“Hermanos, Nadie me ha cegado”, dice Homero que dijo el monstruoso Polifemo al ser engañadao por el πολύμητις Odiseo, el de "de muchas mañas", el "astuto" “y varón de muchos ingenios”.
El astuto Odiseo en este caso, en el film Relay, película reciente, de 2024 y dirigida por David Mackenzie, es un complejo y enigmático personaje. Y lo es hasta tal punto que es prácticamente ilocalizable, ubicuo, de muchas transformaciones y, en una palabra, en verdad un ser invisible.
Portadas del film con sus protagonistas, Ashraf y Lily,
y la máquina de escribir de laTri-State Relay Service .
Y lo es, en verdad, no exactamente como en el mundo de Ulises, donde para llegar a serlo, había que cegar físicamente, con una estaca ardiente, como cuenta el canto XI de la Odisea, directa y retorcidamente clavada en su único y omnividente ojo.
No es el mismo porque desde unos años para acá, y de forma que no acertamos a saber exactamente lo que está pasando, vivimos en un mundo donde en la práctica es imposible volverse invisible, es decir, no podemos guardar y mantener nuestra intimidad y privacidad en una sociedad enloquecida y controladora de todo.
Ya esto no es posible, gracias a las apabullantes, monstruosas y vigiladoras redes sociales, a merced de las cuales nos encontramos irremediablemente e inermes.
El protagonista del film, del que no sabemos su nombre hasta casi pasada la mitad de la película, y solo por un momento de debilidad, claro, tiene que utilizar una, no, múltiples estacas tecnológicas e informáticas, además de tener varias residencias, diferentes disfraces y otros lugares secretos, para mantenerse invisible.
Ashraff manipulando moviles y disfrazado para no ser localizado.
Su nombre en la ficción es Ash, Ashraf, urbanita de una Nueva York apenas reconocible, pero de origen y religión musulmana. Para colmo de redondear al personaje, arrastra una culpa, una miasma impura, de la que necesita purificarse. Para huír de esta impureza moral y de ese error, cayó y recayó en la bebida tiempo atrás, y desde hace un temporada se encuentra en un grupo de rehabilitación del alcoholismo.
Pero, a lo que íbamos, la estaca tecnólogica con la que Ash se mantiene invisible ante el horripilante cíclope enemigo es, ya decimos, un manejo astuto, hábil perfecto de las redes sociales y las redes informática.
En concreto, para mantenerse invisible, y, en el tiempo en el que vivimos, no se le pueda seguir el rastro de ninguna de las maneras, es decir, que no se pueda detectar las huellas y el registro de su actividad en las omnímodas redes informáticas, cuenta con una compañía de información, suponemos que ficticia, denominada Tri-State Relay Service.
Ash se comunica por escrito a través de la Tri-State Relay Service
Esta compañía de comunicación contacta a emisor y receptor de forma indirecta. Los personajes escriben los mensajes, el operario de la Tri-State Relay Service se lo lee al receptor, este contesta, y vuelta a lo mismo.
Además, para mayor seguridad e invisibilidad de nuestras actividades, eso que deseamos ahora mismo como agua de mayo, no queda registro ni nada grabado mientras se hace la comunicación, y las conversaciones se borran al momento.
Es irrastreable. Invisible a todos los efectos, gracias a esta fantástica compañía de comunicación.
El cíclope, los cíclopes, en este caso, contra los que lucha Ash-Odiseo son grandes compañía mundiales, embarcadas en proyectos multimillonarios de inversión, Son de la industria farmacéutica, agroalimentaria y por el estilo. Las repercusiones negativas en las vidas de muchos de sus potenciales consumidores son ocultadas por estos cíclopes para mantener el negocio.
Pero, en algún momento, se produce una filtración, alguien de dentro, consciente de lo que ocurre, intenta denunciarlo. Pero, claro, a riesgo de su propia vida.
Quien en esta ocasión quiere salvar su vida es una indefensa técnica, consciente de uno de esos desmanes, despedida de una de esas multimillonarias compañías, llamada Cybo Sementis Research Institutes, quien prefiere salvar su vida ante las amenazas cada vez más cercanas y peligrosas que está recibiendo.
Lily James tratando de arreglar su situación ante un abogado especializado en ests conflictos.
En esta situación, es cuando aparece el personaje de Ash, mitad Robin Hood, mitad Odiseo, justiciero universal, pero con un crudo pasado en su vida. Para ser efectivo y lograr el objetivo, que, en este caso, ya no es la misma denuncia de las malas prácticas, sino la primera de salvar la vida a aquellos que las denuncian, tiene que ser un personaje ilocalizable, inidentificable. En la práctica, invisible, ya decimos, para nadie y, sobre todo, para las monstruosas compañías, que tratan por todos los medios de dar con él, por medio de secuaces y de cualquier manera.
A lo largo del film, debido al seguimiento y protección que debe realizar sin ser detectado sobre Lily, la observa en secreto mientras ella se mantiene recluida en el apartamente. Son escenas ya clásicas estas del voyeurismo romántico en este tipo de films. Y nos lleva, también, al mito de Acteón, el oculto e ingenuo mirador de las ninfas de Ártemis, y por lo que será castigado.
Así pues, las acciones desesperadas de estas compañías fraudulentas se asemejan al grito del cíclope cuando se ven atacadas. Como decía el horripilante gigante,
«Αδελφοί, Οὖτις με ἐτύφλωσεν», y este grito salvaje y vengativo resuena a lo largo de todo este thriller emocionante y tenso, quizás algo excesivo de ese ambiente asfixiante y conspiranoico, y forzado en algún momento en la trama, pero que entretiene y mantiene la atención de una u otra forma hasta los últimos planos.