4ª CONFERENCIA: ÉPICA Y ORALIDAD EN LA EDAD MEDIA.
Profesor …
Como bien señaló el ponente, que se presentó más como un juglar docto que como un conferenciante académico al uso, el ciclo de Épica y oralidad en el mundo antiguo ya ha concluido y ahora empezaba el bloque de la Edad Media.
Dentro del ámbito de la literatura románica, la impresión para uno que desconoce en absoluto ese ámbito actual fue un poco apabullante. En el mundo antiguo a uno ya más o menos le suenan los autores, pero en la Edad Media, aunque sepa uno algo, las referencias eran un todo totalmente nuevo aunque sean clásicos.
La docta charla fue un poco apabullante por la cantidad de información que iba transmitiendo el juglar ponente y la rapidez con la que abordaba los temas, mezclada con alguna que otra intervención o recitado al que se le podía haber dedicado más tiempo, oído lo oído.
Una cosa que sí hizo, y que uno siendo más bien de filología no tiene otro remedio que asumir y reconocer su ignorancia, es recordar que esta poesía épica en principio son cantos. Por eso a estas obras se les llaman cantares.
En el mundo micénico son cantos o rapsodias, y así en otros lugares. El que sean cantos influye más de lo que uno piensa, incluso en la materia literaria de la composición de los versos por la exigencia de la métrica y por muchas cosas que uno no alcanza a entender desde el punto de vista estrictamente literario; la presencia musical es predominante.
El ponente juglar reivindicaba la música y la ponía casi al mismo nivel o por encima de lo literario, como algo definitorio para entender, interpretar, comprender y apreciar mejor estos textos; unos textos que luego uno llega, los oye o los lee, y los aprecia o analiza como si fueran exclusivamente textos orales o escritos, y no cantos y obras musicales con sus características propias.
Lo mismo se podía decir del teatro clásico, de la tragedia, que también era cantada. Pero al desconocer esa parte, uno solamente los analiza, los comprende o los lee como si fueran textos escritos o literarios.
Sobre todo habló de la literatura románica. Este ámbito es un territorio plurilingüístico en el que alternaba composiciones en latín, en occitano o en francés antiguo, también en italiano y, desde luego, la épica hispánica.
La gran parte de la charla no estaba referida tanto a la épica hispánica —a la que también se refirió—, sobre todo la primera parte, a la épica francesa. Parece aceptada hoy, frente a lo que decía Menéndez Pidal y los que puedan defender esta postura con más o menos matices, que el Mío Cid está influido por la épica francesa, por las chansons de geste francesas.
El mundo de los juglares, por otro lado, era un mundo viajero donde estaban muy interconectados. Había celebraciones, peregrinaciones, bodas de reyes y princesas en tal o cual sitio, y a cada uno de esos lugares acudían estos juglares. Había, pues, muchas más interconexiones de las que uno se piensa.
Dentro de toda la abrumadora documentación para uno —además, que no conoce nada de textos épicos medievales, ya sea en francés, occitano o lo que sea—, también había muchas alusiones a autores que enfocaban la oralidad desde el punto de vista antropológico y etnológico. Hizo referencias a autores que hablaban de los textos épicos orales en Filipinas o en varios sitios más en cualquier parte del mundo. Es decir, en todo momento quería enfocar el género épico, ampliando el marco cultural o de análisis no solamente a la épica europea, sino enfocando lo épico como algo universal.
Pues uno también se pregunta qué curioso es que se repitan en diferentes partes del mundo, sin conexión de unas con otras, cantos y textos de este tipo, género y contenido.
A partir de aquí, hacía algunas observaciones bastante interesantes sobre la función social de la épica.
Por ejemplo, decía que la épica era casi el género supremo, sobresalía ante los otros géneros porque proporcionaba una serie de elementos de identidad del grupo y de unidad de la clase a la que estaba dirigido muchas veces. La clase, en fin, en estos casos, por lo menos en el mundo micénico, era la de los aristócratas, la de los señores dominantes, y que repercutía en toda la sociedad.
Otro elemento a considerar dentro del género épico es la magnificación de los hechos, partiendo de la base de que cualquier hecho que sea narrado y literaturizado, ya por ese mero hecho, se amplifica. El ejemplo simple, quizás demasiado simple, no todo es así, es que si uno coge un pescado pero lo empieza a contar, al final el pescado, en lugar de ser chiquito, resulta enorme.
Otra de las funciones que cumple la épica es también esa: magnificar los hechos. Claro, esas cosas hay que tenerlas en cuenta a la hora de leer los textos, volviendo a lo que más o menos se hace referencia, que al fin y al cabo todo es Homero, y no hay que olvidar ese grado.
Por un lado, pues, nos encontramos con la función de identidad la identidad de un grupo, de la identidad comunitaria, que tiene la épica, y por otro, el proceso de magnificación de los hechos que se narran. Desde el punto de vista antropológico y etnológico, esas ideas también ayudan a entender y revisar los textos épicos clásicos antiguos.
Luego también hablaba del hecho mismo del origen de por qué eran los cantos o el verso. Claro, daba la definición de que el verso es la unidad mínima de respiración que hay.
El hecho cognitivo, al que también dio importancia el ponente, reside, cosa ya conocida, en que la poesía cumple una función cognitiva, facilitar la rememoración y la memorización de hechos. El juglar ponente insistía en esta función cognitiva y memorística que tiene la poesía, que ayuda a la retención de datos, de información y de noticias.
Citaba también a algún autor para señalar que una de las características básicas es la repetición y los epítetos formulares. Esto es un hecho básico de la oralidad, que luego se traslada cuando se pasa a los textos escritos. Pero ahí ya ha perdido la función original que tenía en la oralidad y se usa simplemente como un rasgo de estilo y hasta de prestigio, algo también conocido por los estudiosos literarios.
El utilizar este recurso formular ya se sabe desde que uno lee algo sobre la Eneida, que se utilizan los epítetos formulares y repeticiones, pero ya han perdido su función total original. La Eneida es épica claramente culta, erudita y, sobre todo, escrita, que ya marca la radical diferencia, escrita y no oral.
Por otro lado, volviendo otra vez a las polémicas en torno al Mío Cid, si era un texto oral o era un texto escrito, la discusión está entre Menéndez Pidal, defensor de la oralidad del texto, y la de autores posteriores, como Colin Smith, que defiende que se trata de un texto escrito, por la casi desapercibida complejidad que presenta.
Incluso algunos llegan a decir que se compuso para precisamente responder a la Chanson de Roland. En fin, opiniones para todos los gustos.
La conferencia fue muy completa, quizás demasiado, y quiso cubrir, parece, todo lo relativo a la épica oral en la Edad Media, lo que la hizo muy repleta de contenidos, epígrafes y las polémicas que existen en esta materia.
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