Dejemos por un momento a Darío en su dilema. Cambiando casi completamente de ambiente, aunque no tanto como pueda creerse, busquemos algún modelo anterior al que podamos remontarnos. Tampoco hay que hacerlo, en verdad.
Así, de pronto, nos encontramos en los comienzos de la literatura, épica además, de la literatura occidental.
En la Ilíada, donde encontramos un antecedente a este episodio de la lanza, la acción es mucho más dramática. Cuando Teucro, el arquero del bando aqueo, alcanza al auriga de Héctor con una flecha, el nombrado Esténelo, y éste cae estrepitosamente al suelo, Héctor se apiada de él, compañero de armas, y lo socorre por unos instantes. En seguida, marcha a vengarlo, lanzando una terrible piedra contra Teucro, que tiene que salir herido del combate.
Atenea y Ares enfrentados al aqueo Diomedes.
Negrete elimina todo relato dramático después de la caída de Papirio. No se sabe si está muerto fulminantemente, si herido grave, no sabemos si los lugartenientes lo recogen y lo llevan a un lugar protegido, …
Nada de esto importa, porque la batalla, el golpe final de la trampa envolvente sobreviene a continuación. El relato marcha al lugar donde las legiones han caído en la trampa de la U invertida, y lo que se produce a partir de ahora es una auténtica carnicería. Caen también los cónsules, como en Cannas.
Eso sí, a diferencia de la actitud tradicionalmente transmitida respecto a Darío, que huye dejando abandonado a su ejército, aquí los cónsules hacen gala del carácter y la dignidad heroica romana reconocida, y se mantienen en el combate hasta caer por las armas enemigas.
El final definitivo, como ya hemos dicho, viene a continuación de la aparición sorpresiva en el cielo de un meteorito o algo similar. Néstor, el médico de Alejandro, alarmado ante el meteorito y la matanza, corre hacia Alejandro para que detenga de golpe la batalla, cosa a la que accede de inmediato el rey, consciente de ello también.
En Gaugamela, días antes de la batalla, sucedió un otro fenómeno celeste, un eclipse lunar. El acontecimiento se interpretó como un suceso funesto por los dos bandos, aunque luego el aspecto negativo pesó más en los persas, identificados con la Luna.
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