domingo, 21 de diciembre de 2025
sábado, 20 de diciembre de 2025
EL SACRIF..., MEJOR, EL FEMINICIDIO DE IFIGENIA (LA REVUELTA DE LAS CARIÁTIDES, cont.)
LA MITOLOGÍA REDEFINIDA EN LOS FEMINICIDIOS: IFIGENIA, LA PRIMERA, Y LUEGO ANTÍGONA, Y CASANDRA. LA MALA FAMA DE CLITEMNESTRA.
Como habían dicho antes, el destino del género femenino, si no era el de bello ornato, sucumbían como víctimas en los relatos legendarios.
Pues bien, las heroínas de los mitos clásicos salen ahora a escena bajo la luz de esta nueva calificación que quiere salir de aquel sometimiento. Ya no son víctimas de un ritual, creencias, adecuadas a su mundo del pasado y su contexto histórico y social, sino simple y llanamente, se trata de crímenes. Es decir, en terminología ya aceptada comúnmente, se han convertido en feminicidios.
Las Cariátides hubieran sido las primeras víctimas, si no hubiera sido porque eran sacerdotisas de la diosa Ártemis. Bien, ésta es una de las versiones del origen de este nombre.
Nosotras nos salvamos porque … fuimos sacerdotisas de la diosa Artemisa.
En cualquier caso, el personaje mítico que Ifigenia aparece citado, junto con otras heroínas de la mitología, en dicha proclama. Es, desde luego, la primera en aparecer en esta terna de personajes femeninos, junto con Antígona y Casandra.
Recordad a Ifigenia, a quien Agamenón …entregó a Calcas para que éste la sacrificara… Acordaos de Antígona, condenada a muerte … Pensad en el sufrimiento que padeció Casandra …
Lo nuevo, en este caso, es que en lugar de hablar, como siempre así figura en la tradición legendaria, del sacrificio de Ifigenia, ahora éste rito se ha convertido en un, en el feminicidio de Ifigenia.
Y con las otras dos heroínas citadas en el escrito, igualmente.
La proclama hace un repaso breve de estas heroínas. La primera citada, por algo será, es Ifigenia, primigenio personaje en esta lista nueva de féminas víctimas sacrificiales.
Ya no se alude, como decimos, al sacrificio de la hija del rey Agamenón, como aparece en los libros, sino al feminicidio de Ifigenia.
Nueva reinterpretación, en boga desde los últimos tiempos.
Tras la joven hija, aparecen unas cuantas heroínas y víctimas más, las más conocidas de la mitología: Antígona, Casandra, …
Claro, no aparecen personajes femeninos de algún modo negativos, como Medea o Electra, varios de los monstruos de aspecto y género femenino que también, o diosas vengadoras en exceso. Es decir, que hayan ejercido la violencia contra el género masculino.
Pero, dejando esto, y volviendo a la lista, allí se cita a estas heroínas como víctimas de feminicidios, es decir, de la cultura patriarcal. Así sigue sta proclama feminista que está leyendo el comisario.
De esta introducción feminista, la proclama traslada ahora su papel de lucha en defensa de las mujeres, para dirigirlo a algo diferente, la defensa de los templos y el patrimonio arqueológico, que estos nuevos inversores quieren manipular, desvirtuar y, en resumidas cuentas, explotar en su propio beneficio.
Y que es el origen de esta nueva actividad no directamente relacionada con la lucha de las mujeres.
jueves, 18 de diciembre de 2025
POR EL VALLE DE LAS SOMBRAS, NOX ATRA CAVA CIRCUMVOLAT UMBRA (M. EN PARÍS, 2025, cont.)
Así me sentía yo en ese momento, caminando pistola al cinto y acero desnudo en la mano, apretados los dientes mientas escudriñaba la oscuridad ...
martes, 16 de diciembre de 2025
«¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!» en MISIÓN EN PARÍS (cont.)
Más que Misión en París, que también, la última novela de Pérez Reverte podía haberse titulado o subtitulado La Retirada de La Rochela, o por un estilo, visto la referencia clásica, aunque mínima, que contiene en este episodio, el final y más emocionante de la novela.
Pues la misión en París ciertamente lleva a Alatriste y a su pequeño grupo de arrojados y temerarios espías rumbo directo al bastión hugonote de La Rochela.
Ahí es donde realmente tiene lugar la misión, una difícil y temeraria operación secreta, que afecta a uno de los personajes más importantes de la política del momento.
En realidad, el acto de sabotaje consiste nada más y nada menos que en un secuestro, el rapto de dicho personaje.
Y ciertamente que, de una forma u otra, consiguen su objetivo. Pero, quedándose al mismo tiempo vendidos y sin el socorro debido, deben conjurarse de modo fiero para salvar el pellejo.
A partir de ese momento, tienen que ingeniárselas para poder regresar a sus filas con el secuestrado junto a ellos, por en medio de campos, lagunas, marzales, en una oscura noche. De repente aquel aparente desierto se ha convertido en un avispero hostil, repleto de tropas reales en busca del personaje secuestrado.
Íñigo el joven narrador lo relata así, en esa situación de riesgo. Y justo en tal peligro de su vida y la de sus compañeros, le viene a la mente entonces, ya se sabe cómo funciona, el antiguo y famoso episodio de la Retirada de los diez mil, la Anábasis, del polígrafo y militar Jenofonte. Nada extraño, pues ha sido lectura escolar y obligada en los primeros pasos del cultivo de la lengua y literatura helena distante siglos y siglos de educación académica.
La narración de Íñigo es como sigue:
“Nos estábamos jugando la vida -yo era consciente de ello- a la primera quínola, sin descartar naipes y con muy mala mano.
Y ahora viene ese recuerdo épico de la Anábasis, que, en verdad, debía de tener bien grabada en su mente.
Esto (jugarse la vida) me hizo pensar en aquellos guerreros griegos cuyas aventuras me había contado y hecho copiar años atrás don Francisco de Quevedo en la taberna del Turco para mejorar mi caligrafía.
Relata Íñigo que la historia la conoce por boca de Quevedo, especie de preceptor improvisado e inmejorable dómine, en esos años mozos suyos.
Y, en segundo lugar, que se la hizo copiar, en alfabeto griego, habrá de suponerse?, para mejorar su caligrafía. Esto es, cuando la bella escritura era un elemento más en la formación escolar de los estudiantes.
Íñigo sabe de aquellos guerreros griegos, esto lo tiene claro, que estos heroicos guerreros eran griegos, y que su aventura era fastuosa.
No recuerda ni cita nada más, ni cuál fuera el título de la obra, la Anábasis, o su conocido autor y protagonista de la misma, Jenofonte.
Ningún nombre propio u otra referencia concreta, pues.
Aunque el lector identifica de una forma u otra, quizás cada vez menos, a quién se refiere Íñigo con esta evocación.
Le ha quedado, eso sí, la impresión de aquel momento concreto, el de cuando llegan a un recodo de la montaña, y desde allí pueden ver el mar.
Mapa con la ruta de la retirada de los Diez Mil, desde Cunaxa hasta Trapezon,
donde sucede el famoso episodio de la vista del mar, thalass, thalassa.
«¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!»
Llega entonces, al margen lo que pudo haber sido, al emotivo fragmento y motivo de su recuerdo, producto de la tensa situación.
Me acordé, como digo, de los diez mil mercenarios que, muerto el príncipe persa que los empleó, intentaban regresar al mar -talassa, talassa-, y sus hogares a través de un territorio infestado de enemigos, donde derrota equivalía a aniquilación. Así me sentía yo en aquel momento, …
La cifra, diez mil guerreros, quizás sea fácil de retener para Íñigo, a pesar de los años pasados.
Además, lo de mercenarios no le ha de quedar muy lejos, pues su protector el capitán ha vendido muchas veces su espada al precio que se negociaba.
Los intríngulis de aquel intento de golpe de estado y de la batalla no los recuerda ni le importan, ya esto le queda muy lejano. A Íñigo solo le vale el valor de aquella hazaña.
Recuerda, eso sí, que el relato trata de heroicos griegos, y de hostiles enemigos persas.
Sabe y recuerda que huyen de los persas, pero nada más.
Cita lo del príncipe persa que fue muerto en aquella expedición, y esto los hizo regresar, de repente vulnerables mercenarios ellos.
Se refiere Íñigo, que ya no la recuerda, a la batalla de Cunaxa, 401 a.C., en la que Ciro el Joven, el príncipe persa que los había reclutado, es vencido y muerto por su hermano reinante entonces, Artajerjes II.
Ambos eran hijos de Darío II y su esposa Parisatis o Parisátide.
Mujer muy influyente esta, hasta el punto de recurrir a intrigas y asechanzas de palacio para conseguir sus objetivos.
Y el momento cumbre, que ha quedado como uno de los hitos de la cultura griega, siempre aferrada al mar, por la emoción que reflejan los mercenarios al ver el extenso ponto, es el que cita Íñigo, talassa, talassa, recordando además la palabra griega original para mar que gritan los mercenarios.
Se refiere Íñigo a la voz helena «¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!», que es el griterío y la exclamación tumultuosa de los griegos cuando llegan a un punto de la montaña donde divisan, por primera vez en muchos meses, el anhelado mar.
En verdad que, asustado como está, Íñigo no relata el fragmento completo, ya dentro de sus recuerdos y unidos a su etapa de formación escolar, y sólo evoca la palabra griega para mar, talassa, la cual encierra todo el poder y el sentimiento que el episodio le produjo. Con la sola evocación, le viene de nuevo toda aquella emoción. Thalassa, thalassa.
Íñigo, hijo, pues de la tradición épica heroica helena, que es así como lo quiere retratar P. Reverte.
«¡Θάλασσα! ¡Θάλασσα!» EN LA ANÁBASIS DE JENOFONTE.
El fragmento donde se encuentra este episodio es en el libro IV, VII, 21 ss.
[4.7.21] καὶ ἀφικνοῦνται ἐπὶ τὸ ὄρος τῆι πέμπτηι ἡμέραι· ὄνομα δὲ τῶι ὄρει ἦν Θήχης. ἐπεὶ δὲ οἱ πρῶτοι ἐγένοντο ἐπὶ τοῦ ὄρους καὶ κατεῖδον τὴν θάλατταν, κραυγὴ πολλὴ ἐγένετο…
(21) Y llegaron a la montaña en el quinto día, montaña que se llamaba Teques. Cuando los primeros hombres alcanzaron la cima y observaron el mar, se produjo un gran griterío...
ἐπειδὴ δὲ βοὴ πλείων τε ἐγίγνετο καὶ …ἐδόκει δὴ μεῖζόν τι εἶναι τῶι Ξενοφῶντι, καὶ ἀναβὰς ἐφ᾽ ἵππον καὶ Λύκιον καὶ τοὺς ἱππέας ἀναλαβὼν παρεβοήθει· καὶ τάχα δὴ ἀκούουσι βοώντων τῶν στρατιωτῶν «θάλαττα θάλαττα» καὶ παρεγγυώντων.
Como los gritos aumentaban …le pareció a Jenofonte que era algo bastante importante, (24) y, montando en su caballo y tomando como escoltas a Licio y a sus jinetes, acudieron en ayuda. De pronto, oyeron a los soldados gritar: «¡El mar, el mar!» y pasar la consigna de boca en boca.
[4.7.25] ἐπεὶ δὲ ἀφίκοντο πάντες ἐπὶ τὸ ἄκρον, ἐνταῦθα δὴ περιέβαλλον ἀλλήλους καὶ στρατηγοὺς καὶ λοχαγοὺς δακρύοντες.
Cuando todo el mundo llegó a la cima, inmediatamente se abrazaron unos a otros, incluidos los generales y los capitanes, con lágrimas en los ojos.
En verdad que quizás es un poco excesivo este episodio heroico heleno que le viene a Íñigo en estos momentos, y al que acude Reverte en su siempre presente homenaje a la formativa literatura clásica. Es su forma de vincular la formación del espíritu con la práctica de la lectura y de los modelos y valores que la formación literaria pueda proporcionar en algún momento para todo el mundo.
sábado, 13 de diciembre de 2025
QUINTO CURCIO EN MISIÓN EN PARIS, de PÉREZ REVERTE, 2025.
En su recién estrenada novela, Misión en París, A. Pérez Reverte nos da una nueva entrega de su brillante y casi olvidada saga del capitán Alatriste.
Como en las otras otras de la serie, aparte de mezclar personajes históricos, también fusiona personajes de ficción en esta nueva ficción que presenta.
Nos volvemos a encontrar a los mismos protagonistas de sus otras entregas del capitán. En primer lugar, al capitán, título no de carrera militar, como explica varias veces, sino de autoridad moral y del propio carácter que emana su presencia, al capitán Diego Alatriste, espadachín de ruda historia, no exenta de episodios nada edificantes, pero personaje de una pieza y con un código de honor por encima de todo lo demás.
A su lado, el narrador de la historia, el joven aprendiz, Íñigo de Balboa, que va entrando en el duro y difícil mundo de los adultos, el ahora recién estrenado cargo de correo real Íñigo .
Luego, los singulares e inmediatos compañeros del capitán Alatriste, por un lado, el curtido, cultivadísimo y mundanamente descreído don Francisco de Quevedo, fiel amigo del capitán, pese a todo, que lo acompaña como contrapunto a veces al mundo real y oficial en el que se ve embarcado el capitán; por otro, una aragonés mal hablado, Sebastián Copons, , pero noblote al fin y al cabo.
A este núcleo habitual, se le suma ahora un nuevo espada, un tal Tronera, veterano en asechanzas, y conocido de Alatriste por una antigua y cruda aventura en Nápoles. Su presencia sirve para recordar un episodio nada edificante del capitán, para alejar de él nada que tenga que ver con un idealizado y legendario héroe de ficción.
Lo novedoso, aunque no tanto, ya tenemos desde el principio a personajes como Quevedo o Guadalmedina, aunque no sean literarios y ficticios, lo novedoso, queríamos decir,en esta última entrega , es la aparición y el cruce en la historia de unas de las figuras más populares y famosas de la literatura de aventuras. Nos referimos a los tres mosqueteros y D'Artagnan, a quien, sin embargo, no se le nombra como tal y aparece como un jovenzuelo irreflexivo y peleón.
Reverte sólo se refiere al famoso gascón como un joven recién unido al tríos oficial de mosquetero, bravucón, insolente e impulsivo.
Al contrario de la mesura y la continencia entre Alatriste y el principal de los mosqueteros en la novela, el algo afectado Athos, pues ni Porthos ni Aramis tienen más que una presencia testimonial, quienes deben aguantar las ganas heroicas de batirse por órdenes superiore, el innombrado D´Artagnan y el equivalente suyo, Íñigo, se baten impulsivamente, como si fuera un espectáculo, ante los ojos de sus superiores, en pleno asalto histórico de la hugonote La Rochelle.
Con este guiño literario a sus autores y lecturas favoritas, como Dumas y los mosqueteros, se desarrolla la novela, en una trama que transcurre entre España, París y finalmente el histórico sitio de La Rochela, en la que se ven implicados Alatriste y sus compañeros.
Como es habitual en este autor, y así manifiesta continuamente en artículos, entrevistas, y otras manifestaciones, siempre hay un homenaje y una referencia, por pequeño que sea, al mundo de la literatura y las citas de los autores grecolatinos, a la lengua latina o a la griega.
En este caso, y precisamente refiriéndose al sitio de La Rochelle por parte del ejército del católico rey francés frente a la minería hugonote y protestante que la ocupa, junto con otras plazas y con el apoyo manifiesto del británico duque de Buckingham, la novela aprovecha para hacer una cita erudita al enigmático historiador romano, Quinto Curcio Rufo, autor de una única obra conservada, Historiae Alexandri Magni Macedonis (Historias de Alejandro Magno de Macedonia), una biografía sobre la vida y hazañas de Alejandro Magno.
La cita viene en el siguiente pasaje, cuando Quevedo, hablando con Alatriste y los suyos, los pone en situación en relación al asedio de La Rochela.
"... Desde el año anterior, nos recordó Quvevedo, Luis XIII y Richelieu asediaban la Rochela, último gran bastión de la religión reformada en suelo francés; y la Inglaterra de Carlos I y su ministro el duque de Buckingham procuraban socorrer la plaza con tropas, navíos y suministros...
Y, a continuación, viene la cita erudita y clásica, que nos entronca este histórico sitio de La Rochelle con el legendario asedio de Alejandro Magno a la fenicia ciudad de Tiro, que se prolongó durante los siete meses. Tiene en común los dos lugares el que se trata de plazas fuertes pero costeras, aislada la de Tiro de la tierra, y protegidas las dos por el mar, lugar este por donde les puede llegar apoyo y suministros. Hecho tal que obligaba a una estrategia más concienzuda para tomarlas.
Es el propio Richelieu, según nos cuenta la novela, el que se con una erudición magnífica, evoca el episodio del asedio de Tiro en la obra de Quinto Curcio, cuando éste narra las hazañas del más grande estratega de todos los tiempos, Alejandro de Macedonia.
"... Para estorbárselo, Richelieu había refrescado en el historiador romano Quinto Curcio los pormenores del asedio de Tiro por Alejandro;
La obra de ingeniería de Alejandro consistía en la construcción de un dique o plataforma que uniera la aislada isla de Tiro al resto del continente. Richelieu piensa hacer algo parecido, pero para dejar incomunicada por mar a la ciudad hugonote. En cualquier caso, es necesario levantar un dique en plena mar para poder conseguirlo.
… así que a las dos leguas de circunvalación en torno a la ciudad añadía un dique hecho de barcos hundidos, piedras y maderos, que cuando estuviese acabado impediría el paso de los barcos ingleses. Desde que el cerco se estrechaba de tan ingeniosa forma, el hambre y la miseria crecían en la ciudad y la moral de los rochelenses era cada vez más baja ..." (p. 59).
Aquí se refiere dos cosas, entre otras, que asocian el episodio de La Rochela a lo de Tiro, una, lo del dique, otra lo ingenioso de la estrategia.
El cardenal Richelieu en el dique de La Rochela, dique o malecón al similar al que se refiere la novela cuando Alejandro y los macedonios asediaron Tiro.
Así empieza el episodio del asedio de Tiro el historiador Curcio en IV, 2.
Iam tota Syria, iam Phoenice quoque excepta Tyro Macedonum erat, habebatque rex castra in continenti, a qua urbem angustum fretum dirimit.
Alejandro, en vista de las dificultades del asedio, trata de ganárselo por la vía diplomática, pero los tirios no acepta. Curcio cuenta entonces la respuesta airada del rey.
‘Vos quidem,’ inquit, ‘fiducia loci, quod insulam incolitis, pedestrem hunc exercitum spernitis, sed brevi ostendam in continenti vos esse. Proinde sciatis licet, aut intraturum me urbem aut oppugnaturum.’
Alejandro vuelve a intentarlo más tarde vía emisarios, pero éstos incluso son asesinados. Por tanto, decide asaltar definitivamente la ciudad.
Pero se va a encontrar con esa dificultad casi insalvable, el que Tiro era una isla y no una plaza fuerte en tierra firme. Por lo que, y aquí viene su necesidad, ha de construir un dique o terraplén que la convierta en una lugar accesible por tierra.
[16] Sed ante iacienda moles erat, quae continenti urbem committeret.
Cuenta Curcio que, de inmediato se apodera el desánimo entre sus hombres, ante lo descomunal de la tarea, debido a las fuertes mareas, los vientos, la profundidad de las aguas.
[16] ..., quae continenti urbem committeret. Ingens ergo animis militum desperatio incessit cernentibus profundum mare, quod vix divina ope posset inpleri: quae saxa tam vasta, quas tam proceras arbores posse reperiri?
Alejandro, para levantar sus ánimos, recurre a un sueño profético, con visos de influir claramente en la mentalidad de sus hombres, en el que el mismo Hércules lo acompañaba y servía de guía para entrar en la ciudad.
[17] At ille haudquaquam rudis pertractandi militares animos speciem sibi Herculis in somno oblatam esse pronuntiat dextram porrigentis: illo duce, illo aperiente in urbem intrare se visum.
Entre una y otra cosa, empezó la construcción de tal magna obra.
[18] Ducibus deinde negotium datur, ut suos quisque castiget, satisque omnibus stimulatis opus orsus est.
La construcción de un primer dique se empezó arrojando grandes piedras del lugar junto a Tiro, llamado “Palaetiro”, Magna vis saxorum ad manum erat Tyro Vetere praebente, ... Pero esta plataforma fue destruida, así que se empezó una segunda. Los materiales con los que se rellenaban eran también pedruscos y madera, unidos esta vez concienzuda y trabadamente.
[8] Rex novi operis molem orsus …[9] Totas autem arbores cum ingentibus ramis in altum iaciebant, deinde saxis onerabant rursusque cumulo eorum alias arbores iniciebant, tum humus aggerebatur: superque alia strue saxorum arborumque cumulate velut quodam nexu continens opus iunxerant.
Básicamente, pues, mil ochocientos años después, es el mismo ingenio y son casi los mismos materiales, piedras y madera, esos con los que el cardenal Richelieu construye el dique en torno a La Rochela, como reflejo el relato,
… así que a las dos leguas de circunvalación en torno a la ciudad añadía un dique hecho de barcos hundidos, piedras y maderos,
De esta manera, a vuela pluma, hace Reverte su pequeño homenaje a la literatura clásica, y a este historiador del que apenas se sabe nada, pero que dejó una obra sobre Alejandro muy bien narrada y emocionante.
Así, y para concluir, lo podemos ver en el pasaje del asalto definitivo a Tiro, cuando describe el arrojo y la valentía del propio rey macedonio luchando en primera fila.
[10] Biduo deinde ad quietem dato militibus iussisque et classem et machinas pariter admovere, ut undique territis instaret, ipse in altissimam turrem ascendit ingenti animo, periculo maiore: quippe regio insigni et armis fulgentibus conspicuus unus praecipue telis petebatur.
Como si fuera un héroe de leyenda, Alejandro, y para mayor contrapunto con la frustrada misión y la huída en la que se verán envueltos Alejandro y su pequeño grupo al final de la novela, a diferencia de éstos, pero casi rayando la novela literaria más que la del historiador, el Alejandro de Curcio se bate indestructible e imparable.
[11] Et digna prorsus spectaculo edidit: multos e muris propugnantes hasta transfixit, quosdam etiam comminus gladio clipeoque inpulsos praecipitavit. Quippe turris, ex qua dimicabat, muris hostium propemodum cohaerebat.
Notas finales:
El asedio de Tiro en Curcio se encuentra en el libro IV, 2.
Hemos de recordar que el divulgador, a partir de la Edad Media, de la obra de Curcio es Gautier de Chatillon. Curcio gozó de gran popularidad ya en la Edad Media, cuando aparecen los primeros manuscritos de su obra (wiki), y contribuyó a enriquecer la obra de la llamada materia de Alejandro de la época. La más conocida e influyente de las cuales es, como decimos, la del francés Gautier de Châtillon, Alexandreis (La Alejandríada), en la que se inspira el hispano Libro de Alexandre.
Reverte quizás podía haber hecho referencia a los otros historiadores que tienen una biografía de Alejandro, como Arriano, Plutarco o Diodoro, que son los escasos textos que se conservan. Sin embargo, ha elegido a Curcio para ello. En otros pasajes, es bien cierto que tanto Curcio como el sicioliota Diodoro son más literarios y hasta novelescos que los dos primeros.
como vemos, es una cita al vuelo, que viene al pelo por el famoso asedio que hizo el rey macedonio de la estratégicamente ubicada ciudad-estado de Tiro, un isla en realidad muy próxima al continente, pero protegida del mismo por eso mismo.
el dique o terraplén frente a Tiro.
ubicación de la isla de Tiro.
las torres de asedio sobre el malecón.
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(Tomado de aquí , donde se pueden encontrar una buena colección de mapas del mundo antiguo) Tomado de aquí
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Fábulas de Esopo analizadas y traducidas por la profesora Clara Álvarez. Esopo, 221: Zeus y la serpiente. from Clara Álvarez la ra...