Las conocidas y famosas aventuras de El Príncipe Valiente, personaje creado por el historietista Hal Foster a lo largo del siglo XX, tuvieron en su época un éxito internacional. Hoy están consideradas como un clásico, y en ellas se han inspirado muchos historietistas de su épca y posteriores.
El ambiente en el que transcurren estas aventuras oscila en un marco temporal de un anacronismo evidente, pero que se ensambla sin mayores problemas.
A primera vista, tratándose de historia que tienen comO protagonistas a los caballeros del Rey Arturo, pensaría uno que andamos en plena Edad Media.
Sin embargo, el tiempo en el que va y vienen arranca en el s. V, en la llamada Antigüedad Tardía.
Un ejemplo de esto es la historia que vamos a comentar ahora. Se sitúa en el tiempo en el s. V, cuando oficialmente transcurren las aventuras de Valiente. En este caso, el hecho histórico que lo corrobora es el abandono de Britania por Roma, en los últimos años de su último poder.
La acción transcurre en trno a uno de los monumentos, aun en pie, que levantaron los romanos en su dominio, el muro de Adriano.
Foster se inspira en alguna de las muchas leyendas e historias que, desde entonces, han circulado por boca de los vecinos de la zona, o reflejada en relatos y cuentos, la de legionarios romanos fantasmales que en la noche, todavía gaurdan custodia a lo largo de la muralla.
Al mismo timpo, coincide, hecho histórico también, con la llegada de sajones y anglos a las costas britanas. En la historieta, Valiant es enviado por el rey Arturo a comprobar el estado de la fortificación, y preparar la defensa ante la llegada de estsos tribus germanas.
El primer encuentro, una vez se va acercando al norte, que tiene Valiant con ese mundo romano de la época tardía, aunque no tan antiguo, como parece deducirse sus alegres y vistosas vestiduras medievales, es una viñeta donde se muestra una gran y larguísima zanja que cruza el territorio hasta lo lejano.
Ni Valente ni los habitantes saben de su uso, y se preguntan para qué la hicieron, dice el recuadro. Es algo insólito.
Parece, de nuevo, como si estuvieran hablando muchos siglos después de la presencia romana, y sus edificaciones las encuentran inexplicables.
Lo más probable es que la zanja fueran los restos de una de tantas calzadas que recorrían la isla, construidas por los romanos. Bordeando la calzada casi siempre habían se preparaban zanjas laterales, y esto parece que es lo que está viendo Valente, los restos de una larga calzada.
Una gran zanja atraviesa el territorio, similar a una calzada romana.
Ahora en verdad no sabemos qué quiere representar Foster con la esta zanja en esta viñeta, pero lo cierto es que que la siguiente es ya un visión panorámica, desde cierta altura , de lo que era la muralla de Adriano.
Perfectamente dibujada, siguiendo con en realidad el relieve del terreno, se nos muestra propiamente el muro o muralla. Y, al mismo tiempo, un campamento, un castillo fortificado, de piedra, de los que jalonaban cada tanto la larga muralla, y que fueron el origen de futuros poblados y ciudades.
Valiente y su escudero divisan por primera vez la muralla abandonada de Adriano, con un castillo adosado y algunas construcciones menores.
De hecho, llegan hasta este abandonado castrum o castillo, y allí, entre los muros bien construidos, buscan un lugar acogedor para pasar la noche.
Recreaciones del muro de Adriano, que sigue fielmente Foster.
Estado actual del muro y los castillos, y la reconstrucción que hace Foster en su viñeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario