Y si no reina, basileia βασίλεια o, incluso, como Homero la llama en el canto XIX por su valeroso comportamiento al frente del oikos, βασιλεὺς ἀμύμων, reina irreprochable, al menos, como muchas teorías anteriores, de hace décadas, al menos es la dadora de la soberanía, la que proporciona legitimidad al varón que se despose con ella.
Son teorías varias que parten de que lo que vemos aquí, en el caso de Penélope, y también, de otras figuras femeninas, la propia Helena, o Yocasta con Edipo, y otras, responden a este patrón.
Estas teorías hablan de un supuesto matriarcado anterior a la llegada de los patriarcales griegos de procedencia indoeuropea, y se refleja en muchas instituciones y en la constitución y la sucesión del poder entonces.
Otras explicaciones, más actuales, no ven tanto resto y reducto antropológico de este idealizado sustrato matriarcal mediterráneo. Lo que hay es una simple y desvergonzada lucha por el poder y las riquezas de ïtaca, unos Pretendientes arribistas e inmorales, y una reina desprotegida, con un hijo aún muy joven para enfrentarse a la situación.
Si optamos por esas teoría más antiguas, hoy tambiénr reivindicadas desde estudios de corte feminista, los Pretendientes no pueden tomar el poder por sí, tienen antes que esperar a que Penélope, la se supone que es reina regítima o, al menos, la garente de esa legitimidad, se decida a elegir a uno de ellos, como es su obligacióne y es ley además.
Penélope sabe, también que si hace esto, automáticamente desposee a su hijo Telémaco de sus aspiraciones al trono, cualquiera que sea l ámbito, parece que estamos hablando de un mundo poderosos, y no lo es , claramente, va a desposeer a su hijo.
En cualquier cosa, indicios, demostrables o no, haberlos, parece que haylos.
Y, como dice Pascal Dibie en ETNOLOGIA DE LA ALCOBA (El dormitorio y la gran aventura del reposo de los hombres), 1989, la verdadera prueba de la autenticidad de Ulises (pues ya hemos visto que ha tenido que superar varias, como si fuera un proceso ritual, esto es, la del reconocimiento por su perro Argos, la constatación de la paternidad, sin pruebas, bueno, la de Argos, de su hijo Telémaco, y la más definitiva, la prueba del arco), como dice este autor, la verdadera de verdad prueba que da la legitimidad y otorga el poder real, el de desposarse con Penélope, la dadora de la soberanía, más y por encima de la del arco, llamtivo, es la prueba del lecho de olivo.
No entendemos mucho esto, pero si lo vemos en clave ritual, eso nos imaginamos nosotros, parece que esa prueba tiene que ver con los rituales religiosas o como se quiera, pero domésticos. No nos estamos refiriendo a ceremonias públicas como luego, en época Arcaica y Clásica y en adelante, con la ya son normales con la existencia de la religión olímpica
Aquí quizás todavía tenga prevalencia, predomine, es la práctica cultural generalizada, no vemos, de momento, otra cosa, quizás tenga más prevalencia la religión doméstica, la del oikos.
Ya se sabe que a ésta se superpondrá luego la religión de la polis, la Olímpica principamente.
Pero, de momento, estamos en el ámbito del oikos, no de la polis, como estudió muy bien M. Finley en El mundo de Odiseo. Allí explica con detalle la sociedad de la época Oscura, centrada, a diferencia de las épocas siguientes, centrada en el más humilde y reducido mundo del oikos, y no el de la polis clásica que tanto desarrollo en extensión geográfica, cultural y socioeconómica generará.
Y, elucubrando así, la prueba del lecho, la del construido con la madera de un olivo, árbol de por sí sagrado y simbólico, es la que va a otorgar, más que la épica y asombrosa gesta del arco, es ésta doméstica, más humilde y nada épica y heorica, la que veramente va a otorgar la legalidad y la soberanía a ese desconocido extranjero, Odiseo o quien realmente fuese, que llega una tarde inesperada a Ítaca.
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