viernes, 7 de agosto de 2026

ARGOS Y LA ANAGNÓRISIS (NOLANODISEA).

 Argos, Ἄργος, el perro de Ulises-Odiseo Argos y la escena de reconocimiento o anagnórisis, en ese caso anagnórisis animal o canina.

 

Demasiado tiempo que pasó en las tres horas del film el pobre perrin Argos, tumbado de mala manera los sus últimos días de su vida, que fueron semanas, si no meses, en el estiércol al que lo enviaron los malévolos Pretendientes.

En verdad, parece que la versión de Homero no es ésta que nos presenta Nolan, que sí, como Homero, se demora en la presentación del can y en su breve historia. Más bien, tal como cuentan los versos, es el propio Argos, desolado por la ausencia de su amo, en Troya, deja de correr y cazar y se amodorra desanimado en donde puede, como en el estiércol, y así deja pasar sus días, al igual que su esposa en el oikos, en espera de la llegada y el regreso de su amo.


.. era Argos, el can del paciente Ulises, a quien éste criara, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres;

 

ὣς οἱ μὲν τοιαῦτα πρὸς ἀλλήλους ἀγόρευον· 290

ἂν δὲ κύων κεφαλήν τε καὶ οὔατα κείμενος ἔσχεν,

Ἄργος, Ὀδυσσῆος ταλασίφρονος, ὅν ῥά ποτ' αὐτὸς

θρέψε μέν, οὐδ' ἀπόνητο, πάρος δ' εἰς Ἴλιον ἱρὴν

ᾤχετο. τὸν δὲ πάροιθεν ἀγίνεσκον νέοι ἄνδρες

αἶγας ἐπ' ἀγροτέρας ἠδὲ πρόκας ἠδὲ λαγωούς· 


mas entonces, en la ausencia de su dueño, yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes, que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Ulises lo tomasen para estercolar los dilatados campos: 


δὴ τότε κεῖτ' ἀπόθεστος ἀποιχομένοιο ἄνακτος

ἐν πολλῇ κόπρῳ, ἥ οἱ προπάροιθε θυράων

ἡμιόνων τε βοῶν τε ἅλις κέχυτ', ὄφρ' ἂν ἄγοιεν

δμῶες Ὀδυσσῆος τέμενος μέγα κοπρίσσοντες· 


allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Ulises se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste, cuando lo vió, enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:


ἔνθα κύων κεῖτ' Ἄργος ἐνίπλειος κυνοραιστέων.  300

δὴ τότε γ', ὡς ἐνόησεν Ὀδυσσέα ἐγγὺς ἐόντα,

οὐρῇ μέν ῥ' ὅ γ' ἔσηνε καὶ οὔατα κάββαλεν ἄμφω,

ἄσσον δ' οὐκέτ' ἔπειτα δυνήσατο οἷο ἄνακτος

ἐλθέμεν· αὐτὰρ ὁ νόσφιν ἰδὼν ἀπομόρξατο δάκρυ,

ῥεῖα λαθὼν Εὔμαιον, ἄφαρ δ' ἐρεείνετο μύθῳ· 


— «¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por gusto los crían sus señores»

Odisea XVII (vv. 290-310)


«Εὔμαι', ἦ μάλα θαῦμα κύων ὅδε κεῖτ' ἐνὶ κόπρῳ.

καλὸς μὲν δέμας ἐστίν, ἀτὰρ τόδε γ' οὐ σάφα οἶδα,

ἢ δὴ καὶ ταχὺς ἔσκε θέειν ἐπὶ εἴδεϊ τῷδε,

ἦ αὔτως οἷοί τε τραπεζῆες κύνες ἀνδρῶν

γίνοντ', ἀγλαΐης δ' ἕνεκεν κομέουσιν ἄνακτες.» 310


Odisea XVII (vv. 290-310)


James Baldwin, 1905 


La verdad es que el público no se sabe cómo se puede acordar, a esas alturas, de que el su perro cazador todavía andaba en agonía, esperando la llegada de su amo.

En el comienzo del film es donde el director, y un acierto por su parte, dedica y se demora en darle un cierto protagonismo asos canes, muy presentes en la vida de los antiguos griegos, quizás en ese afán que tiene el film de abrir puertas y ventanas a otros personajes, otras mirada, diversionar el relato tradicional y, en este casi, a la figura perruna y canina del sabueso lebrel.



Y no, no es una cosa original de Nolan, no. Esto ya está presente en Homero desde el principio, pues es este autor el primero el que pone en primer plano y con protagonismo a esos personajes como el hijo νήπιος de Héctor o, en este caso, al triste sabueso de Ulises-Odiseo.

Ahí, pues, tenemos esos versos dedicados a esos personajes animales, aparentemente ajenos al combate épico.

Pero esa aparición o reaparición del desalado can, cuando llega Odiseo al palacio, a su palacio, transcurrido ya casi dos horas y más desde que habíamos dejado al viejo y fiel lebrel languideciente, se nos antojo un pelín forzado y estirado.

Es cierto que Nolan ha tenido presente desde el comienzo del film la escena clave y efectista de la anagnórisis. Pero, la verdad, cuando llegó el momento de sacarla a la luz, resultó un poco forzado, apresurado y algo plano el emotivo momento del reconocimiento. 

Argos, el pobre Argos, seguía echado sobre el inmundo estiércol, anodino. Sólo un casi imperceptible movimiento, no ya del rabo, de la punta de la cola fue la señal de que, si, había reconocido a su antiguo amo y dueño. 

Telémaco-Holland expresa entonces la cierta sorpresa y alegría de que aquel mendigo al que le está brindando hospitalidad es, en realidad, su padre, al que lleva esperando ansioso desde tantos años atrás, desde siempre.

Pero, en verdad que queda todo algo insulso, poco expresivo y emotivo. 

El hijo reconoce al padre en el movimiento del rabo de Argos, pero no hay una explosion de emoción y sorpresa, tal vez  y lo más una especie de asentimiento tácito, no hay que olvidar que estamos en medio de la tropa tripera, es decir, la de Pretendientes, y todo eso. 

Pero aún así, parece corta, poco emotiva y sabe a poco la expresión de esa sorpresa mayúscula que debiera haber experimentado el joven Telémaco ante tamaña revelación, ante el encuentro de su padre veinte años después de su conocimiento, con el efectivo recurso de la anagnórisis, como ya dijera Aristóteles en su Poética. 


Y de aquí, hasta llegar a Hachiko, miles de años después, y a miles de kilómetros de distancia, y todas las historias que ente Argos y Hachiko que se pueden encontrar, infinitas.





No hay comentarios:

Publicar un comentario