La versión de J. Negrete:
En la novela de Negrete ocurre algo similar. Alejandro llega hasta Perdicas, al frente de su caballería, y los dos avistan a Darío. En efecto, la capa roja lo identifica entre un grupo de líderes romanos a caballo.
Alejandro lo tiene claro, es el momento esperado, y decide ir a por él.
A continuación de su cabalgada, cuando está frente a Papirio, coge una lanza, no se sabe bien de dónde, y arma el brazo para arrojarla contra el romano.
Esto se hace a ralentí en la novela, para aumentar la tensión del momento.
Pero Negrete introduce una no pequeña, una gran y llamativa diferencia respecto a la versión tradicional que conocemos de Gaugamela.
Cuando ya parece que el venablo va a salir despedido hacia Papirio, un lugarteniente de Alejandro, Mirmidón, llamado también el Rey del Bosque, inesperadamente y saltándose su posición subordinada con su rey, se adelanta y arroja su lanza antes que Alejandro.
Mirmidón, como se sabrá al final de la novela, es un personaje artificial, un engendro cibernético en plena época helenística. Quizás por eso se le haya permitido esa soberbia insumisión a su divinizado monarca.
La lanza es arrojada en efecto y sin sobresaltos, y alcanza completamente de plano a Papirio.
Este, herido de muerte, cae sin contemplaciones del caballo.
y, a continuación, se enfoca al lado macedonio, donde se lanzan vítores de alegría y éxito. De Papirio ya no se va a saber más. Se puede decir que murió con honor en el campo de batalla.
Darío, en Gaugamela, en cambio, logra evitar la muerte. Es decir, o la jabalina sobrevuela el carro sin herir a nadie, o a quien alcanza es a su auriga.
La situación para él, de todas formas, es comprometida. Es el momento en el que Darío, según algunos, aprovecha para huir, o, según otros, duda si hacer esto por honor.
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