domingo, 18 de mayo de 2014


Dejamos aquí la semblanza trágica del personaje de Clodia-Lesbia realizada por Marcel Schow, que puede acompañar muy bien la biografía de la dama y su época.

CLODIA

Matrona impúdica

Era hija de Apio Claudio Púlquer, cónsul. Cuando tenía apenas unos pocos años, se distinguía de sus hermanos y de sus hermanas por el fulgor flagrante de sus ojos. Tertia, su hermana mayor, se casó muy pronto; la joven cedió por entero a todos sus caprichos.
Sus hermanos, Apio y Cayo, ya eran avaros con las alcancías de cuero y los carritos de nuez  que  les  hacían;  más  tarde,  fueron  avaros  de  sestercios.  Pero  Clodio,  hermoso  y femenino, fue compañero de sus hermanas. Clodia las persuadía con miradas ardientes de que lo vistieran con una túnica con mangas, le pusieron un pequeño gorro de hilos de oro y lo ciñesen por debajo del pecho con un cinturón flexible. Después lo cubrían con un velo color de fuego y lo llevaban a los dormitorios donde se acostaba con las tres.
Clodia fue su preferida, pero también tomó la virginidad de Tertia y la de la menor. Cuando Clodia tenía dieciocho años, su padre murió. Clodia se quedó en la casa del monte Palatino. Apio, su hermano, gobernaba la propiedad y Cayo se preparaba para la vida pública. Clodio, siempre delicado e imberbe, dormía entre sus hermanas, las que llamaban Clodia a las dos. Empezaron a ir a los baños con él en secreto. Les daban un cuarto  de  as  a  los  grandes  esclavos  que  las  masajeaban,  después  hacían  que  se  lo devolvieran. A Clodio le daban igual trato que a sus hermanas, en presencia de ellas. Tales fueron sus placeres antes del matrimonio.
La más joven se casó con Lúculo, quien la llevó a Asia, donde estaba en guerra con Mitrídates. Clodia tomó por marido a su primo Mételo, hombre honesto y basto. En esos tiempos  de  alboroto,  fue  el  suyo  un  espíritu  conservador  y  cerrado.  Clodia  no  podía soportar  su  brutalidad  rústica.  Ya  soñaba  con  cosas  nuevas  para  su  querido  Clodio. César comenzó a imponerse a los espíritus; Clodia juzgó que había que impedirlo. Hizo que Pomponio Ático le llevara a Cicerón a su casa. La envolvía un ambiente burlón y galante.  Al  lado  de  ella  se  encontraba  a  Licinio  Calvo,  el  joven  Curión,  apodado  la "nenita",  Sextio  Clodio,  que  le  hacía  los  mandados,  Egnacio  y  su  banda,  Cátulo  de Verona y Celio Rufo, que estaba enamorado de ella. Mételo, sentado pesadamente, no
decía una palabra. Se hablaba de los escándalos de César y Mamurra. Después, Mételo, nombrado procónsul, partió para la Galia cisalpina. Clodia quedó sola en Roma con su cuñada  Mucia.  Cicerón  fue  totalmente  subyugado  por  sus  grandes  ojos  llameantes. Pensó  que  podía  repudiar  a  Terencia,  su  mujer,  y  supuso  que  Clodia  abandonaría  a Mételo.  Pero  Terencia  descubrió  todo  y  aterrorizó  a  su  marido.  Cicerón,  miedoso, renunció a sus deseos. Terencia quiso más aun y Cicerón debió romper con Clodio.
El  hermano  de  Clodia,  mientras  tanto,  tenía  en  que  ocuparse.  Le  hacía  el  amor  a Pompeya, mujer de César. La noche de la fiesta de la buena Diosa no debía haber sino mujeres en la casa de César, que era pretor. Pompeya ofrecía sola el sacrificio. Clodio se vistió de tañedora de cítara, como su hermana había acostumbrado disfrazarlo, y entró en lo de Pompeya. Una esclava lo reconoció. La madre de Pompeya dio la alarma y el escándalo fue público. Clodio quiso defenderse y juró que en aquellos momentos estaba en  casa  de  Cicerón.  Terencia  obligó  a  su  marido  a  negar  aquello;  Cicerón  dio  su testimonio en contra de Clodio.
Desde entonces Clodio estuvo perdido en el partido noble. Su hermana acababa de pasar  la  treintena.  Estaba  más  ardiente  que  nunca.  Tuvo  la  idea  de  hacer  adoptar  a Clodio por un plebeyo para que pudiese convertirse en tribuno del pueblo. Mételo, que había vuelto, adivinó sus proyectos y se burló de ella. En esos tiempos, cuando ya no tenía a Clodio entre sus brazos, se dejaba amar por Cátulo. Su marido, Mételo, le parecía odioso. Y su mujer resolvió desembarazarse de él. Un día, cuando volvía del Senado fatigado, le ofreció de beber. Mételo cayó muerto en el atrio. Desde ese momento Clodia quedaba libre. Abandonó la casa de su marido y volvió rápidamente a enclaustrarse con Clodio  en  el  monte  Palatino.  Su  hermana  huyó  de  lo  de  Lúculo  y  se  fue  con  ellos.
Reanudaron su vida en común los tres y ejercieron su odio. Primero, Clodio, convertido en plebeyo, fue des" nado tribuno del pueblo. A pesar de su gracia femenina, tenía la voz fuerte y mordiente. Logró que Cicerón fuese exiliado; hizo que se arrasara su casa ante sus propios ojos y juró la ruina y la muerte para todos sus amigos. César era procónsul en Galia y nada pudo hacer. Sin embargo, Cicerón ganó influencias merced a Pompeyo, e hizo que se lo llamara al año siguiente. El furor del joven  tribuno  fue  mucho.  Atacó  con  violencia  a  Milón,  amigo  de  Cicerón,  quien comenzaba  a  maniobrar  en  procura  del  consulado.  Se  apostó  de  noche  y  trató  de matarlo, derribando a sus esclavos que llevaban antorchas. El favor popular de Clodio disminuía. Se cantaban refranes obscenos sobre Clodio y Clodia. Cicerón los denunció con un discurso violento; en él, Clodia era tratada de Medea y de Clitemnestra. La rabia del  hermano  y  de  la  hermana  acabó  por  estallar.  Clodio  quiso  incendiar  la  casa  de Milón, y los esclavos guardianes lo abatieron en las tinieblas.
Entonces Clodia se desesperó. Había aceptado y rechazado a Cátulo, después a Celio Rufo, después a Egnacio, cuyos amigos la habían llevado a las bajas tabernas; pero ella amaba sólo a su hermano Clodio. Por él había envenenado a su marido. Por él había atraído y seducido a bandas de incendiarios.  Cuando  él  murió  su  vida  ya  no  tuvo  objeto.  Aún  era  hermosa  y  cálida. Tenía una casa de campo en el camino a Ostia, jardines junto al Tíber y en Bayes. Allí se refugió. Trató de distraerse bailando lascivamente con mujeres. No fue suficiente. No podía  apartar  de  su  mente  los  estupros  de  Clodio,  a  quien  veía  siempre  imberbe  y femenino. Recordaba que había sido apresado en una ocasión por piratas de Cilicia, los que  habían  usado  su  tierno  cuerpo.  También  volvía  a  su  memoria  una  cierta  taberna adonde había ido con él. En el frontón de la puerta había dibujos hechos con carbón y de los hombres que allí bebían emanaba un olor fuerte y tenían el pecho velludo.
Y Roma la atrajo de nuevo. Las primeras noches anduvo errante por encrucijadas y pasajes  estrechos.  La  insolencia  fulgurante  de  sus  ojos  era  siempre  la  misma.  Nada podía apagarla; y lo probó todo, hasta recibir a la lluvia y acostarse en el barro. Fue de los baños a las celdas de piedra, a los sótanos donde las esclavas jugaban a los dados. Y las  salas  bajas  donde  se  embriagaban  los  cocineros  y  los  cocheros  también  conoció. Esperó a los pasantes en las calles embaldosadas. Pereció en la mañana de una noche sofocante, víctima de una extraña reaparición de lo que había sido una costumbre en ella. Un batanero le había Pagado con un cuarto de as: la acechó en el crepúsculo del alba en la alameda para recuperarlo y la estranguló. Después arrojó su cadáver, con los ojos muy abiertos, al agua amarilla del Tíber. 

sábado, 5 de abril de 2014

CARTAGO EN LLAMAS, de Emilio Salgari



Una novela de Emilio Salgari, el famoso autor de la saga de Sandokán, llevada a televisión hace ya unos cuantos años, demasiados para el que esto escribe y también para los que se acuerdan. A principio cuesta un poco encontrarle el hilo a la novelita, será lo que les pasa a toda novela histórica, pero al poco, ya empieza la lectura a dejarse ir fácilmente.
Como leí aquí, , más que una novela histórica, parece una novela de aventuras, que igual así deberían ser todas las históricas.
Es una típica novela de Salgari, de folletín, acción, con diferentes personajes entremezclados, historias de amor entrecruzadas y, de fondo, lo que le da tensión a la obra, el ataque definitivo de los romanos contra Cartago.
La verdad es que no sabemos cómo en la época de Salgari se veía la sociedad cartaginesa frente a la romana. Hoy en día, con el boom de la novela histórica, hay libros de todas clases y pelajes del mundo antiguo, especialmente Grecia y, creo no equivocarme, Roma. Encontrar novelas donde aparezca cartago como principal centro no deben ser frecuentes (estoy hablando como simple visitante de librerías.
Por eso llama la atención que toda la acción de la novela transcurra en la antigua Cartago, y en sus principales ciudades. aquí y allá hay detalles de vida cotidiana, costumbres sociales, las justas y necesarias para ambientar la acción en su ugar.
El protagonista es un antiguo capitán que luchó valientemente en los ejércitos de Aníbal, a quien sigue profesando lealtad y devoción. Fidelidad tal que lo hace ser perseguido por los propios cartagineses, aquellos que siempre rivalizaron con Aníbal.
Uno de ellos es el padre de su amada, quien la ha comprometido en un matrimonio de conveniencia con un mercader a su hija. iram, junto con su fiel y experimentada tropa, tratará de recuperar a su chica, y todo ello en medio de la amenazante llegada de las tropas romanas.
Los romanos apenas se ven, sólo al final, y para recordar el modo mezquino y miserable de negociar las últimas condiciones de rendición de la ciudad de cartago.
Una novela entretenida, mucho más, en ocasiones, de bastantes de las novelas históricas que nos encontramos en las estanterías actualmente, donde los protagonistas y la acción transcurre en un territorio, el cartaginés, que no suele ser l que protagoniza este tipo de novelas de tema clásico, y que reconoce y devuelve algunas virtudes a estas naciones que quedaron fuera del camino de la historia al ser aparcadas por otras mucho más fuertes y victoriosas. No deja de ser curioso que en nuestra época no abunden más novelas de este tipo, y que la mayoría de las que salen siempre tengan como referente el imperio romano, ya sea enfocado de forma positiva o negativa. Quizás el siglo XIX era más dado a esta amplitud de enfoque.

PD. Mirando por la red, enseguida aparece una versión cinematográfica de esta novela, de 1960. Como curiosidad, trabajaba Terence Hill


En este enlace se puede ver la película, aunque en francés. Los últimos minutos de la película , así como en el libro, se dedican a la lucha desesperada de los habitantes de Cartago contra el ejército romano, y las escenas finales recuerdan a la caída de Troya, con llamas y destrucción por todos lados. A pesar de los años, se ve que fue una gran superproducción por los decorados, actores, el número de extras y otros detalles recogidos a simple vista.

Nota: tampoco está de más recordar la triste figura del escritor Emilio Salgari, , autor de numerosísimas obras de literatura juvenil que están por todas partes, y su temprana muerte. Esta novela se publicó a los tres años de su fallecimiento.



sábado, 29 de marzo de 2014

Eunomía, concordia, Adolfo Suárez


No va a perecer jamás nuestra ciudad por designio
de Zeus ni a instancias de los dioses felices.
Tan magnífica es Palas Atenea nuestra protectora,
hija del más fuerte, que extiende sus manos sobre ella.
Pero sus propios ciudadanos, con actos de locura,
quieren destruir esta gran ciudad por buscar sus provechos,
y la injusta codicia de los jefes del pueblo, a los que aguardan
numerosos dolores que sufrir por sus grandes abusos.
Porque no saben dominar el hartazgo ni orden poner
a sus actuales triunfos en una fiesta en paz.
Se hacen ricos cediendo a manejos injustos.
Ni de los tesoros sagrados ni de los bienes públicos
se abstienen en sus hurtos, cada uno por un lado al pillaje,
ni siquiera respetan los augustos cimientos de Díke,
quien, silenciosa, conoce lo presente y el pasado,
y al cabo del tiempo en cualquier forma viene a vengarse.
Entonces alcanza a toda la ciudad esa herida inevitable,
y pronto la arrastra a una pésima esclavitud,
que despierta la lucha civil y la guerra dormida,
lo que arruina de muchos la amable virtud.
Porque no tarda en agostarse una espléndida ciudad
formada de enemigos, en bandas que sólo los malos aprecian.
Mientras esos males van rodando en el pueblo, hay muchos
de los pobres que emigran a tierra extranjera,
vendidos y encadenados con crueles argollas y lazos
Así la pública desgracia invade el hogar de cada uno,
y las puertas del atrio no logran entonces frenarla,
sino que salta el muro del patio y encuentra siempre
incluso a quien se esconde huyendo en el cuarto más remoto.
Mi corazón me impulsa a enseñarles a los atenienses esto:
que muchísimas desdichas procura a la ciudad el mal gobierno,
y que el bueno lo deja todo en buen orden y equilibrio,
y a menudo apresa a los injustos con cepos y grillos;
alisa asperezas, detiene el exceso, y borra el abuso,
y agosta los brotes de un progresivo desastre,
endereza sentencias torcidas, suaviza los actos soberbios,
y hace que cesen los ánimos de discordia civil,
y calma la ira de la funesta disputa, y con Buen Gobierno

todos los asuntos humanos son rectos y ecuánimes.

Eunomía, de Solón de Atenas

sábado, 22 de marzo de 2014

ATLANTES DE PRAGA, MITOLOGÍA REVOLUCIONARIA EN BUDAPEST








Monumentos levantados cuando la liberación de Budapest por parte de los soviéticos del as fuerzas del Eje. Con unos tipos que parecen representar al nuevo sujeto de la historia, el trabajdor, vemos como se apoyan, de todas formas, en elementos de la mitología clásica. El personaje que corre con la antorcha, cuyo título es "Libertad", semeja bastante al héroe Prometeo. En el otro lado, vemos la figura de este musculoso trabjador que, como un Hércules, tiene vencida ya a un monstruo mitológico de varias cabezas, en clara alusión a alguno de los monstruos con los que tuvo que luchar el héroe clásico.
Por último, el elemento principal del conjunto, una dama que eleva en sus brazos una hoja de palma, parece, se haya elevada sobre una gran columna, al estilo clasicista también, aunque sin aquel adorno, más bien de aspecto severo y austero.



EN los jardines traseros del Palacio Real de Viena también encontramos los rastros de la cultura clásica.
El personaje de Orfeo


 La horripilante Medusa adornando el escudo de una de las muchas esculturas que acompañan los paseos de estos jardines.
La diosa Atenea

En el Palacio Belvedere podemos encontrar a estas enigmáticas esfinges, con su rostro impasible, a pesar de los múltiiples toqueteos que tienen que aguantar de turistas de diversas nacionalidades, dicen que da buena suerte.


jueves, 27 de febrero de 2014

Este es mi powerpoint sobre el juicio de Sócrates en alguna diapositiva solo hay imágenes porque yo soy la que dice la explicación.

martes, 18 de febrero de 2014

Dios Zeus



Zeus es el rey de los dioses olímpico y dios del cielo y del trueno. Es un dios de múltiples apetencias eróticas, de ahí sus varios matrimonios, sus numerosas aventuras con diosas y, sobre todo, con mortales e incluso un amor homosexual con el joven Ganímedes. De estos abundantes afaires nacerán gran cantidad de hijos, divinos los tenidos con diosas y mortales los engendrados por madres mortales.

Zeus preside no sólo las manifestaciones celestes (provoca la lluvia y lanza el rayo y el relámpago), sino que, fundamentalmente, mantiene el orden y la justicia en el mundo. También es el encargado de purificar a los homicidas de la mancha de la sangre, vela por el mantenimiento de los juramentos y por el respeto de los deberes con los huéspedes; es garante del poder real y, en general ,de la jerarquía social, tanto en lo que se refiere a los hombres como en el seno de la sociedad de los dioses.


"Zeus. El más grande de los dioses del panteón helénico. Soberano de hombres y dioses, reina en las alturas luminosas del cielo, el Olimpo, la región étera donde moraban los dioses."