"Entonces, ¿los Pueblos del Mar...?", dice temerosa Penélope-Hathaway, cuando ya se ha producido la escena de reconocimiento , creo recordar.
Un temor que tienen la reina desde el principio del film, así se lo manifiesta a su hijo en la terraza del palacio. NolanHomero se lo saca de la manga, pues los griegos de aquella época, y menos la propia Penélope del texto de Homero ni sabía qué era eso ni había oído hablar de esos dichosos Pueblos del Mar.
Y, además, en el sentido en que lo dice el film, Pueblos del Mal, casi con mayúsculas, como si se tratara de una amenaza maléfica.
"Sí", continúa apesadumbrado Odiseo, personaje ahora más de tragedia que épico, confirmándole la sospecha a su reina, "sí, los Pueblos del Mar somos nosotros".
No es raro recordar, pues, en estos momentos, a la tragedia de Sófocles Edipo rey y a su dramático personaje. El mejor de los hombres, rey de Tebas, destructor de la Esfinge, salvador de la polis, ante una epidemia que asola de nuevo a la ciudad, años después de su victoria, quiere ponerse de nuevo al frente de sus ciudadanos para salvar, otra vez, a la ciudad.
Pero esta vez va a ser diferente, el culpable, en sentido religioso, de esa epidemia maléfica que asola a su polis Tebas es un crimen impagado y no santificado, que todavía exige su venganza y reparación.
Y el culpable de la muerte de Layo, el anterior rey, es el propio Edipo.
Algún eco de esta enseñanza trágica que nos recuerda la sacra tragedia de Sófocles encuentra su respuesta en esta breve escena entre Odiseo y Penélope. En efecto, el culpable de ese maleficio, esa inestabilidad, ese caos en el que viven inmerso el mundo griego, y que se refleja en la angustia de Penélope-Hathaway. Ella los personifica en esos desconocidos y terribles Pueblos.
Pero, tras la confesión de Odiseo, resulta que son ellos mismos, los propios griegos, quienes han sido la causa y el efecto de la devastación y el caos social que se ha instalado en su mundo actual.
Hay, pues, en esta respuesta, en este reconocimiento del origen del caos social en el que se está viviendo, como si estuvieran en aquella Edad del Hierro del poeta Hesíodo. Hay, pues, una intención dramática del director de convertir la epopeya aventurera y heroica de Odiseo en una reflexión íntima, moral y crítica del propio ser humano. Además, NolanHomero ha enlazado esa reflexión humanista con documentación histórica del colapso de la civilización micénica en torno al s. XII a.C., tal como expone, entre otros, el historiador E. Clyne en su libro 1177. El año en que la civilización se derrumbó, del que se dice influyó en el guión.
La mayor parte de los males que acaecen a la sociedad, como en la tragedia de Sófocles, proceden y hallan su causa en el propio hombre, en el ser humano. Su falta de medida, a lo largo de todos los tiempos, el desconocimiento de sus límites, esa especie de hybris o soberbia religiosa griega, lo lleva a considerarse ingenua y peligrosamente verdadero protagonista y centro de la vida, sin nada, ningún límite, moral, ético, religioso, ..., que lo haga detener, hasta llegar, casi, a su propia autodestrucción.
Como bien viene poniendo en estos últimos tiempos, más actual y renovado no puede ser, los problemas y paradojas que conlleva el desarrollo de la IA. Como ya dicen muchos, la propia máquina inteligente ya es consciente de que es, otra vez Edipo, que es el propio hombre lleva a la destrucción de la propia vida, la suya incluida, del plantea.










