canarias.
Tras una breve estancia, acosados por estos fatídicos perros, tienen que abandonar la isla.
Los vikingos siguen rumbo sur, caboteando el litoral africano. Remontan por un río, se encuentran con tribus indígenas, tienen luchas con gorilas, … Finalmente, acaban la aventura, y retoman el rumbo norte, con destino a Inglaterra.
Hasta aquí, en breves palabras, el breve relato de esta historia, relato dentro del relato, como cajas chinas, que es una de las técnicas que utiliza H. Foster para llevarnos de aquí para allá con sus aventuras.
Lo primero que llama la atención es la referencia a las islas Canarias en un cómic de los años cuarenta, en el sentido de lo poco conocidas que debían ser estas minúsculas y casi anónimas islas entonces, en aquellos tiempos, no como ahora, que por los azares del destino, ya son un destino turístico conocido.
Lo segundo, a partir de esto, es el detalle etimológico que tiene el nombre de Canarias. Aunque Foster no iba a mencionar a Plinio o a los autores clásicos en sus historias, evidentemente, se da por supuesto que estas islas, las luego llamadas Canarias, se ubicaban por estos lares nebulosos y eran conocidas precisamente por eso, por la abundancia de canes. Además, de esto precisamente le venía el nombre.
Ahora bien, a lo que renuncia completamente Foster en su historieta, al menos en este caso, razones tendría, muchas y bien justificadas, a lo que renuncia el dibujate en este breve relato de estas pocas viñetas, con el Estrecho de Gibraltar y las islas Canarias, es a todo el bagaje culto, erudito y también popular (recordemos la leyenda de san Brandán, divulgada en la Navigatio Sancti Brendani, hacia el s. IX), de las leyendas y mitos de la antigüedad grecolatina sobre viajes por los lugares extremos del mundo conocido de la época, y sobre la existencia de unas islas míticas allende el mundo conocido, las Fortunatae Insulae, a donde iban a morar dioses, héroes de la guerra de Troya o las almas piadosas.
Así pues, y por hacer un breve repaso de algunas leyendas del mundo clásico que se ubican en estos parajes por los que fugazmente pasa Valiente, pero de los que no se hace alusión en ningún momento, salvo para indicar el dato, más o menos cierto, de la existencia de los canes, (aunque se reconoce el carácter paradisíaco de las islas), vamos a hacer un breve repaso.
El estrecho de Gibraltar, que en la época en que se desarrollan las aventuras de Valiente, la Antigüedad Tardía, aún mantienen el nombre de Columnas de Heracles o Hércules. Son sobre todo el límite físico y simbólico del extremo occidental, el punto que delimita el mundo habitable, la oikoumene, y lo desconocido, el mar Océano. Nada de esto se hace alusión cuando pasan por allí.
Los mitos relacionados con las islas como lugares del más allá tienen varias denominaciones. Campos Elíseos, Makaron Nesoi o islas de los Felices o Bienaventurados, que luego pasan al latín como Fortunatorum o Fortunatae Insulae. La historieta no va a dar ninguna referencia a estas denominaciones de las míticas islas.
Uno de los trabajos de Heracles o Hércules, la búsqueda de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, se ubicaba también en estas islas ignotas de más allá del extremo occidental. Heracles ni ninguna referencia a este uno de los Doce Trabajo figura tampoco en ninguna viñeta.
La gran montaña del Atlas, (identificada muchas veces con el pico Teide), no la real, sino la mítica, la del gigante Atlas que sostenía el cielo, no aparece como tal leyenda tampoco. Sí que se divisa y es reconocible, una gran montaña nevada, cuando son cogidos por la tempestad en el mar, y hacia ella dirigen la nave. Pero no hay ninguna alusión legendaria.
el nombre de Canarias al parecer, luego se ha visto que no, procedía del texto de Plinio en el que habla por primera vez de las sillas. Realmente, a las islas se las conocía en la Antigüedad como Fortunatarum o Fortunatae Insulae, traducción de las míticas makaron nesoi de los griegos, las islas de los Dioses. Y luego, durante muchos siglos, en la Edad Media y Renacimiento, se combinaba este nombre con el de Canarias. Pero, como antes, Foster no habla en ningún momento, salvo para indicar lo paradisíacas que eran, no habla de estas Fortunatae Insulae donde los héroes y dioses y otros personajes llevaban una existencia idílica.
La única referencia que tenemos al mundo clásico suponemos que es la de Plinio, en su Historia Natural. Allí se indica que el nombre de la isla de Canaria, la actual Gran Canaria, lo debe a la presencia de unos perros de gran tamaño que allí encontró una expedición enviada por Juba II en tiempos del emperador Augusto. Foster, efectivamente, destaca que la isla está poblada por abundantes jaurías de perros, sin ningún ser humano, y explica con eso el origen de su nombre, como ya refirió Plinio en la antigüedad.
Es, pues, digamos, la única cita, supuesta, y sin decir la fuente ni nada, es la única referencia al mundo clásico que encontramos en este brevísimo relatito, incluido en el regreso de Valiente a Inglaterra y Camelot, de ese pequeño periplo por la costa norteafricana del joven caballero en su regreso a casa y al mundo de lal rey Arturo.
Así, lo que se ve es que Foster no quiso desviarse ni perderse en este nutrido grupo de leyendas grecolatinas que forman parte del legado cultural tradicional. Con el anacronismo de los vikingos y cierta desubicación histórica, parece que nos encontramos en la denominada época vikinga, entre el s. VIII y XI, cuando estos guerreros irrumpen en Europa y el Mediterráneo. Para entonces sí que el estrecho era llamado de Gibraltar y esa zona era navegada por marinos del Mediterráneo, genoveses, mallorquines o árabes.
Pero, aunque esto fuera así, en la literatura erudita, y la popular también, en los mapas, todavía , y así hasta el descubrimiento de América, todavía, decimos, un halo de misterio y peligro rodeaba siempre ese lugares ubicados en el extremo del mundo occidental, en islas y con altas montañas, más allá del cual se avisaba de que no había tierras conocidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario