sábado, 20 de diciembre de 2025

EL SACRIF..., MEJOR, EL FEMINICIDIO DE IFIGENIA (LA REVUELTA DE LAS CARIÁTIDES, cont.)

 LA MITOLOGÍA REDEFINIDA EN LOS FEMINICIDIOS: IFIGENIA, LA PRIMERA, Y LUEGO ANTÍGONA, Y CASANDRA. LA MALA FAMA DE CLITEMNESTRA.

Como habían dicho antes, el destino del género femenino, si no era el de bello ornato, sucumbían como víctimas en los relatos legendarios. 

Pues bien, las heroínas de los mitos clásicos salen ahora a escena bajo la luz de esta nueva calificación que quiere salir de aquel sometimiento. Ya no son víctimas de un ritual, creencias, adecuadas a su mundo del pasado y su contexto histórico y social, sino simple y llanamente, se trata de crímenes. Es decir, en terminología ya aceptada comúnmente, se han convertido en feminicidios.


Las Cariátides hubieran sido las primeras víctimas, si no hubiera sido porque eran sacerdotisas de la diosa Ártemis. Bien, ésta es una de las versiones del origen de este nombre.

Nosotras nos salvamos porque … fuimos sacerdotisas de la diosa Artemisa.

En cualquier caso, el personaje mítico que Ifigenia aparece citado, junto con otras heroínas de la mitología, en dicha proclama. Es, desde luego, la primera en aparecer en esta terna de personajes femeninos, junto con Antígona y Casandra.

Recordad a Ifigenia, a quien Agamenón …entregó a Calcas para que éste la sacrificara… Acordaos de Antígona, condenada a muerte … Pensad en el sufrimiento que padeció Casandra …

Lo nuevo, en este caso, es que en lugar de hablar, como siempre así figura en la tradición legendaria, del sacrificio de Ifigenia, ahora éste rito se ha convertido en un, en el feminicidio de Ifigenia.

Y con las otras dos heroínas citadas en el escrito, igualmente.

La proclama hace un repaso breve de estas heroínas. La primera citada, por algo será, es Ifigenia, primigenio personaje en esta lista nueva de féminas víctimas sacrificiales.

Ya no se alude, como decimos, al sacrificio de la hija del rey Agamenón, como aparece en los libros, sino al feminicidio de Ifigenia.

Nueva reinterpretación, en boga desde los últimos tiempos.

Tras la joven hija, aparecen unas cuantas heroínas y víctimas más, las más conocidas de la mitología: Antígona, Casandra, …

Claro, no aparecen personajes femeninos de algún modo negativos, como Medea o Electra, varios de los monstruos de aspecto y género femenino que también, o diosas vengadoras en exceso. Es decir, que hayan ejercido la violencia contra el género masculino.

Pero, dejando esto, y volviendo a la lista, allí se cita a estas heroínas como víctimas de feminicidios, es decir, de la cultura patriarcal. Así sigue sta proclama feminista que está leyendo el comisario.

De esta introducción feminista, la proclama traslada ahora su papel de lucha en defensa de las mujeres, para dirigirlo a algo diferente, la defensa de los templos y el patrimonio arqueológico, que estos nuevos inversores quieren manipular, desvirtuar y, en resumidas cuentas, explotar en su propio beneficio. 

Y que es el origen de esta nueva actividad no directamente relacionada con la lucha de las mujeres.


jueves, 18 de diciembre de 2025

POR EL VALLE DE LAS SOMBRAS, NOX ATRA CAVA CIRCUMVOLAT UMBRA (M. EN PARÍS, 2025, cont.)

 POR EL VALLE DE LAS SOMBRAS, NOX ATRA CAVA CIRCUMVOLAT UMBRA...

Huida de Troya, Eneas cargando a Anquises en primer plano, bajo una envolvente oscuridad.


Este verso, que aparece en el capítulo X. LA TREGUA, justo en el momento en que la escuadra secreta de Alatriste y los hugonotes huye en plena noche, efectuada la misión encomendada, me sonaba, me quería sonar de algo...
Pero no, como debía de ser, no me sonaba de Virgilio, al que cita ahora Íñigo, ni de la Eneida, que no la cita pero se le supone. Más bien me sonaba de uno de los artículos, de los tantos que ha escrito y escribe, y en los que buena parte de ellos, significativamente, no se cansa de repetir una y otra vez el valor que encierran la lectura, la de los autores clásicos, y en concreto, de los clásicos grecolatinos. Buen, más latinos que greco.
Y, en efecto, este verso, que aparece en las mientes del joven Íñigo en plena huída de las tropas reales, a oscuras, en una noche impenetrable que se diría, de ahí el verso, este hexámetro es precisamente el que protagonizó hace años uno de los artículos del novelista.
El artículo en cuestión del año 2004, se encuentra con facilidad en la red, y lleva por título Retorno a Troya. Y allí, como ahora Íñigo, Reverte rememora el año del PREU en el que le tocó traducir la Eneida, y este verso en concreto quedó en su memoria como uno de sus favoritos.
Igual que Íñigo con Quevedo, Reverte habla y rememora con aprecio de su profesor de Latín, d. Antonio Gil.
Es el verso 360. P. Reverte hace una evocación y un recuerdo de emoción al recordar ese verso y su traducción. Se ha despertado, escribe, con la matraquilla del verso, Nox atra ..., y de inmediata le viene también su traducción, la que hizo en aquel dia, la que guarda en la traicionera memoria.
La noche negra  nos rodea con su envolvente sombra.
Pero entonces, a saber por qué, y es el origen del artículo, le sobreviene la inevitable duda al pasar los años. ¿Envolvente? Tradujo cava por envolvente, pero ¿es correcto? Se pudo equivocar?
La duda lo atosiga tanto, parece que está de nuevo en el aula de PREU con el profesor, que empieza a buscar en diferentes ediciones que tienen en su biblioteca, pero se encuentra conque ninguna le satisface.
Finalmente, opta por volver al baúl de los recuerdos, allí donde tiene todavía algunos libros del instituto, llenos de polvo y algo descuajeringados. La Ilíada, la Odisea y, también la Eneida.
Y confirma lo que hasta entonces había dudado, en su cuaderno de clase conserva la traducción, y corroborada por los casi siempre exigentes profesores de latín, la traducción del vocablo y del verso: La noche  negra nos rodea con su envolvente sombra.
Y, ahora más tranquilo, elogia a su lengua materna por su capacidad de expresar realidades, y de seguido da un merecido recuerdo a todos aquellos maestros y profesores que le enseñaron a apreciarla. Y, de paso, para no variar, lanza sus pullas de siempre de todos estos años, contra políticos y sobre todo, psicólogos, que han desvirtuado en gran parte las bondades de la enseñanza tradicional).
Cierra el artículo in crescendo, su hija regresa de la Facultad de Historia. Hablan un poco de griegos y troyanos, pero en sus estudios no ha espacio para la enseñanza de las lengua clásicas.
hede rabia e indignación, cierra el artículo volviendo a citar los veros, Nox atra cava ..., pero en un sentido completamente distinto , con una indignación y abia sin límites ante el destrozo de los estudios.

Volviendo a Misión en París, se puede decir que, igual ya lo ha hecho otras veces antes, se puede decir que, años después del artículo, P. Reverte se desquita un poco de esa rabia justificada contra la desaparición de las lenguas clásicas en la formación actual. Su hijo de la ficción, Íñigo Balboa, de él y del capitán, sí que tiene bien presente estos versos famosos y perfectos de la Eneida.
Se los enseñó esta vez no su preocupado y sublime poeta F. de Quevedo, quien le había contado el episodio de talassa, talassa, sino un maestro o dómine que tuvo por suerte tener, un tal  dómine Pérez..

Como decíamos cuando recordamos el episodio de thalassa, thalassa, quizás es un poco llevado al extremo la equiparación de la huida de Eneas y los suyos en el saqueo ilustre y legendario e Troya, con esta escapada o huída desesperada de un grupúsculo de espías en territorio enemigo en el asedio de la Rochela.
Pero, bueno, nunca está de más el que aquí y allá se recupere el recuerdo inmortal de aquellas leyendas y aquellos versos eternos. Íñigo, hijo de una educación parca, pero suficiente de algunos episodios  modelos que le dejan huella, alude o, mejor, ellos solos, las palabras, los versos, le vienen a su cabeza en esta situación y trance, aunque lejanamente parecida, que le vienen a las cabeza.
Evidentemente, Íñigo no es el piadoso Eneas, cargando a su padre a hombros.
La retirada de la Rochelle, y estás evocaciones, es como en pequeño homenaje, al citar estos versos, a la cultura y literatura clásica.
Pues estos versos se narran cuando Eneas y los suyos, arrasada Troya, no tienen  otra solución que huir, vendiendo cara su vida si es preciso.
Por eso en el artículo cita también un verso algo anterior, el 354, en el que se refleja lo desesperado de la situación de Eneas, y que bien podía servir también para haberlo recordado el joven Balboa en esos moments: una salus uictis nullam sperare salutem. 

La oscuridad de la noche, en aquellos descampados y lagunas en las afueras de la Rochela, y la hostilidad de los enemigos en su persecución es tal, pues, que a Íñigo el subconsciente le trae este verso irremisiblemente. Así lo cuenta  el joven narrador.

Así me sentía yo en ese momento, caminando pistola al cinto y acero desnudo en la mano, apretados los dientes mientas escudriñaba la oscuridad ...

no sabemos  en verdad si ya es Íñigo o es el propio Reverte el que ahora mismo está corriendo por los marzales y entre las sombras de aquellos peligrosos parajes. 
Quizás sean los dos, probablemente.
Lo cierto es que la misma oscuridad reinante y envolvente que cubría a Eneas a la salida de Troya incendiada es la misma que aquel pasaje leído en la academia que le viene a la memoria ahora a Balboa, en un misión digamos que inigualable con aquella, pero no por eso menos peligrosa.

Un detalle, a fuer de quedar como un repetido un tiquis miquis. En el artículo de 2004, P. Reverte da una mini lección o clase del acto de traducción que supone, además, cómo identificar la palabra adecuada que cuadre mejor con lo que se quiere expresar y la riqueza expresiva que posee la lengua. 
Y así, en el fragmento de NOX ATRA ... recuerda que estuvo dudando al traducir CAVA como  ENVOLVENTE  o como CÓNCAVA. En la clase del profesor Gil, la traducción final que hizo resultó ser envolvente, con todos aquellos matices, con la aprobación del estricto magister .
Cincuenta años después, en el texto de Misión..., Reverte ha rectificado la traducción del vocablo, y ha optado por la otra palabra, cóncava, más literal, ya lo decía entonces, pues es la misma palabra latina cava.
Como ya había dicho en el artículo, y ante la duda de escoger una u otra palabra, ... "Cóncava, la verdad, es más literal que envolvente. (Pero) Sólo literal, ojo. Pues lo cóncavo, si estás dentro, envuelve. Y vista la cosa desde la perspectiva de los guerreros, ...lo que se ven es envueltos, claro. La imagen no es casual. Caminan envueltos en la noche negra de sus vidas y su ciudad (Troya), hacia la muerte"
Pues se ve que el aprendiz de bachiller Balboa no tenía la sensibilidad literaria tan afinada como su padre literario P. Reverte. Pues en el texto de Misión..., la traducción que muestra es la más literal, es decir, la noche negra nos envuelve con su CÓNCAVA sombra. 
Pero, claro, ya ha traducido CIRCUMVOLAT por envolver, y sería redundante repetirlo. Ya no cabría pues aquel ENVOLVENTE que el estudiante Reverte, con muy buen tino, había finalmente aplicado al adjetivo CAVA, la noche negra nos rodea con su envolvente sombra.
En fin, de un modo u otro, el sentido de envolvimiento o acogida queda reflejada en las dos traducciones, aunque con respecto al adjetivo en cuestión, cava, se haya cambiado su valor en todos estos años desde que tuvo su primer encuentro en el Preu de aquellos años.
Fin del tiquismiquis sobre la traducción de cava.

El párrafo de Íñigo, donde dice lo que estamos comentando, es asi
... la oscuridad que nos envolvía DE MODO SEMEJANTE a otro pasaje (pues acaba de referirse al episodio de talassa de los infantes griegos en la Anabasis de Jenofonte), este del romano Virgilio, que el dómine Pérez - cuánto tiempo transcurrido desde entonces!- me había hecho traducir palabra por palabra: NOX ATRA cava CIRCUMVOLAT umbra. La noche negra nos ENVUELVE con su cóncava sombra.







    

martes, 16 de diciembre de 2025

«¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!» en MISIÓN EN PARÍS (cont.)

Más que Misión en París, que también, la última novela de Pérez Reverte podía haberse titulado o subtitulado La Retirada de La Rochela, o por un estilo, visto la referencia clásica, aunque mínima, que contiene en este episodio, el final y más emocionante de la novela.

Pues la misión en París ciertamente lleva a Alatriste y a su pequeño grupo de arrojados y temerarios espías rumbo directo al bastión hugonote de La Rochela.

Ahí es donde realmente tiene lugar la misión, una difícil y temeraria operación secreta, que afecta a uno de los personajes más importantes de la política del momento.

En realidad, el acto de sabotaje consiste nada más y nada menos que en un secuestro, el rapto de dicho personaje.

Y ciertamente que, de una forma u otra, consiguen su objetivo. Pero, quedándose al mismo tiempo vendidos y sin el socorro debido, deben conjurarse de modo fiero para salvar el pellejo.

A partir de ese momento, tienen que ingeniárselas para poder regresar a sus filas con el secuestrado junto a ellos, por en medio de campos, lagunas, marzales, en una oscura noche. De repente aquel aparente desierto se ha convertido en un avispero hostil, repleto de tropas reales en busca del personaje secuestrado.

 

Íñigo el joven narrador lo relata así, en esa situación de riesgo. Y justo en tal peligro de su vida y la de sus compañeros, le viene a la mente entonces, ya se sabe cómo funciona, el antiguo y famoso episodio de la Retirada de los diez mil, la Anábasis, del polígrafo y militar Jenofonte. Nada extraño, pues ha sido lectura escolar y obligada en los primeros pasos del cultivo de la lengua y literatura helena distante siglos y siglos de educación académica.

 

La narración de Íñigo es como sigue:


“Nos estábamos jugando la vida -yo era consciente de ello- a la primera quínola, sin descartar naipes y con muy mala mano.


Y ahora viene ese recuerdo épico de la Anábasis, que, en verdad, debía de tener bien grabada en su mente.


Esto (jugarse la vida) me hizo pensar en aquellos guerreros griegos cuyas aventuras  me había contado y hecho copiar años atrás don Francisco de Quevedo  en la taberna del Turco para mejorar mi caligrafía.


Relata Íñigo que la historia la conoce por boca de Quevedo, especie de preceptor improvisado e inmejorable dómine, en esos años mozos suyos. 

Y, en segundo lugar, que se la hizo copiar, en alfabeto griego, habrá de suponerse?, para mejorar su caligrafía. Esto es, cuando la bella escritura era un elemento más en la formación escolar de los estudiantes. 




Íñigo sabe de aquellos guerreros griegos, esto lo tiene claro, que estos heroicos guerreros eran griegos, y que su aventura era fastuosa. 

No recuerda ni cita nada más, ni cuál fuera el título de la obra, la Anábasis, o su conocido autor y protagonista de la misma, Jenofonte.

Ningún nombre propio u otra referencia concreta, pues. 

Aunque el lector identifica de una forma u otra, quizás cada vez menos, a quién se refiere Íñigo con esta evocación.

 Le ha quedado, eso sí, la impresión de aquel momento concreto, el de cuando llegan a un recodo de la montaña, y desde allí pueden ver el mar. 

 

Mapa con la ruta de la retirada de los Diez Mil, desde Cunaxa hasta Trapezon,

donde sucede el famoso episodio de la vista del mar, thalass, thalassa.

  «¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!»

Llega entonces, al margen lo que pudo haber sido, al emotivo fragmento y motivo de su recuerdo, producto de la tensa situación.


Me acordé, como digo, de los diez mil mercenarios que, muerto el príncipe persa que los empleó, intentaban regresar al mar -talassa, talassa-, y  sus hogares a través de un territorio infestado de enemigos, donde derrota equivalía a aniquilación. Así me sentía yo en aquel momento,


La cifra, diez mil guerreros, quizás sea fácil de retener para Íñigo, a pesar de los años pasados.

Además, lo de mercenarios no le ha de quedar muy lejos, pues su protector  el capitán ha vendido muchas veces su espada al precio que se negociaba.

Los intríngulis de aquel intento de golpe de estado y de la batalla no los recuerda ni le importan, ya esto le queda muy lejano. A Íñigo solo le vale el valor de aquella hazaña.

Recuerda, eso sí, que el relato trata de heroicos griegos, y de hostiles enemigos persas.

Sabe y recuerda que huyen de los persas, pero nada más. 

Cita lo del príncipe persa que fue muerto en aquella expedición, y esto los hizo regresar, de repente vulnerables mercenarios ellos.

Se refiere Íñigo, que ya no la recuerda, a la batalla de Cunaxa, 401 a.C., en la que Ciro el Joven, el príncipe persa que los había reclutado, es vencido y muerto por su hermano reinante entonces, Artajerjes II

Ambos eran hijos de Darío II y su esposa Parisatis o Parisátide. 

Mujer muy influyente esta, hasta el punto de recurrir a intrigas y asechanzas de palacio para conseguir sus objetivos.

Y el momento cumbre, que ha quedado como uno de los hitos de la cultura griega, siempre aferrada al mar, por la emoción que reflejan los mercenarios al ver el extenso ponto, es el que cita Íñigo, talassa, talassa,  recordando además la palabra griega original para mar que gritan los mercenarios. 


Se refiere Íñigo a la voz helena «¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!», que es el griterío y la exclamación tumultuosa de los griegos cuando llegan a un punto de la montaña donde divisan, por primera vez en muchos meses, el anhelado mar.

 

En verdad que, asustado como está, Íñigo no relata el fragmento completo, ya dentro de sus recuerdos y unidos a su etapa de formación escolar, y sólo evoca la palabra griega para mar, talassa, la cual encierra todo el poder y el sentimiento que el episodio le produjo. Con la sola evocación, le viene de nuevo toda aquella emoción. Thalassa, thalassa.

Íñigo, hijo, pues de la tradición épica heroica helena, que es así como lo quiere retratar P. Reverte.

 

«¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!» EN LA ANÁBASIS DE JENOFONTE.


El fragmento donde se encuentra este episodio es en el libro IV, VII, 21 ss.


[4.7.21] καὶ ἀφικνοῦνται ἐπὶ τὸ ὄρος τῆι πέμπτηι ἡμέραι· ὄνομα δὲ τῶι ὄρει ἦν Θήχης. ἐπεὶ δὲ οἱ πρῶτοι ἐγένοντο ἐπὶ τοῦ ὄρους καὶ κατεῖδον τὴν θάλατταν, κραυγὴ πολλὴ ἐγένετο…

(21) Y llegaron a la montaña en el quinto día, montaña que se llamaba Teques. Cuando los primeros hombres alcanzaron la cima y observaron el mar, se produjo un gran griterío...


ἐπειδὴ δὲ βοὴ πλείων τε ἐγίγνετο καὶ …ἐδόκει δὴ μεῖζόν τι εἶναι τῶι Ξενοφῶντι, καὶ ἀναβὰς ἐφ᾽ ἵππον καὶ Λύκιον καὶ τοὺς ἱππέας ἀναλαβὼν παρεβοήθει· καὶ τάχα δὴ ἀκούουσι βοώντων τῶν στρατιωτῶν «θάλαττα θάλαττα» καὶ παρεγγυώντων.

Como los gritos aumentaban  …le pareció a Jenofonte que era algo bastante importante, (24) y, montando en su caballo y tomando como escoltas a Licio y a sus jinetes, acudieron en ayuda. De pronto, oyeron a los soldados gritar: «¡El mar, el mar!» y pasar la consigna de boca en boca.


[4.7.25] ἐπεὶ δὲ ἀφίκοντο πάντες ἐπὶ τὸ ἄκρον, ἐνταῦθα δὴ περιέβαλλον ἀλλήλους καὶ στρατηγοὺς καὶ λοχαγοὺς δακρύοντες.

Cuando todo el mundo llegó a la cima, inmediatamente se abrazaron unos a otros, incluidos los generales y los capitanes, con lágrimas en los ojos. 


En verdad que quizás es un poco excesivo este episodio heroico heleno que le viene a Íñigo en estos momentos, y al que acude Reverte en su siempre presente homenaje a la formativa literatura clásica. Es su forma de vincular la formación del espíritu con la práctica de la lectura y de los modelos y valores que la formación literaria pueda proporcionar en algún momento para todo el mundo.


sábado, 13 de diciembre de 2025

QUINTO CURCIO EN MISIÓN EN PARIS, de PÉREZ REVERTE, 2025.

 Pérez Reverte y sus homenajes a la literatura y la cultura clásica grecolatina.

En su recién estrenada novela, Misión en París, A. Pérez Reverte nos da una nueva entrega de su brillante y casi olvidada saga del capitán Alatriste.



Como en las otras otras de la serie, aparte de mezclar personajes históricos, también fusiona personajes de ficción en esta nueva ficción que presenta.


Nos volvemos a encontrar a los mismos protagonistas de sus otras entregas del capitán. En primer lugar, al capitán, título no de carrera militar, como explica varias veces, sino de autoridad moral y del propio carácter que emana su presencia, al capitán Diego Alatriste, espadachín de ruda historia, no exenta de episodios nada edificantes, pero personaje de una pieza y con un código de honor por encima de todo lo demás.

A su lado, el narrador de la historia, el joven aprendiz, Íñigo de Balboa, que va entrando en el duro y difícil mundo de los adultos, el ahora recién estrenado cargo de correo real Íñigo .

Luego, los singulares e inmediatos compañeros del capitán Alatriste, por un lado, el curtido, cultivadísimo y mundanamente descreído don Francisco de Quevedo, fiel amigo del capitán, pese a todo, que lo acompaña como contrapunto a veces al mundo real y oficial en el que se ve embarcado el capitán; por otro, una aragonés mal hablado, Sebastián Copons, , pero noblote al fin y al cabo.

A este núcleo habitual, se le suma ahora un nuevo espada, un tal Tronera, veterano en asechanzas, y conocido de Alatriste por una antigua y cruda aventura en Nápoles. Su presencia sirve para recordar un episodio nada edificante del capitán, para alejar de él nada que tenga que ver con un idealizado y legendario héroe de ficción.


Lo novedoso, aunque no tanto, ya tenemos desde el principio a personajes como Quevedo o Guadalmedina, aunque no sean literarios y ficticios, lo novedoso, queríamos decir,en esta última entrega , es la aparición y el cruce en la historia de unas de las figuras más populares y famosas de la literatura de aventuras. Nos referimos a los tres mosqueteros y D'Artagnan, a quien, sin embargo, no se le nombra como tal y aparece como un jovenzuelo irreflexivo y peleón.

Reverte sólo se refiere al famoso gascón como un joven recién unido al tríos oficial de mosquetero, bravucón, insolente e impulsivo. 

Al contrario de la mesura y la continencia entre Alatriste y el principal de los mosqueteros en la novela, el algo afectado Athos, pues ni Porthos ni Aramis tienen más que una presencia testimonial, quienes deben aguantar las ganas heroicas de batirse por órdenes superiore, el innombrado D´Artagnan y el equivalente suyo, Íñigo, se baten impulsivamente, como si fuera un espectáculo, ante los ojos de sus superiores, en pleno asalto histórico de la hugonote La Rochelle.

Con este guiño literario a sus autores y lecturas favoritas, como Dumas y los mosqueteros, se desarrolla la novela, en una trama que transcurre entre España, París y finalmente el histórico sitio de La Rochela, en la que se ven implicados Alatriste y sus compañeros.


Como es habitual en este autor, y así manifiesta continuamente en artículos, entrevistas, y otras manifestaciones, siempre hay un homenaje y una referencia, por pequeño que sea, al mundo de la literatura y las citas de los autores grecolatinos, a la lengua latina o a la griega.

En este caso, y precisamente refiriéndose al sitio de La Rochelle por parte del ejército del católico rey francés frente a la minería hugonote y protestante que la ocupa, junto con otras plazas y con el apoyo manifiesto del británico duque de Buckingham, la novela aprovecha para hacer una cita erudita al enigmático historiador romano, Quinto Curcio Rufo, autor de una única obra conservada,  Historiae Alexandri Magni Macedonis (Historias de Alejandro Magno de Macedonia), una biografía sobre la vida y hazañas de Alejandro Magno.



La cita viene en el siguiente pasaje, cuando Quevedo, hablando con Alatriste y los suyos, los pone en situación en relación al asedio de La Rochela.


"... Desde el año anterior, nos recordó Quvevedo, Luis XIII y Richelieu asediaban la Rochela, último gran bastión de la religión  reformada en suelo francés; y la Inglaterra de Carlos I y su ministro el duque de Buckingham procuraban socorrer la plaza con tropas, navíos y suministros...

    Y, a continuación, viene la cita erudita y clásica, que nos entronca este histórico sitio de La Rochelle con el legendario asedio de Alejandro Magno a la fenicia ciudad de Tiro, que se prolongó durante los siete meses. Tiene en común los dos lugares el que se trata de plazas fuertes pero costeras, aislada la de Tiro de la tierra, y protegidas las dos por el mar, lugar este por donde les puede llegar apoyo y suministros. Hecho tal que obligaba a una estrategia más concienzuda para tomarlas.

Es el propio Richelieu, según nos cuenta la novela, el que se con una erudición magnífica, evoca el episodio del asedio de Tiro en la obra de Quinto Curcio, cuando éste narra las hazañas del más grande estratega de todos los tiempos, Alejandro de Macedonia.

"... Para estorbárselo, Richelieu había refrescado en el historiador romano Quinto Curcio los pormenores del asedio de Tiro por Alejandro

La obra de ingeniería de Alejandro consistía en la construcción de un dique o plataforma que uniera la aislada isla de Tiro al resto del continente. Richelieu piensa hacer algo parecido, pero para dejar incomunicada por mar a la ciudad hugonote. En cualquier caso, es necesario levantar un dique en plena mar para poder conseguirlo.

así que a las dos leguas  de circunvalación  en torno a la ciudad añadía un dique hecho de barcos hundidos, piedras y maderos, que cuando estuviese acabado impediría el paso de los barcos ingleses. Desde que el cerco se estrechaba  de tan ingeniosa forma, el hambre y la miseria crecían en la ciudad y la moral de los rochelenses era cada vez más baja ..." (p. 59).

Aquí se refiere  dos cosas, entre otras, que asocian el episodio de La Rochela a lo de Tiro, una, lo del dique, otra lo ingenioso de la estrategia.

 

El cardenal Richelieu en el dique de La Rochela, dique o malecón al similar al que se refiere la novela cuando Alejandro y los macedonios asediaron Tiro.

Así empieza el episodio del asedio de Tiro el historiador Curcio en IV, 2.

Iam tota Syria, iam Phoenice quoque excepta Tyro Macedonum erat, habebatque rex castra in continenti, a qua urbem angustum fretum dirimit.

    Alejandro, en vista de las dificultades del asedio, trata de ganárselo por la vía diplomática, pero los tirios no acepta. Curcio cuenta entonces la respuesta airada del rey.

‘Vos quidem,’ inquit, ‘fiducia loci, quod insulam incolitis, pedestrem hunc exercitum spernitis, sed brevi ostendam in continenti vos esse. Proinde sciatis licet, aut intraturum me urbem aut oppugnaturum.’ 

    Alejandro vuelve a intentarlo más tarde vía emisarios, pero éstos incluso son asesinados. Por tanto, decide asaltar definitivamente la ciudad. 

Pero se va a encontrar con esa dificultad casi insalvable, el que Tiro era una isla y no una plaza fuerte en tierra firme. Por lo que, y aquí viene su necesidad, ha de construir un dique o terraplén que la convierta en una lugar accesible por tierra.

[16] Sed ante iacienda moles erat, quae continenti urbem committeret.

    Cuenta Curcio que, de inmediato se apodera el desánimo entre sus hombres, ante lo descomunal de la tarea, debido a las fuertes mareas, los vientos, la profundidad de las aguas.

 [16] ..., quae continenti urbem committeret. Ingens ergo animis militum desperatio incessit cernentibus profundum mare, quod vix divina ope posset inpleri: quae saxa tam vasta, quas tam proceras arbores posse reperiri?

    Alejandro, para levantar sus ánimos, recurre a un sueño profético, con visos de influir claramente en la mentalidad de sus hombres, en el que el mismo Hércules lo acompañaba y servía de guía para entrar en la ciudad.

[17] At ille haudquaquam rudis pertractandi militares animos speciem sibi Herculis in somno oblatam esse pronuntiat dextram porrigentis: illo duce, illo aperiente in urbem intrare se visum.

    Entre una y otra cosa, empezó la construcción de tal magna obra.

 [18] Ducibus deinde negotium datur, ut suos quisque castiget, satisque omnibus stimulatis opus orsus est.

La construcción de un primer dique se empezó arrojando grandes piedras del lugar junto a Tiro, llamado “Palaetiro”, Magna vis saxorum ad manum erat Tyro Vetere praebente, ... Pero esta plataforma fue destruida, así que se empezó una segunda. Los materiales con los que se rellenaban eran también pedruscos y madera, unidos esta vez concienzuda y trabadamente. 

[8] Rex novi operis molem orsus …[9] Totas autem arbores cum ingentibus ramis in altum iaciebant, deinde saxis onerabant rursusque cumulo eorum alias arbores iniciebant, tum humus aggerebatur: superque alia strue saxorum arborumque cumulate velut quodam nexu continens opus iunxerant.

  Básicamente, pues, mil ochocientos años después, es el mismo ingenio y son casi los mismos materiales, piedras y madera, esos con los que el cardenal Richelieu construye el dique en torno a La Rochela, como reflejo el relato, 

… así que a las dos leguas  de circunvalación  en torno a la ciudad añadía un dique hecho de barcos hundidos, piedras y maderos, 

De esta manera, a vuela pluma, hace Reverte su pequeño homenaje a la literatura clásica, y a este historiador del que apenas se sabe nada, pero que dejó una obra sobre Alejandro muy bien narrada y emocionante.

Así, y para concluir, lo podemos ver en el pasaje del asalto definitivo a Tiro, cuando describe el arrojo y la valentía del propio rey macedonio luchando en primera fila.

[10] Biduo deinde ad quietem dato militibus iussisque et classem et machinas pariter admovere, ut undique territis instaret, ipse in altissimam turrem ascendit ingenti animo, periculo maiore: quippe regio insigni et armis fulgentibus conspicuus unus praecipue telis petebatur.

Como si fuera un héroe de leyenda, Alejandro, y para mayor contrapunto con la frustrada misión y la huída en la que se verán envueltos Alejandro y su pequeño grupo al final de la novela, a diferencia de éstos, pero casi rayando la novela literaria más que la del historiador, el Alejandro de Curcio se bate indestructible e imparable.

[11] Et digna prorsus spectaculo edidit: multos e muris propugnantes hasta transfixit, quosdam etiam comminus gladio clipeoque inpulsos praecipitavit. Quippe turris, ex qua dimicabat, muris hostium propemodum cohaerebat.


Notas finales:

  • El asedio de Tiro en Curcio se encuentra en el libro IV, 2.

  • Hemos de recordar que el divulgador, a partir de la Edad Media, de la obra de Curcio es Gautier de Chatillon. Curcio gozó de gran popularidad ya en la Edad Media, cuando aparecen los primeros manuscritos de su obra (wiki), y contribuyó a enriquecer la obra de la llamada materia de Alejandro de la época. La más conocida e influyente de las cuales es, como decimos, la del francés Gautier de Châtillon, Alexandreis (La Alejandríada), en la que se inspira el hispano Libro de Alexandre.

  • Reverte quizás podía haber hecho referencia a los otros historiadores que tienen una biografía de Alejandro, como Arriano, Plutarco o Diodoro, que son los escasos textos que se conservan. Sin embargo, ha elegido a Curcio para ello. En otros pasajes, es bien cierto que tanto Curcio como el sicioliota Diodoro son más literarios y hasta novelescos que los dos primeros.

  • como vemos, es una cita al vuelo, que viene al pelo por el famoso asedio que hizo el rey macedonio de la estratégicamente ubicada ciudad-estado de Tiro, un isla en realidad muy próxima al continente, pero protegida del mismo por eso mismo. 


el dique o terraplén frente a Tiro.

ubicación de la isla de Tiro.


las torres de asedio sobre el malecón.



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