martes, 28 de julio de 2026

J. NEGRETA, ALEJANDRO Y ANÍBAL (Y 7)

Así pues, en esta pequeña gran batalla de AMYLADR que nos ofrece j. Negrete al final de la novela, y como colofón de la misma, podemos contemplar una mezcla bélica y de estrategia en la actuación de Alejandro y su ejército.

En verdad, esta batalla del Vesubio es una recreación y rememoración de la famosa batalla de Cannas. Allí triunfó de forma definitiva el genio militar de Aníbal.

Para demérito de Alejandro y sus falanges, sarissas y su caballería de Hetairoi, Negrete ha optado y elegido como líder táctico al cartaginés frente al macedonio. Parece que ha resuelto la diatriba de quien fue el mejor general de la antigüedad.

Si que nos queda, sí, como elemento tipo que vemos que se repite desde los inicios del género épico, ya hemos recurrido a la Ilíada al duelo singular entre Teucro y Héctor y Esténelo, y luego ya reproducido en Gaugamela, el mosaico, y de ahí hasta los matinées de los años setenta, nos queda el enfrentamiento breve, a lanza, en principio, entre los dos líderes, y la resolución de la batalla. 

Aunque aquí es verdad que no hay para nada, como sí en Gaugamela, una relación directa entre la captura o muerte del líder enemigo y la derrota del ejército. 

En la novela de Negrete la derrota parece independiente de la muerte del dictator Papirio. Es efecto, tal como se describe con detalle a lo largo de las páginas, es efecto de la genial y tramposa estrategia de este Alejandro-Aníbal.

Este Alejandro reproduce unos doscientos años después lo que hará en verdad Aníbal en el sur de Italia, en su última victoria ante los romanos. Aunque los lanceros, hipaspistas, la caballería de los Compañeros y el propio arrojo y valentía de Alejandro están presentes, como en las batallas asiáticas, el éxito y la derrota sobre las legiones procede de la astuta estrategia envolvente en la que el general cartaginés Aníbal hizo caer a un gran ejército romano. 


 
El cartaginés Aníbal y el macedonio Alejandro.


HOMERO EN GAUGAMELA (J. NEGRETE, 6)

Dejemos por un momento a Darío en su dilema. Cambiando casi completamente de ambiente, aunque no tanto como pueda creerse, busquemos algún modelo anterior al que podamos remontarnos. Tampoco hay que hacerlo, en verdad. 


Así, de pronto, nos encontramos en los comienzos de la literatura, épica además, de la literatura occidental.


  1. En la Ilíada, donde encontramos un antecedente a este episodio de la lanza, la acción es mucho más dramática. Cuando Teucro, el arquero del bando aqueo, alcanza al auriga de Héctor con una flecha, el nombrado Esténelo, y éste cae estrepitosamente al suelo, Héctor se apiada de él, compañero de armas, y lo socorre por unos instantes. En seguida, marcha a vengarlo, lanzando una terrible piedra contra Teucro, que tiene que salir herido del combate.


Atenea y Ares enfrentados al aqueo Diomedes.


  1. Negrete elimina todo relato dramático después de la caída de Papirio. No se sabe si está muerto fulminantemente, si herido grave, no sabemos si los lugartenientes  lo recogen y lo llevan a un lugar protegido, …

  2. Nada de esto importa, porque la batalla, el golpe final de la trampa envolvente sobreviene a continuación. El relato marcha al lugar donde las legiones han caído en la trampa de la U invertida, y lo que se produce a partir de ahora es una auténtica carnicería. Caen también los cónsules, como en Cannas.

  3. Eso sí, a diferencia de la actitud tradicionalmente transmitida respecto a Darío, que huye dejando abandonado a su ejército, aquí los cónsules hacen gala del carácter y la dignidad heroica romana reconocida, y se mantienen en el combate hasta caer por las armas enemigas.



  1. El final definitivo, como ya hemos dicho, viene a continuación de la aparición sorpresiva en el cielo de un meteorito o algo similar. Néstor, el médico de Alejandro, alarmado ante el meteorito y la matanza, corre hacia Alejandro para que detenga de golpe la batalla, cosa a la que accede de inmediato el rey, consciente de ello también.

  2. En Gaugamela, días antes de la batalla, sucedió un otro fenómeno celeste, un eclipse lunar. El acontecimiento se interpretó como un suceso funesto por los dos bandos, aunque luego el aspecto negativo pesó más en los persas, identificados con la Luna.

EL LANCE ENTRE ALEJANDRO Y PAPIRIO, AL IGUAL QUE ENTRE ALEJANDRO Y DARÍO (5)

 La versión de J. Negrete:

  1. En la novela de Negrete ocurre algo similar. Alejandro llega hasta Perdicas, al frente de su caballería, y los dos avistan a Darío. En efecto, la capa roja lo identifica entre un grupo de líderes romanos a caballo.

  2. Alejandro lo tiene claro, es el momento esperado, y  decide ir a por él.

  3. A continuación de su cabalgada, cuando está frente a Papirio, coge una lanza, no se sabe bien de dónde, y arma el brazo para arrojarla contra el romano.

  4. Esto se hace a ralentí en la novela, para aumentar la tensión del momento.

  5. Pero Negrete introduce una no pequeña, una gran y llamativa diferencia respecto a la versión tradicional que conocemos de Gaugamela. 

  6. Cuando ya parece que el venablo va a salir despedido hacia Papirio, un lugarteniente de Alejandro, Mirmidón, llamado también el Rey del Bosque, inesperadamente y saltándose su posición subordinada con su rey, se adelanta y arroja su lanza antes que Alejandro.

  7. Mirmidón, como se sabrá al final de la novela, es un personaje artificial, un engendro cibernético en plena época helenística. Quizás por eso se le haya permitido esa soberbia insumisión a su divinizado monarca.

  8. La lanza es arrojada en efecto y sin sobresaltos, y alcanza completamente de plano a Papirio.

  9. Este, herido de muerte, cae sin contemplaciones del caballo.

  10. y, a continuación, se enfoca al lado macedonio, donde se lanzan vítores de alegría y éxito. De Papirio ya no se va a saber más. Se puede decir que murió con honor en el campo de batalla.

  11. Darío, en Gaugamela, en cambio, logra evitar la muerte. Es decir, o la jabalina sobrevuela el carro sin herir a nadie, o a quien alcanza es a su auriga

  12. La situación para él, de todas formas, es comprometida. Es el momento en el que Darío, según algunos, aprovecha para huir, o, según otros, duda si hacer esto por honor.




J. NEGRETE, CANNAS Y GAUGAMELA (ALEJANDRO-GAUGAMELA) (CONT.4)

 Hay algunas cosas más, pero podemos pasar al enfrentamiento, al fugaz enfrentamiento en los dos casosentre los dos líderes, si se puede llamar así.


El fugaz duelo en el mosaico y en la viñeta de A. Estefan.


  1. Ya sabemos que la táctica de Alejandro en Gaugamela era aprovechar un hueco en las estiradas líneas persas, para atacar directamente el lugar que ocupaba el rey Darío.

  2. La caballería de los Compañeros, Hetairoi, dirigida por él mismo, como citan las fuentes, o por Nicanor o, como aquí, porque el propio comandante se lo pide, por Perdicas, atacan al Gran Rey persa. 

  3. La siguiente acción, supuesta o no, es que los dos líderes se contemplan, aunque sea en breve. 

  4. Luego, también hipotética o no, viene ese momento que en algunas novelas, y en los films, es el decisivo. Siguen en esto, como hemos dicho, a Diodoro, el único que lo cita. Alejandro, decidido a ir a por Dario, se dirige a  galope hacia donde el persa, atrapa una lanza de algún lugar y la arroja sobre Darío con intención final.

J. NEGRETE, CANNAS Y GAUGAMELA (ALEJANDRO-GAUGAMELA) (CONT.3)

 

  1. Ahora bien, quizás puedan encontrarse algunos elementos paralelos más, pero ese enfrentamiento directo y singular que siempre buscó Alejandro contra el líder enemigo, aquí se reproduce también, como ocurrió en Issos y Gaugamela, entre Alejandro y el dictator Papirio.


  1. En efecto, se producen los siguientes elementos recurrentes.

    1. batalla en un momento indeterminado,

    2. aparición de Alejandro con su caballería en el frente.

    3. vislumbre del líder contrario, Papirio Cursor.


  1. Algunas diferencias entre el dictator Papirio y Darío:

    1. Darío es el Gran Rey de una gran coalición de pueblos asiáticos. 

    2. Aunque fue un gran líder y estratega, también se le representa, en la tradición helena, con un boato y un adorno fastuoso que parecen no corresponder a un líder en batalla.

    3. Sin embargo, ya se sabe que esto es en realidad el fasto que debe rodear a la figura del Gran Rey, referente de todos los combatientes.

    4. Darío, pues, aparece trajeado con túnicas doradas y otros ropajes llamativos.

    5. en su lugar, el sobrio dictator romano Papirio se cubre con la coraza militar de un guerrero y solo una capa roja como distintivo.

    6. Darío va sobre el carro real, con auriga, ubicado en el centro y protegido por tropas escogidas, como los llamados Inmortales.


Darío sobre el carro de mando.


  1. Papirio Cursor, de nuevo sobriamente, aparece cabalgando una montura, sin mayor fasto, y rodeado de sus principales lugartenientes.

J. NEGRETE, ALEJANDRON ANÍBAL, CANNAS Y GAUGAMELA (ALEJANDRO-GAUGAMELA) (CONT.2)

 

  1. Negrete recurre, más bien, al hábil y astuto estratega cartaginés Aníbal, que va a suplantar en esta ocasión las tácticas habituales del ejército macedonio.

  2. y, de paso, por decir algo, acaba concediendo la supremacía, la que se establecía en la Antigüedad entre los tres más grandes estrategas, si Alejandro, Aníbal y Escipión, no a Alejandro, al general púnico Aníbal Barca.


Alejandro, Aníbal y Escipión.


  1. Y así, la batalla de la novela es una recreación de la batalla de Cannas de Aníbal, al parecer, y casi nada que ver con la de Gaugamela y las otras batallas de  Alejandro y sus tácticas habituales.

  2. Se sabe que Aníbal logró envolver al enemigo por las alas, y atrapar al grueso de las legiones romanas en aquel fatal enfrentamiento entre cartagineses y romanos.

  3. En la novela de Negrete, los romanos, como en Cannas, han caído en la trampa del centro macedonio. Esta línea empieza a retroceder, simulando derrota, pero lo que provoca es que las legiones penetren cada vez más en una bolsa y queden atrapados e inoperantes. Luego, la caballería macedonia, que vence a la romana por las alas, las ataca por las espaldas, cuando ya no pueden maniobrar y se estorban entre todos.

  4. Así, más que una reproducción de las tácticas habituales de Alejandro, estamos en verdad ante las directrices estratégicas de Aníbal. La batalla es la de Cannas, no la de Gaugamela.


La batalla de Cannas aquí,  a la que parece rcurrir J. Negrete en la batalla final de su novela. 


lunes, 27 de julio de 2026

LUCIANO vs. JAVIER NEGRETE, ALEJANDRO vs. ANÍBAL BARCA.

 JAVIER NEGRETE, LAS ÁGUILAS DE ROMA Y LA CONVERSIÓN DE ALEJANDRO EN ANÍBAL BARCA.

El novelista Javier Negrete, mezclando sus dos géneros de ficción favoritos, la novela histórica de ambiente grecorromano y la ciencia ficción, nos ofrece en este libro una entretenida novela cuyo punto de partida es de por sí completamente sugestivo. Es decir, ¿qué hubiera pasado si se hubieran enfrentado los dos ejércitos más potentes  y eficaces de la antigüedad, el ejército de Alejandro Magno y la legión romana? Este tipo de narración se suele llamar novela de ficción histórica o ucronía.



  1. Vamos a dejar a un lado todas estas posibilidades, nos olvidaremos en verdad de la mayor parte de la novela, y nos centraremos en el encuentro final y decisivo que, también, concluye  todo lo acontecido en el relato. En el enfrentamiento y batalla final de la novela, entre el ejército macedonio y las legiones del dictador Papirio, hemos rastreado, en los vaivenes de esta ficticia y ucrónica batalla, algún parecido o similitud o parentesco con las históricos combates que sostuvo Alejandro en la campaña asiática, Issos pero, sobre todo, Gaugamela.

  2. En efecto, hay un episodio, que, en verdad, no es exclusivo de Gaugamela, más bien un elemento literario bélico recurrente, y aquí también aparece, un episodio que es el breve enfrentamiento directo entre los dos líderes de los dos ejércitos, Alejandro y en este caso Papirio. Este enfrentamiento no aparece en Arriano, pero sí en Quinto Curcio y en Diodoro, tiene su plasmación plástica en el mosaico de Pompeya.


Duo reges iunctis prope agminibus proelium accenderant; (...) Curru Dareus, Alexander equo vehebatur: utrumque delecti tuebantur, sui immemores…

Ambos reyes, a cortísima distancia ya el uno del otro, inflamaban a los suyos al combate; Darío en un carro y a caballo Alejandro, rodeados ambos de sus más escogidas tropas, …

(Q. Curcio Rufo)



  1. decimos en este caso, pues el caso paradigmático, llevado ya a referente icónico en el llamado mosaico de Issos-Gaugamela, es el cara a cara breve entre un ecuestre Alejandro y su gran oponente Darío, elevado sobre su carro real.

Mosaico de Pompeya, o de Issos (o Gaugamela).


  1. en verdad que en los dos enfrentamientos principales de Alejandro contra el Gran Rey, Issos y Gaugamela, y aunque suene a simpleza, el macedonio buscaba en primer lugar capturar o acabar con Darío. Acabado con éste, el ejército persa estaba derrotado de seguido. Era su estrategia principal, aunque suene tan lógica.


Alejandro enfila contra Darío, en la viñeta de O Megas Alexandros, de A. Estefan.


  1. En la novela de J. Negrete, como hemos visto arriba, la batalla final no tiene mucho que ver con las batallas tradicionales que libró Alejandro, y con su estrategia, tan repetitiva como eficaz, del martillo y el yunque, caballería más infantería.

jueves, 21 de mayo de 2026

EL FANTASMA DEL MURO DE ADRIANO (EL PRÍNCIPE VALIENTE) (y 6)

 JULIÁN, CAUDILLO DE CABALLEROS.


Cuando ya se encuentra restablecido, Valiant marcha hacia el norte para luchar junto a los caballeros.

Foster, dejando de lado ya la leyenda del centurión Julián y el muro de Adriano, dedica las siguientes y bastantes más páginas y viñetas al épico enfrentamiento entre los caballeros de Camelot y las fuerzas coaligadas de pictos y vikingos. La leyenda de Julián ha quedado atrás.

Casi al final de estas luchas, los caballeros se refugian en el muro, y mediante una estratagema, Valiante hace que pictos y vikingos, antes en coalición, se enfrenten entre ellos mismos. Y así ocurre, destruyéndose mutuamente y sin que los hombres de Arturo tengan que intervenir. Los pictos regresan a sus tierras altas, y los vikingos embarcan en sus naves y abandonan el litoral escocés.


Es entonces cuando, ya lo teníamos olvidado, reaparece el centurión romano en la viñeta que cierra este amplio episodio.


El rey Arturo confirma a Julián como protector de la muralla, y le da el mando de un grupo de jinetes, ¿sármatas por casualidad?


Y otra vez, volvemos a encontrar el paradójico encuentro entre el literario Arturo y el casi histórico Arturo, en la versión de Julián. 

Los dos marcos temporales entre los que oscila las historias de Foster, la Antigüedad Tardía y la Baja Edad Media, se dan la mano en esta viñeta.

El literario y legendario Arturo encarga la misión de defender el muro y la vida romana a Julián, que puede ser con toda probabilidad el origen de su figura legendaria.

Esto es, como ya se ha dicho, una de las explicaciones del origen histórico de las leyendas artúricas parece encontrarse precisamente en estos destacamentos romanos que quedan en la isla después del abandono oficial por Roma. 

Y que del enfrentamiento entre los restos de estas fuerzas romanas, incluidas tropas de caballería sármata, encima que aparecen citados jinetes en el recuadro, según algunos, con los pueblos germanos que llegan a la isla en esos momentos, sajones y anglos, principalmente, pero no vikingos, todavía faltan unos siglos para eso, de este enfrentamiento desigual entre los antiguos romanos de Britania y los nuevos invasores, en estas luchas casi de frontera, fue en las que se fraguaron las leyendas de la materia artúrica.

Así que, volviendo otra vez a la viñeta y a lo que decíamos, no deja de ser paradójico y muy elocuente la viñeta esta en la que se encuentran el rey Arturo, el de la leyenda, el mítico rey de Camelot, con el humilde, castrense pero bravo centurión romano, Julián, que puede ser el posible origen de la existencia legendaria del mismo rey de Camelot.

Los dos, uno y otro, frente a frente en el dibujo de esta última viñeta de este episodio.


EL FANTASMA DEL MURO DE ADRIANO (EL PRÍNCIPE VALIENTE) (5)

 VALIENTE ATRAVIESA EL MURO.

Ya recogida la información necesaria sobre el estado de la fortificación, Valente envía a su escudero a Camelot con las informaciones.

Él, por su parte, y a pesar de las advertencias del centurión, decide aventurarse, como siglos antes la IX Legión, decide aventurarse, abandonar la muralla e internarse en el territorio hostil de los pictos.


 

Valiant abandona el lugar seguro de la fortaleza de Adriano.


Y así, ataviado como un indígena más, armado de escudo, arco y lanza, y cubierto con lo que parece una piel de lobo, no se aprecia bien, como si fuera miembro de una Mannerbund o agrupación de guerreros-lobo. 

Atrás deja la muralla y una torre semiderruida, mientras Julián lo despide desde lo alto.

A partir de esta incursión en solitario, de momento Julián y la muralla desaparecen. Valiant ha entrado en el otro mundo, el de la barbarie.

Al poco de internarse, una banda de guerreros pictos que lo acechaban lo capturan y lo llevan conciso. 

Foster aprovecha entonces para ofrecernos unas viñetas dedicadas al paisaje hermoso de las tierras escocesas, llenas de aguas, bosques y entradas de mar.


 

Foster nos muestra vistas espléndidas de paisajes escoceses.


Gawain, que se había quedado en el castillo dedicado a la vida disipada, empieza a preocuparse, y parte en busca de su compañero de armas. 

Cabalgando, se cruza con el escudero, que le indica el lugar de la cabaña de Julián, donde éste le informa de lo ocurrido. Una vez conocido, Gawain atraviesa también la muralla fronteriza y se interna en los dominios de los pictos.


Gawain conoce la desaparición de Valiant, y sale en su búsqueda.


Ansioso por encontrar a Valiant, encuentra el campamento de los vikingos a la desesperada, y rescata a Valiante, sometido a torturas. Los dos caballeros huyen, y son perseguidos por los guerreros pictos. Cuando están a punto de alcanzarles, ya logran alcanzar la muralla.

Gawain deja en el suelo el cuerpo sin sentido de Valiant, y se dispone a enfrentarse él solo ante la turba de pictos.


Gawain y Valiant alcanzan la muralla, perseguidos por los pictos.


En ese momento, se abre la puerta de la muralla, y aparece Julián.

Los pictos, horrorizados por superstición y temerosos ante la visión y la figura del centurión, el “inmortal”, exclaman, entran en pánico y huyen del lugar.


La presencia de Julián, el “inmortal” para los pictos, los ahuyenta.


No se le ocurre otra cosa a Foster, embebido en el idealizado y adelantado mundo romano que, a la vista del lamentable estado de salud de Valente, vapuleado por todos lados, que recuperar la higiene y el cuidado por la salud de los romanos. 

De tal manera que recupera unas pulcras e impolutas termas romanas de la muralla, donde Valiant se recuperará casi milagrosamente.


     

Valente se recupera en unas civilizadas termas romanas conservadas por el centurión Julián. Por la tarde, Gawain se para apesadumbrado por la muralla.


Una vez recuperado, Valiant emprende camino a Camelot, ha de informar al rey de lo que ha conocido de los vikingos y su inminente invasión.

El rey Arturo marcha hacia el norte para enfrentarse al peligro, mientras Val queda en la corte, todavía le queda mucho para recuperarse.

Allí se entretiene en compañía de bellas damas, que le acompañan en las largas tardes de la época.


   

La imagen de Valiant en la idealizada corte de Camelot recuerda a las recreaciones románticas y preciosistas de los prerrafaelitas ingleses del s. XIX, recreando la Antigüedad, como ésta de Alma Tadema.


J. NEGRETA, ALEJANDRO Y ANÍBAL (Y 7)

Así pues, en esta pequeña gran batalla de AMYLADR que nos ofrece j. Negrete al final de la novela, y como colofón de la misma, podemos conte...