VALIENTE ATRAVIESA EL MURO.
Ya recogida la información necesaria sobre el estado de la fortificación, Valente envía a su escudero a Camelot con las informaciones.
Él, por su parte, y a pesar de las advertencias del centurión, decide aventurarse, como siglos antes la IX Legión, decide aventurarse, abandonar la muralla e internarse en el territorio hostil de los pictos.
Valiant abandona el lugar seguro de la fortaleza de Adriano.
Y así, ataviado como un indígena más, armado de escudo, arco y lanza, y cubierto con lo que parece una piel de lobo, no se aprecia bien, como si fuera miembro de una Mannerbund o agrupación de guerreros-lobo.
Atrás deja la muralla y una torre semiderruida, mientras Julián lo despide desde lo alto.
A partir de esta incursión en solitario, de momento Julián y la muralla desaparecen. Valiant ha entrado en el otro mundo, el de la barbarie.
Al poco de internarse, una banda de guerreros pictos que lo acechaban lo capturan y lo llevan conciso.
Foster aprovecha entonces para ofrecernos unas viñetas dedicadas al paisaje hermoso de las tierras escocesas, llenas de aguas, bosques y entradas de mar.
Foster nos muestra vistas espléndidas de paisajes escoceses.
Gawain, que se había quedado en el castillo dedicado a la vida disipada, empieza a preocuparse, y parte en busca de su compañero de armas.
Cabalgando, se cruza con el escudero, que le indica el lugar de la cabaña de Julián, donde éste le informa de lo ocurrido. Una vez conocido, Gawain atraviesa también la muralla fronteriza y se interna en los dominios de los pictos.
Gawain conoce la desaparición de Valiant, y sale en su búsqueda.
Ansioso por encontrar a Valiant, encuentra el campamento de los vikingos a la desesperada, y rescata a Valiante, sometido a torturas. Los dos caballeros huyen, y son perseguidos por los guerreros pictos. Cuando están a punto de alcanzarles, ya logran alcanzar la muralla.
Gawain deja en el suelo el cuerpo sin sentido de Valiant, y se dispone a enfrentarse él solo ante la turba de pictos.
Gawain y Valiant alcanzan la muralla, perseguidos por los pictos.
En ese momento, se abre la puerta de la muralla, y aparece Julián.
Los pictos, horrorizados por superstición y temerosos ante la visión y la figura del centurión, el “inmortal”, exclaman, entran en pánico y huyen del lugar.
La presencia de Julián, el “inmortal” para los pictos, los ahuyenta.
No se le ocurre otra cosa a Foster, embebido en el idealizado y adelantado mundo romano que, a la vista del lamentable estado de salud de Valente, vapuleado por todos lados, que recuperar la higiene y el cuidado por la salud de los romanos.
De tal manera que recupera unas pulcras e impolutas termas romanas de la muralla, donde Valiant se recuperará casi milagrosamente.
Valente se recupera en unas civilizadas termas romanas conservadas por el centurión Julián. Por la tarde, Gawain se para apesadumbrado por la muralla.
Una vez recuperado, Valiant emprende camino a Camelot, ha de informar al rey de lo que ha conocido de los vikingos y su inminente invasión.
El rey Arturo marcha hacia el norte para enfrentarse al peligro, mientras Val queda en la corte, todavía le queda mucho para recuperarse.
Allí se entretiene en compañía de bellas damas, que le acompañan en las largas tardes de la época.
La imagen de Valiant en la idealizada corte de Camelot recuerda a las recreaciones románticas y preciosistas de los prerrafaelitas ingleses del s. XIX, recreando la Antigüedad, como ésta de Alma Tadema.
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