lunes, 19 de abril de 2010

Eyjafjallajokull, el volcán de Santorini, el Vesubio: los volcanes en el mundo antiguo.

La erupción del volcán Eyjafjallajokull (hay que coger aire y algo más para pronunciarlo) nos puede dar una idea de la magnitud que este tipo de fenómenos naturales pudieron tener en la antigüedad. El vocán de la isla de Thera, actual Santorini, fue tan brutal que sus cenizas llegaron hasta los bosques de Canadá, si es que no dieron la vuelta al mundo, y gratis, por la estratosfera. A su lado, el volcán islandés es casi una minucia, y ya se ve todos los desastres que está ocasionando.
Del Vesubio ya conocemos sus consecuencias, sepultó a la bella ciudad de Pompeya, junto con Herculano y otras localidades cercanas. Allí murió el ilustrado Plinio el Viejo, empeñado en ver en el lugar lo que estaba ocurriendo.
Y más volcanes célebres, como el Etna siciliano, que todos los años sale en las noticias con su permanente actividad. Un tema este de los volcanes que nos devuelve otra vez al mundo de ayer. No hay que olvidar que la zona del Mediterráneo es una zona de alta intensidad sísmica, aspecto éste que se refleja mucho en el mito. Los Cíclopes, ayudantes del dios Hefesto, trabajaban en la fragua de éste en los volcanes, y el Etna parece ser la montaña-cárcel en la que sepultó Zeus al temible Tifón. Y seguro que las referencias de los volcanes en el mito son más numerosas.
Por último, no hay que olvidar que hasta en el vulcanismo, nuestras islas también están unidas al mundo clásico. El Teide, sin ir más lejos, fue identificado durante mucho tiempo con el monte Atlas.
Un vídeo, en inglés, aunque las imágenes es lo que hay que ver:



miércoles, 14 de abril de 2010

Recursos para griego

Anagnostikon
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metamorfosis libro I


P. OVIDI NASONIS METAMORPHOSEN LIBER PRIMVS

In nova fert animus mutatas dicere formas
corpora; di, coeptis (nam vos mutastis et illas)
adspirate meis primaque ab origine mundi
ad mea perpetuum deducite tempora carmen!



animus fert dicere formas mutatas In nova corpora; di, adspirate meis coeptis (nam vos mutastis et illas) primaque deducite perpetuum carmen ab origine mundi ad mea tempora !

prólogo a la Metamorfosis: inspiración a los dioses, como ya desde la Ilíada y la Odisea se invoca a la diosa o a la musa de la memoria (di ... adspirate ... deducite), debiendo ser un tópico literario de esta poesía épica.
dicere: verso épico, cantar.
animus: el poeta como médium a través del cual se manifiesta la divinidad.
perpetuum carmen: como la otra obra de Horacio, donde dice que su obra es "para siempre"; también el sintagma griego κτῆμα ες αει, posesión para siempre, rótulo premonitorio a sabiendas que coloca el historiador Tucídides al comienzo de su Guerra del Peloponeso
las metamorfosis: el acierto que tiene Ovidio al centrar su obra épico-mitológica en un tema que podría ser secundario, pero que, al convertirlo en eje temático, le permite repasar de nuevo toda la mitología, sus episodios principales, desde el motivo de los cambios de formas.
los cambios de formas: el aspecto erudito que podría haber detrás de ellos queda de lado en la visión humana y "novelesca" de estas viejas historias contadas con nuevos modos. Muchas de estas metamorfosis se podría clasificar según lo tipos de transformaciones, y llegaríamos al origen de estas historias en el que podemos encontrar explicaciones etiológicas, ..., de diferentes tipos de fenómenos humanos, naturales y de todo tipo.

La Odisea y el síndrome de Ulises

Un pequeño vídeo en el que se explica los síntomas de una nueva enfermedad, ya tan antigua como el mito de Ulises, que afecta desde hace tiempo a los inmigrantes que llegan a los países europeos, el síndrome del héroe griego con el mismo nombre.

viernes, 9 de abril de 2010

Edipo rey



Un enlace de la wikipedia para leer Edipo Rey: http://es.wikisource.org/wiki/Edipo_rey
Un enlace para una guía de lectura de este tragedis clásica es la del profesor Lillo Redonet:
http://www.xente.mundo-r.com/flillo/edipo.pdf

jueves, 8 de abril de 2010

Garzón en el banquillo y Sócrates

Sin tener ninguna intención de hacer comparaciones directas entre uno y otro caso, aquí tenemos hoy a dos famosos personajes de la historia, uno de la más reciente y otro de nuestro más influyente pasado, unidos por la misma situación, un juicio. Juicio que enfrenta a estos personajes, presuntamente honorables y benefactores en mayor o menor grado hacia la sociedad en la que viven o vivieron, con todo un sistema democrático, no una dictadura o un régimen represivo de cualquier época, que garantiza un régimen de libertades y valores a los que dichos personajes aportan y aportaron en su momento acciones que afianzaron más este gobierno. Paradojas de la historia, la antigua y la reciente, que vienen a repetirse, aunque, ya se sabe, mutatis mutandis.
Con relación al juicio de Sócrates, hay un enlace donde, al tiempo que relata el juicio y las circunstancias que rodearon al juicio (antes, como ahora, indudablemente relacionadas, por mucho que se quiera reducir estos casos al ámbito estrictamente judicial), nos cuenta cómo funcionaba el sistema judicial ateniense, el primero de los que tengamos noticias de los sistemas judiciales basado en un sistema democrático, con tribunales populares elegidos por sorteo y en el que debían y podían participar todos los miembros de la comunidad política.
Esto en el aspecto formal, porque, a nivel ppular, el pueblo ateniense fue muy amigo de los cotilleos y de lo que pasaba en los juicios, a los que solían asistir, de los que se hablaba continuamente y que su celebraciones, al igual que las de su asamblea, eran de todo menos tranquilas, silenciosas y ordenadas. Allí también reinaba el tumulto, el barullo y la rumorología, ni más ni menos que igual que hoy. No hay sino que ver, en este caso del juez Garzón, la de ríos de tinta y de labia, editoriales en los periódicos, tertulianos discutiendo si así o asado, discusiones en la calle, bares y cafeterías, en los foros de nuestro recién inaugurado mundo internet; en fin, todo ese mundillo judicial de nuevo agitado, a pesar de la crisis y todo, como hace dos mil quinientos años debió ocurrir en nuestra Atenas, que es la España de hoy.
Debemos imaginar que en Atenas, por aquellos tiempos del juicio, debía reinar un ambiente muy similar o peor al nuestro de hoy día, acabante de perder la gran Atenas la funesta Guerra del Peloponeso, tanto por aciertos de sus rivales como por imperdonables aventuras como la de Sicilia en la que se embarcó la ciudad).
El enlace es http://historiasconhistoria.es/2009/06/08/el-juicio-a-socrates.php


El discurso de Sócrates decía algo así:
[17a] ὅτι μὲν ὑμεῖς, ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι, πεπόνθατε ὑπὸ τῶν ἐμῶν κατηγόρων, οὐκ οἶδα· ἐγὼ δ᾽ οὖν καὶ αὐτὸς ὑπ᾽ αὐτῶν ὀλίγου ἐμαυτοῦ ἐπελαθόμην, οὕτω πιθανῶς ἔλεγον. καίτοι ἀληθές γε ὡς ἔπος εἰπεῖν οὐδὲν εἰρήκασιν. μάλιστα δὲ αὐτῶν ἓν ἐθαύμασα τῶν πολλῶν ὧν ἐψεύσαντο, τοῦτο ἐν ᾧ ἔλεγον ὡς χρῆν ὑμᾶς εὐλαβεῖσθαι μὴ ὑπ᾽ ἐμοῦ ἐξαπατηθῆτε ...

miércoles, 31 de marzo de 2010

El Canarias, el pabellón, dos mil años haciendo de grecorromanos.

No son tan fuertes y corpulentos como los antiguos gladiadores, quizás estén más emparentados con los atletas griegos, pero lo cierto es que ahora, como hace más de dos mil años, el hombre occidental, uno de aquí, de Canarias, que vive , se podría decir, en los últimos confines del Imperio Grecorromano, revive el modo civilizador y urbano con el que empezaron en los comienzos de nuestra historia occidental griegos y romanos.
Nos gusta el deporte, asistimos a edificios que, con más o menos adelantos técnicos (las más de las veces a peor, si comparamos nuestras actuales canchas y edificios deportivos con los espectaculares munumentos que nos dejaron nuestros abuelos y que aún siguen en pie, mantien las estructuras básicas de los primeros grecolatinos.
Como ya entonces, a la voz, también es cierto, a la voz de PANEM ET CIRCENSES, en nuestra provinciana cancha del Juan Ríos Tejera se concreta humildemente (hasta en eso hemos perdido), se concreta en un fin de semana en el sur de la isla, una limpieza de boca en una conocida clínica lagunera, y en alguna que otra fruslería más. nada que ver, claro está, con las remesas de pan que se repartían a mansalva a cargo de los annona o distribuidores del grano de Roma, para paliar el peligroso hambre de la masa urbana ociosa y acostumbrada ya, como nosotros ahora, al intercambio desigual campo-ciudad.
Nos gusta el deporte, admiramos a los jugadores, los convertimos en protagonistas de nuestros ideales o los criticamos con una convicción que acabamos por creernos que es verdad. Admiramos el pequeño drama que se vive cada fin de semana en la cancha, da igual si es de fútbol, teatro, cine o televisión. Como ya decía Píndaro, somos griegos que vivimos una cultura agonística, competitiva, eso sí, con todos las malas derivaciones que eso pueda llevar.
El rito social de acudir a la cancha, llevar la entrada, entrar y salir por escaleras (las antiguas vomitoria), los diferentes grados de asientos (abondos, palco de autoridades, masa social), todo esto ya lo venimos reviviendo desde que griegos yromanos empezaron a construír sus propios edificios por su afición deportiva y su vida urbana.
Los vomitoria, la cancha (la antigua arena), los árbitros, las aficiones alteradas, entusiasmadas, decepcionadas, agresivas, compasivas, como el público antiguo, pues ¡ay! del equipo que muestre malas artes en el juego, del jugador que se encare con el público o del árbitro que, aferrado a su pito como un arma ofensiva o defensiva, desagrade al respetable. Allí no se exhiben pulgares hacia arriba o abajo (todavía no se sabe cuál era el signo), pero la catarata de palabras bonitas con que pueden rociar a estos nuevos protagonistas de la arena deportiva es en cierta punto comparable con los supuestos rugidos de los públicos antiguos.
Nos gusta el deprte, la ehibición de las cualidades atléticas, el acierto en el juego, la inteligencia, el movimiento, en fin, en todo esto somos fieles seguidores de nuestra antigua cultura pagana. Aunque en aquellos primeros tiempos del cristanismo las cosas estaban tan coinfusas que Justiniano llegó a prohibir los Juegos Olímpicos como última manifestación del culto al espíritu y cuerpo humano, en aras de una visión teocentrista, seguimos yendo, andando el tiempo, a la cancha como antes también lo hacía cualquier ciudadano del imperio, por muy remota y distante del Roma que se encontrara su provincia. La ciudad presentaba ventajas, comodidades, placeres, que la vida rural ni podía soñar en rivalizar con ella.
Los nuevos atletas, gladiadores, competidores, entran de nuevo en escena, en la arena deportiva. Pabellones como anfieteatros, estadios con gradas, la cavea o graderío, los vomitoria, el velarium, la admiración hacia los deportistas, se vuelve a repetir como hace dos mil años en cualquier lugar del imperio.

ROMPETECHOS EN LA ΜΝΗΣΤΗΡΟΦΟΝΙΑ (C. XXII)

(nota:  a pesar de algunos comentarios, hay que agradecer a NolanHomero y su NolanOdisea el que mucha gente, como nos, se haya interesado po...