Los romanos se plantan en formación, y los carros britanos emprenden el ataque,
dirigidos por el furibundo druida.
El destacamento romano vuelve a la formación, con los soldados rescatados, pero han de enfrentarse ahora con el temible ataque de los carros, antes de conseguir alcanzar el fuerte.
Los carros se lanzan a la carrera tras los asustados legionarios.
La situación es complicada y los romanos rompen la formación y emprenden una desesperada huida ante el ímpetu de los carros.
Los britanos persiguen a los legionarios, en sus carros con cuchillas.
En un primer plano, se destaca otra vez la temible cuchilla que amenaza a los legionarios en su atropellada retirada. Los celtas, envalentonados ante la huida de los romanos, y confiados en sus asesinos carromatos, azuzan a los caballos.
Los romanos, aterrorizados, huyen hacia el castra ante el ataque de los drapanoforoi.
Los romanos terga vertere, vuelven las espaldas, lo último que debían hacer, y corren por sus vidas ante el furor de los britanos. El campamento y el vallum todavía están a distancia para que sean arrollados. Marco Flavio Aquila, jefe de la unidad, advierte claramente lo que va a suceder.
La cuchilla del carro está a punto, y finalmente secciona, el miembro inferior de un legionario.
Como era de esperar, se diría la crónica de una escena, de una muerte anunciada, una vez que nos han puesto en primer plano estas guadañas de los carros, el espectador ya está temiendo lo que va a ocurrir, las escenas crudas y sangrientas de despiece de miembros de los legionarios, de un momento a otro.
Y esto es lo que se muestra a continuación, y que no hace otra cosa que reproducir lo que ya Curcio, Diodoro o el Pseudo Calístenes nos habían relatado cuando describen la batalla de Gaugamela, y los efectos devastadores de los carros persas en las tropas macedonias, en sus cuerpos y miembros que, palpitantes, ruedan por el suelo de la batalla.
En unos fugaces primeros planos, vemos en el film como una de las cuchillas sesga y secciona limpiamente la pierna de un infeliz legionario.
Pero el film no se quiere regodear en esto, se encuentra muy lejos de las descripciones escalofriantes de Diodoro o Ps. Calístenes, que describen estas acciones de modo terrible.
Volviendo, pues, a Alejandro y los carros persas en Gaugamela, Diodoro no ahorra escenas truculentas de cuerpos y miembros despedazados por los criminales cortes de los carros cuando estos arramblan contra la falange macedonia.
58 … Tal fue la velocidad y la fuerza de las guadañas forjadas para la destrucción que cortaban los brazos βραχίονας de muchos con los propios escudos, de no pocos cortaban los cuellos, y las cabezas κεφαλὰς caían en tierra con los ojos todavía abiertos βλεπόντων ἔτι τῶν ὀμμάτων y manteniéndose la expresión del rostro, y de algunos rajaban los costados con cortes importantes y producían muertes rápidas.
τοιαύτη γὰρ ἦν ἡ ὀξύτης καὶ βία τῶν κεχαλκευμένων πρὸς ἀπώλειαν ὅπλων ὥστε πολλῶν μὲν βραχίονας σὺν αὐταῖς ταῖς ἀσπίσιν ἀποκόπτεσθαι, οὐκ ὀλίγων δὲ τραχήλους παρασύρεσθαι καὶ τὰς κεφαλὰς πίπτειν ἐπὶ τὴν γῆν βλεπόντων ἔτι τῶν ὀμμάτων καὶ τῆς τοῦ προσώπου διαθέσεως διαφυλαττομένης, ἐνίων δὲ τὰς πλευρὰς ἐπικαιρίοις τομαῖς ἀναρήττεσθαι καὶ θανάτους ὀξεῖς ἐπιφέρεσθαι.
Diodoro de Sicilia, Bibliotheca Historica, L XVII
Sin entrar en tan dantesco espectáculo, brazos cortados aún con los escudos, cabezas seccionadas con los ojos abiertos, costados rajados, …, Ps. Calístenes compara la escabechina del carro falcado de Darío sobre los hombres con la siega de los campesinos en el campo,
Ante la gran mortandad de persas en el fragor mortífero, Darío se aterrorizó y volvió las riendas de su carro armado de guadañas. Y al rodar entre sus gentes segaba muchos batallones de persas, como con su hoz cortan los campesinos las espigas de su campo.
(Ps. Calístenes)
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