Homero, la Odisea, rapsodia o canto XXIII, con el título ya revelador (edición de Cátedra) de "Penélope reconoce a Odiseo".
Flaxman, Odiseo Y Penélope, romántico encuentro definitivo.
(nota, la verdad es que Odiseo es más reconocido que nadie (su perro Argos, Telémaco, luego Euriclea su nodriza, de momento) en su llegada a Ítaca, difícil que los Pretendientes, con la de espías y oyentes que tenían, no se enteraran)
La nodriza y anciana sierva del oikos de Odisea sube corriendo a avisar a a su ama Penélope. Ha oído el jaleo en la sala donde banqueteaban de siempre los Pretendientes, y le han llegado voces de que Ulises ha vuelto y la ha emprendido a lanzazos contra aquellos saqueadores.
Penélope, la prudente Penélope περίφρων Πηνελόπεια, haciendo gala a su epíteto, no se lo acaba de creer, se muestras reticiente, cómo va a ser, habrá sido alguno de los Inmortales.
La anciana le revela entonces que ella ya lo sabía de hacía poco, cuando le lavó los pies al falso mendigo, pero Ulises le advirtió que no dijese nada a nadie.
Penélope sigue en dudas, no en vano lleva mucho tiempo en espera. A punto está de convertirse en la Penélope de Serrat, pero baja con Euriclea a comprobar qué ha pasado y hablar con alguien de su confianza, con Telémaco.
τὴν δ' ἠμείβετ' ἔπειτα περίφρων Πηνελόπεια· 80
«μαῖα φίλη, ...
ἀλλ' ἔμπης ἴομεν μετὰ παῖδ' ἐμόν, ὄφρα ἴδωμαι
ἄνδρας μνηστῆρας τεθνηότας, ἠδ' ὃς ἔπεφνεν.»
La discreta Penélope entonces le dijo en respuesta:
"..., ama mía querida, ...
...
mas vayamos con todo a mi hijo, vea yo con mis ojos
esos hombres que han muerto y a aquel que ha acabado con ellos."
Penélope baja, pues, y se llega a la sala junto a Telémaco, allí está Ulises. Pero no sabe qué hacer, además, con los harapos de mendigo, no lo identifica. Incluso su hijo se lo reprocha de mala forma, el que no reconozca y se abrace con su deseado esposo,
«μῆτερ ἐμή, δύσμητερ, ἀπηνέα θυμὸν ἔχουσα,
τίφθ' οὕτω πατρὸς νοσφίζεαι, οὐδὲ παρ' αὐτὸν
ἑζομένη μύθοισιν ἀνείρεαι οὐδὲ μεταλλᾷς;
...
Mardre,jay, mala madre, pues tienes el alma tan dura!
¿Por qué así de mi padre te apartas? ¿Por qué no, sentada
junto a él, le preguntas e inquieres de todo?
...
nota 2, τίφθ', síncopa de, al parecer, s/Lidell, la expresión τί ποτε, con cambios fonéticos por estar seguida de οὕτω.
nota 3, en griego moderno, al parecer, tenemos τίποτε o τίποτα, "nada" o "algo"
A pesar de esa enfurecida y desagradable reacción del joven a su propia madre, la prudente y discreta Penélope, bien hecho,
se mantienen en sus trece, y deja a Telémaco en su lugar, diciendo que
entre ella y su esposa hay cosas que los demás no saben.
τὸν δ' αὖτε προσέειπε περίφρων Πηνελόπεια·
«τέκνον ἐμόν, ...
...
εἰ δ' ἐτεὸν δὴ
ἔστ' Ὀδυσεὺς καὶ οἶκον ἱκάνεται, ἦ μάλα νῶϊ
γνωσόμεθ' ἀλλήλω καὶ λώϊον· ἔστι γὰρ ἥμιν
σήμαθ', ἃ δὴ καὶ νῶϊ κεκρυμμένα ἴδμεν ἀπ' ἄλλων.» 110
Contestando a su vez la discreta Penélope dijo:
"..., hijo mío, ...
...
Si el huésped
es Ulises realmente que ha vuelto a su casa, sabremos
comprobarlo él y yo entre nosotros: tenemos señales.
que guardamos secretas los dos y que nadie conoce."
Las señales ocultas para los otros σήμαθ', ... κεκρυμμένα (κρύπτω) ... ἀπ' ἄλλων., a saber qué fin y sentido tenían.
No está de más recordar que estamos en época de caos, guerras y desorden. El argumento o la idea de que alguien pudiera falsificar la identidad de otro, en este caso Ulises, son veinte años, muchas vicisitudes, no es ningún disparate. De hecho, y quizás basado en algún fundamento, algunas obras recrean esta posiblidad.
Tenemos en el cine, ambientado en la época medieval, el film El regreso de Martín Guerre, luego hecha una versión norteamericana en Sommersby.
En literatura ya salió hace años la novela de M. Vicent Son de mar, donde se aventura también esta posibilidad, con un argumento inesperado, al igual que las anteriores.
Una versión que no tienen que ver, pero que se nos vienen ahora, el film de Harrison Ford, A propósito de Henry. No sabemos si viene a cuento, en este caso es un personaje que regresa a su Ítaca, su casa, pero que no recuerda nada ni a nadie. Y poco a poco va recordando algo, pero no alcanza a ser el que era. El caso es que esta nueva persona después del accidente tienen un mejor carácter que el anterior.
No hace mucho, del director de cine de autor P. Th. Anderson Pozos de ambición, trata un episodio similar.
En fin, un elemento no tan frecuente, pero si recurrente en ocasiones.
En la Nolandisea, Penélope-Hathaway interpreta el papel que le han asignado y le ha tocado representar. Es una fiel esposa, asediada de años, por unos saqueadores,
ojo, que están en su derecho legítimo también, pero vamos a dejar eso por el momento, y lo de que es ella, parece, la que transmite la realeza, en fin, esto hay que verlo mejor ...
... es el papel que le han asignado y lo representa de manera inmejorable. Su rostro está demacrado la mayor parte del tiempo, la guapa A. Hathaway, se le nota todo el tiempo el surco de las lágrimas, cuando no, se muestra como una madre preocupada por su juvenil e impulsivo hijo.
Además, tienen que cargar con la apariencia y el derecho, la ley de Zeus, aunque le queme las entrañas. Y, como es también astuta, pero sufre por ello, tienen que mantener la farsa de que no se desposará con ninguno de los Pretendientes hasta que termine de hilar el hábito mortuorio de su suegro Laertes (la verdad es que, a la luz del sentido común, cuesta creer en esto, pero, en fin se pueden dar más justificaciones, es una obra literaria, ...).
Y ya sabemos que lo que tejía por el día, lo destejía por la noche, como esos castigos eternos del Hades, las máximas condenas...
Pero, a lo que íbamos, Nolanhomero ya no tienen tiempo para más anagnórisis, ya ha presentado unas cuantas, y, además, con prisa, esto es, que no está para más. Y, además, ya estamos cerca de las tres horas... De manera que Penélope-Hathaway rompe a llorar como una descosida, en verdad que no parece que le importe, como a la prudente de Homero, si aquel que llega es su esperado esposo, u otro que se le parezca. No parece.
Bueno, en el film está claro que lo reconoce y, la verdad, ahí se desmorona y rompe y descompone toda su figura. Parece que lleva toda la película, y así es en verdad, que lleva toda la película esperando a representar ese momento.
Y en verdad es que, a pesar de los extraordinariamente que lo hace, a pesar de ser A. Hathaway una de las mejores actrices, aquellas efusivas y contenidas y desparramadas emociones que por fin salen de su pecho desesperado, a diferencia de la prudente P., parece algo excesivos, algo que, en verdad, es casi imposible del todo de representar y mostrar, por muy sinceros y profundos que fuesen. No sabemos cómo pudo hacerlo.
Y menos con el poco tiempo que le dedica, casi de sopetón.
Como si NolanHomero, tal como Telémaco hizo a lo primero, la hubiera reprendido y la discreta, ahora ya no tanto, le hubiese obedecido a la primera y se abalanzase inconsciente sobre aquél que le dicen.
La escena de reconocimiento en Homero ocupa bastantes versos, un canto está dedicado casi a ello, desde el verso 1 en adelante ...
El mismo episodio, en la Nolandisea, es mucho más breve
El reconocimiento de su esposo en la Odisea de Homero, con toda la emoción contenida y guardada, es también muy intenso, pero está demorado, hay diálogos, como hemos visto, con Telémaco, sospechas, reticiencias, emociones encerradas, ...
La P. de NolanHomero , tras un instante de duda, se abalanza sobre aquel, y saca de todo su arsenal interpretativo toda la emoción que tiene para, exageramos, claro, justificar esas tres horas del film, esos veinte años de periplo, tejiendo y destejiendo, aguantando a los Pretendientes, velando por los bienes de su esposo, en soledad...
Pero es demasiado, son demasiadas humanas cosas para expresarlas en esos instantes rápidos y breves que nos muestra, sí, con intensidad, claro, el film de NolanHomero, apresurado también como en otros episodios del épico poema.