jueves, 23 de abril de 2026

DREPANOFOROI EN BRITANIA: CARROS DE GUERRA BRITANOS EN JULIO CÉSAR (3)

Siguiendo con lo subido ayer, sobre los carros de guerra britanos, si llevaban guadañas o no, en la Wikipedia viene el fragmento concreto de Césa de La Guerra de las Galias, el primero que se tienen de la descrición del uso de estos carros en batalla.

Como se ve, no se refiere en nigún momento a carros falcados o drepanoforoi.

    «El modo de luchar de los carros es éste. Primero avanzan por todas partes disparando dardos, y con el mismo terror que infunden a sus caballos y con el estrépito de las ruedas suelen desordenar las filas, y, una vez que se introducen entre los escuadrones de los jinetes, saltan de los carros y combaten a pie. Mientras tanto, los aurigas van retirándose poco a poco de la batalla y sitúan los carros de tal modo que, si aquellos se ven apremiados por la multitud de los enemigos, tienen libre la retirada hacia los suyos. De esta manera unen en la batalla la rapidez de los jinetes con la firmeza de los infantes, y es tal la destreza que les da el continuo ejercicio que, aun en los parajes con pendientes y escabrosos, hacen parar a los caballos lanzados al galope, los refrenan en seguida y les hacen dar la vuelta, estando ellos acostumbrados a correr por el timón, a mantenerse en pie sobre el yugo y a volver de allí rápidamente a los carros.

Julio César, De Bello Gallico, XXXIII.


Carros de guerra de Casivelono atacando a las legiones de César en Britania. Autor Angus McBride. 

Carro de guerra britano y su tripulación 55 AC. Se ve al conductor desplazándose por la lanza hasta llegar al yugo donde se mantienen de pie, al fondo un oppidum britano. Autor Angus McBride.


En esta página hay abundante información e imágenes, como las de arriba, sobre este tema.

miércoles, 22 de abril de 2026

DREPANOFOROI EN BRITANIA: LA LEGIÓN DEL ÁGUILA, 2011. DRUIDAS vs. LEGIÓN ROMANA (2).

 

Los romanos se plantan en formación, y los carros britanos emprenden el ataque, 

dirigidos por el furibundo druida.


El destacamento romano vuelve a la formación, con los soldados rescatados, pero han de enfrentarse ahora con el temible ataque de los carros, antes de conseguir alcanzar el fuerte.


Los carros se lanzan a la carrera tras los asustados legionarios.


La situación es complicada y los romanos rompen la formación y emprenden una desesperada huida ante el ímpetu de los carros.


Los britanos persiguen a los legionarios, en sus carros con cuchillas.


En un primer plano, se destaca otra vez la temible cuchilla que amenaza a los legionarios en su atropellada retirada. Los celtas, envalentonados ante la huida de los romanos, y confiados en sus asesinos carromatos, azuzan a los caballos.


Los romanos, aterrorizados, huyen hacia el castra ante el ataque de los drapanoforoi.


Los romanos  terga vertere, vuelven las espaldas, lo último que debían hacer, y corren por sus vidas ante el furor de los britanos. El campamento y el vallum todavía están a distancia para que sean arrollados. Marco Flavio Aquila, jefe de la unidad, advierte claramente lo que va a suceder.


La cuchilla del carro está a punto, y finalmente secciona, el miembro inferior de un legionario.


Como era de esperar, se diría la crónica de una escena, de una muerte anunciada, una vez que nos han puesto en primer plano estas guadañas de los carros, el espectador ya está temiendo lo que va a ocurrir, las escenas crudas y sangrientas de despiece de miembros de los legionarios, de un momento a otro.

Y esto es lo que se muestra a continuación, y que no hace otra cosa que reproducir lo que ya Curcio, Diodoro o el Pseudo Calístenes nos habían relatado cuando describen la batalla de Gaugamela, y los efectos devastadores de los carros persas en las tropas macedonias, en sus cuerpos y miembros que, palpitantes, ruedan por el suelo de la batalla.

En unos fugaces primeros planos, vemos en el film como una de las cuchillas sesga y secciona limpiamente la pierna de un infeliz legionario. 

Pero el film no se quiere regodear en esto, se encuentra muy lejos de las descripciones escalofriantes de Diodoro o Ps. Calístenes, que describen estas acciones de modo terrible.

Volviendo, pues, a Alejandro y los carros persas en Gaugamela,  Diodoro no ahorra escenas truculentas de cuerpos y miembros despedazados por los criminales cortes de los carros cuando estos arramblan contra la falange macedonia.


58Tal fue la velocidad y la fuerza de las guadañas forjadas para la destrucción que cortaban los brazos βραχίονας de muchos con los propios escudos, de no pocos cortaban los cuellos, y las cabezas κεφαλὰς caían en tierra con los ojos todavía abiertos βλεπόντων ἔτι τῶν ὀμμάτων y manteniéndose la expresión del rostro, y de algunos rajaban los costados con cortes importantes y producían muertes rápidas.


τοιαύτη γρ ν ξύτης κα βία τν κεχαλκευμένων πρς πώλειαν πλων στε πολλν μν βραχίονας σν ατας τας σπίσιν ποκόπτεσθαι, οκ λίγων δ τραχήλους παρασύρεσθαι κα τς κεφαλς πίπτειν π τν γν βλεπόντων τι τν μμάτων κα τς το προσώπου διαθέσεως διαφυλαττομένης, νίων δ τς πλευρς πικαιρίοις τομας ναρήττεσθαι κα θανάτους ξες πιφέρεσθαι.

Diodoro de Sicilia, Bibliotheca Historica, L XVII


Sin entrar en tan dantesco espectáculo, brazos cortados aún con los escudos, cabezas seccionadas con los ojos abiertos, costados rajados, …, Ps. Calístenes compara la escabechina del carro falcado de Darío sobre los hombres con la siega de los campesinos en el campo,


Ante la gran mortandad de persas en el fragor mortífero, Darío se aterrorizó y volvió las riendas de su carro armado de guadañas. Y al rodar entre sus gentes segaba muchos batallones de persas, como con su hoz cortan los campesinos las espigas de su campo.

(Ps. Calístenes)


DREPANOFOROI EN BRITANIA: LA LEGIÓN DEL ÁGUILA, 2011. DRUIDAS vs. LEGIÓN ROMANA.

 DREPANOFOROI EN BRITANIA: LA LEGIÓN DEL ÁGUILA, 2011. DRUIDAS vs. LEGIÓN ROMANA.


La legión del águila es una ciertamente amena, entretenido y un buen trabajo cinematográfico de 2011, dirigida por K. Macdonald, de nacionalidad americana. Está basada en la novela El águila de la novena legión, 1954, de una autora amante del mundo clásico, Rosemary Sutcliffe.

La historia transcurre principalmente en tierras de la provincia lejana de Britania, a donde es enviado Marco Aquila, un militar romano, hijo del general Aquila a su vez. Se da el caso de que su padre, al mando de la IX legión, desapareció al internarse en el desconocido territorio de los pictos del norte, años atrás, y nunca se ha vuelto a saber de ellos.

En un determinado momento, Marco Aquila, en busca de recuperar el honor perdido de su progenitor, parte en busca de él sin tener ninguna noticia desde entonces.

La película sigue su curso, y nos lleva junto con Marco y un inesperado aliado, un britano, rumbo a hermosos e inhóspita parajes del norte de Britania, donde habitan los misteriosos y fieros pictos, quienes se cree que fueron los causantes de la desaparición misteriosa de la novena legión.


En relación con lo que queremos comentar, al comienzo del film, recién llegado a Britania, Marco es enviado a un castra en territorio de los britanos. Allí va a tener el primer enfrentamiento bélico con los revueltos celtas britanos. 

La cosa es como sigue, pues un escuadrón, enviado desde el castra en el que está en expedición, es apresado por los britanos. Llevados como prisioneros ante la empalizada del campamento romano, empiezan a ser ajusticiados.

Marco llega un momento en que decide hacer una salida y recuperar a los legionarios a punto de morir. 

En una recreación muy apropiada para su uso didáctico, el grupo de legionarios adopta la formación de testudo o tortuga y así, protegidos por los escudos por casi todos los lados, llegan hasta donde se encuentren los capturados.

Con dificultad logran rescatarlos y cuando deciden emprender el regreso al castra, se les presenta un problema mayor y más peligroso. 


El escuadrón romano consigue rescatar a los prisioneros en una perfecta maniobra.

Ahora tienen que retroceder hacia el castra, ante las amenazas de los celtas britanos que los rodean.


Los carros britanos liderados por el druida aparecen en el campo de batalla. 

El comandante romano Marco Aquila los divisa desde su posición.


Aparecen de repente unas nuevas fuerzas, son carros de guerra britanos, liderados por un curiosamente aguerrido y furibundo druida.

En un primer plano se aprecia claramente el peligro de estos carros, es decir, son carros falcados, carros con hoces o cuchillas.

La hoz o guadaña de los carros britanos, fijada en el eje de las ruedas.


    La pregunta previa, antes de seguir, es si en verdad los britanos, que en César si son conocidos por sus carros en batalla, tenían y desarrollaron estos carros con las cuchillas, tal como aparece en el film. Rastreando por encima en la red, sin contrastar ni nada, encontramos algunas opiniones que afirman que los britanos solían utilizar los carros como plataformas para llevar los guerreros al combate, pero ahí quedaba la cosa. Así aparece en César, Tácito o Diodoro de Sicilia.

Ante la pregunta de si llevaban o no cuchillas, algunos, con dudas, aseguran que era improbable que se sirvieran de este tipo de carros armados, aunque no lo descartan de ninguna manera. Según esto, se podría pensar que la escena del film no cuenta con una base histórica cierta, y quizás han sido introducidos estas cuchillas para dar mayor espectacularidad al combate entre los legionarios y los britanos.


Por su parte, en Oriente sí que eran conocidos y se practicaban en la guerra este tipo de artefactos, aunque en la época Clásica parece que se habían sustituido como arma de ataque por la caballería, hasta entonces sin desarrollar.

    En griego, estos carros son llamados drepanoforoi, portadores de hoz o guadaña, y son célebres aquellos de que hacían gala los persas en sus enfrentamientos de Issos y sobre todo, Gaugamela, con las tropas macedonias de Alejandro magno, en su conquista del imperio persa cuando Darío III.


Estos carros que vemos que llevan los britanos en la película, con una simple pero criminal cuchilla, no tienen nada que ver con los muy equipados, diseñados y mortíferos carros persas con guadañas, los drepanoforoi, con los que se enfrenta sin ir más lejos Alejandro Magno siglos antes, en el 331 a.C., en Gaugamela. Son una auténtica panzerdivision. 

Diodoro de Sicilia nos describe la guarnición de cuchillas con que aparecían erizados de ellas estos carros, pues con las guadañas ancladas a los ejes giratorios, estos carros estaban envueltos de otras varias cuchillas y en otros lugares.


De cada carro, junto a los caballos de los lados exteriores 

sobresalían unas guadañas clavadas al yugo 

que se extendían tres palmos

y tenían el borde de su filo hacia el frente …


τούτων γὰρ ἑκάστου παρ᾽ ἑκάτερον τῶν σειροφόρων ἵππων ἐξέκειτο προσηλωμένα τῷ ζυγῷ ξύστρα παραμήκη τρισπίθαμα, τὴν ἐπιστροφὴν τῆς ἀκμῆς ἔχοντα πρὸς τὴν κατὰ πρόσωπον ἐπιφάνειαν, 


A continuación, sí que vienen descritas las cuchillas que nosotros ya suponemos y conocemos, las fijadas a los ejes.


… y junto a las clavijas de los ejes otras dos en línea recta, con el corte hacia el frente como las anteriores, pero más largas y anchas; y en sus extremos estaban unidas unas hoces.


 πρὸς δὲ ταῖς κατακλείσεσι τῶν ἀξόνων ἐπ᾽ εὐθείας ἄλλα δύο, τὴν μὲν τομὴν ὁμοίαν ἔχοντα πρὸς τὴν κατὰ πρόσωπον ἐπιφάνειαν τοῖς προτέροις, τὸ δὲ μῆκος μείζω καὶ πλατύτερα: συνήρμοστο δὲ ταῖς τούτων ἀρχαῖς δρέπανα.


Una recreación aproximada, ante la cual los carros celtas nada tienen que hacer, podría ser esta.


Recreación de G. Rava más aproximada a los carros persas, drepanoforoi, que describe Diodoro erizados de cuchillas.

EL MUNDO CLÁSICO EN LA FILATELIA, MURCIA, 2026

 

viernes, 10 de abril de 2026

EL CABALLO DE TROYA EN LA ISLA DE LA MUJER DORMIDA, DE A. PÉREZ REVERTE

EL CABALLO, TRES MIL AÑOS DESPUÉS: NAVÍO EN LUGAR DE CABALLO.


Loncar, el ambiguo espía republicano en Estambul, lleva tiempo dándole vueltas a cómo remediar la sangría de los barcos saboteados en el cruce del Egeo. Sentado al borde del mar, queda ensimismado, y su mente, como siempre, hace extrañas conexiones.


Sin moverse del banco, Loncar contempló el lento paso de la embarcación hasta que se alejó canal abajo. Aquel barco, pensó, le recordaba otro que había visto semanas atrás en el Cinema Alkázar, frente al pasaje Çiçek: una película americana titulada Mar de fondo, que narraba las andanzas de un velero en el Atlántico durante la Gran Guerra. Era la historia de un barco trampa a la caza de un submarino alemán, con un argumento general bastante ingenuo …


Y en ese estado disipado en que se encontraban, es cuando le sobreviene la idea que hacía tiempo, aunque no de modo consciente, le venía rondando la cabeza.

Sin embargo, en ese preciso momento, la idea que desde un tiempo atrás rondaba la cabeza de Loncar tomó forma y circunstancia concretas. Su mente de ajedrecista, …, lo vio todo de pronto con tan diáfana claridad, detalle sobre detalle, que se asombró de no haber caído antes en ello.


En la leyenda troyana, la idea del caballo surge tras una visión de Calcante, el omnipresente vate troyano de los aqueos Según ésta, Troya no podría ser tomada por la fuerza, sino merced a un engaño.

Se le ocurre entonces al ingenioso Odiseo, quién si no, la idea del caballo. Unos dicen que fue por instigación de su protectora Atenea, otro que fue cierto Prilis, de Lesbos, del linaje de Hermes. (wikipedia).

El constructor, en esto sí coinciden las fuentes, fue Epeo el más hábil carpintero entre los aqueos.


Estúpido de mí, pensó. Se habría dado un par de bofetadas a sí mismo… Y ahora, de forma inesperada, llegaba la revelación súbita de algo que siempre había estado ahí, en su cabeza. Se puso en pie con brusquedad, excitado, y dio unos pasos nerviosos hasta la orilla del agua ... Naturalmente, concluyó casi feroz. Ahora sabía qué jugada hacer. La idea era tan vieja como la historia bélica de la humanidad, pero los treinta siglos transcurridos no le restaban validez ni eficacia, sino que las acreditaban: ofrecer a los fascistas un caballo de Troya situado en el mar.


 

El caballo en el film Troya, y la torpedera pirata del Egeo de la novela.


Pero a Loncar no le bastará con haber tenido la idea. Por celos e insidias, es obligado precisamente a embarcar en la nave trampa con la que quiere capturar a la torpedera, aún a su pesar. Y para más inri, en el buque lo confunden con un insidioso comisario político. Ante esa acusación, al espía no le queda otro remedio que revelar que él ha sido el que ideó la estratagema.


Pestañeó Loncar, que no esperaba aquello.

—Disculpe, capitán… Me parece que hay un malentendido. Ni soy comisario político ni embarco en condición de tal.

Lo miró el otro con sorpresa.

—Ah, ¿no?

—En absoluto.

—¿Y qué es, entonces?

—Soy observador en Estambul.

—¿Observador?

—¿Observador?

—Puede llamarlo así, y con ese título estoy a bordo. Esta operación fue idea mía, al menos en principio: el barco trampa… Por eso me ordenan asistir a ella.

            Todos, incluso los rusos, lo miraban ahora de forma distinta. Con renovada curiosidad.

—Yo no lo pedí —zanjó.

Aún arrugaba Sáez el entrecejo, pero su acritud parecía haberse suavizado. Miró a sus oficiales y volvió a fijarse en Loncar, estudiándolo de los pies a la cabeza como si lo viese por primera vez.

—Se le ocurrió a usted, dice.

—Más o menos.


Ya una vez zarpan de Estambul en el buque trampa, destino a la misión, la cuestión vuelve a retomarse. Aquí PR juega con la intertextualidad y el conocimiento compartido con los lectores, en relación al caballo de hace tres mil años y el navío trampa que ahora en esos momentos surca las aguas de los Dardanelos.


Apoyado en el alerón de estribor del puente, Salvador Loncar contemplaba la costa turca, cada vez más lejana. El Kronstadt había dejado atrás la parte angosta de los Dardanelos y navegaba ya por la desembocadura del estrecho, donde este se confundía con las aguas del Egeo.


El segundo de a bordo, Urzái vuelve a retomar la conversación que quedó a medias sobre el papel de Loncar en la misión, y le habla de Troya, pues el navío se encuentra cerca de allí, y del caballo.


Troya —dijo Urzáiz, el segundo oficial, que había venido a acodarse junto a Loncar mientras fumaba un cigarrillo.

—¿Perdón?

Señalaba el marino la orilla sur del canal que dejaban a popa.

—Está ahí cerca. Supongo que lo sabe.

—Ah, sí —cabeceó Loncar—. Claro.

Sonreía el otro, medio cómplice.


Estrecho de los Dardanelos, con Troya al comienzo del mismo.


—En cierto modo somos una especie de imitadores, diría yo. De herederos… Me refiero al caballo.

Permanecieron callados, observando a los artilleros rusos que se ejercitaban …

Urzáiz miraba al pasajero con curiosidad.

—¿Es verdad que la idea de este barco se le ocurrió a usted? —inquirió al fin.

—No, la idea es vieja —Loncar indicó la costa—. Yo me limité a sugerirla para este caso en particular.

DREPANOFOROI EN BRITANIA: CARROS DE GUERRA BRITANOS EN JULIO CÉSAR (3)

Siguiendo con lo subido ayer, sobre los carros de guerra britanos, si llevaban guadañas o no, en la Wikipedia viene el fragmento concreto d...